Archivo de la categoría: Javier Castaño

Adolfos para después de una guerra.

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Por José Ramón Márquez.

No hubo nada que me sacase ayer sábado del firme convencimiento de no ir a Las Ventas. Ahí en ese cajoncito estaba el boleto y ahí se quedó muerto de risa para que la basura lisarnasiana del Puerto que Dios confunda y los tres pobrecillos que se anunciaban con ella no me fuesen a sacar del sueño, del estado de gracia, de la faena de El Cid del viernes.

Hoy, domingo, final de esta inolvidable feria en la que por unos minutos volvió el toreo a manifestarse en la vieja monumental, no se podía fallar a la llamada de una ganadería respetable y de los toreros que se han anunciado con ella. Eso mismo debieron pensar muchos, pues la plaza registraba un llenazo que daba gusto verla, para que se chinche el Frodo de Velilla, que no es capaz de llenar ni en Villaberzas de la Alfalfa, por más que le lleven cantando los cerreuves de turno lo bueno que es, desde hace más de veinte años.

Corrida de toros de Adolfo Martín, lo que se dice una corrida de toros con lo que eso conlleva, particularmente el miedo que debe dar estar enfrente de ellos armado con un trapo encarnado; con esas miradas que echan, que sólo con la manera de mirar ya te dejan petrificado, con esos ojos huecos y achinados.

Y luego, el comportamiento, que ahí estaban para hacerles a cada uno sus cosas, digo yo. Desde luego no eran toros para clavar el mentón en el esternón y ponerse a morantearlos, que eso es lo que tiene el toro a diferencia de la mona Chita, que entre el miedo que meten y lo inciertos que son no acaban de dar pie para que los del postizo se confíen y se tomen esas libertades, esas morantiñerías que se suelen tomar con las bolitas de sebo.

Es que hay toros que tienen algo que te obliga a tratarlos con respeto, como a los catedráticos de hace muchos lustros.

La corrida salió como tuvo que salir: íntegra, seria, bien presentada. Luego, el comportamiento de cada uno de ellos es la gran incógnita sobre la que deben trabajar su éxito los matadores, que para eso se llevan entrenando desde que les salieron las muelas.

Imaginemos a un pianista que en un concierto echa a perder el aria de las Variaciones Goldberg porque él sólo toca con pianos de Steinway & Sons y los Yamaha le suenan a contraestilo.

Pues esto es lo mismo solo que el instrumento da cornás. El toro es -debería ser- un enigma desde que sale del chiquero y la experiencia y las horas de entrenamiento del matador deberían servir para calibrar las condiciones del animal y para ver la manera de extraerle lo que se pueda.

Eso es, justamente, lo que hizo Ferrera con su segundo, Madroñito, número 8, que es un toro que a base de estar con él, incluso del juego del largo tercio de banderillas, fue puliendo su inicial brusquedad y sacando una boyantía que en ningún momento había demostrado.

Con ese toro Ferrera dio una buena lección de lo que es un torero asolerado, sin prisas, como aquel que dice un torero que ya está un poco al margen de la vorágine del día a día y que, al cabo de tantos años, cree en sí mismo. Hay un par o tres de detalles de mucho valor, como cuando se va a los medios a recibir con un oficio impecable a ese toro, o cuando se queda con él sujetándole en los medios a un palmo de distancia mientras el penco va a su sitio, o una espeluznante chicuelina, todo improvisación, cuando el toro sale de naja, huyendo del castigo del de la lanza, o unos suavísimos derechazos sin la ayuda en el 10, que pudieron traer la evocación de otro Juan Mora otoñal.

Los ignorantes dirán que era cosa del toro, pero yo más bien creo que ese toro lo labró el torero, porque me da la impresión de que todo lo que le hizo se lo hizo bien, es decir, de manera adecuada al interés que él perseguía. A la muerte de este toro se manifestó una extraordinaria división de opiniones, fortísima división entre los que decían ‘oreja si’ y los de ‘oreja no’. A mí las orejas ésas me importan un bledo. Ya podían quitar esa birria de galardón.

En su primero, Escribiente, número 71, un imponente cárdeno, puso un par de banderillas por los adentros de grandísima exposición.

Si Fandiño se hubiese adaptado a las condiciones de su segundo toro, Madroño, número 86, se habría ido a él con decisión, con la muleta en la izquierda y el estoque de verdad y, sin probaturas, le habría arrancado las tres series que tenía el bicho para luego echarle al suelo con una estocada hasta la gamuza.

Bien al contrario, le toqueteó, le colocó así o asado, le intentó torear por la derecha, y cuando echó cuentas de que el pitón era el izquierdo y las arrancadas doce, ya era tarde.

En su primero, Murciano, número 95, estuvo buscando la rectitud en el cite y la verdad, que ya nos hubiese gustado verle con esos argumentos el otro día frente al de Victoriano del Río. Ahí se vio al mejor Fandiño de sus dos tardes en la feria de otoño, firme, solvente y comprometido, en la línea que siempre debería practicar.

Castaño trajo dos espectáculos: el bueno el de su cuadrilla; el malo, el del mitin con la espada. Imponente la seriedad del quinto, el cárdeno Carpintero, número 56, e impresionante lo que tragó Castaño con ese toro. Lástima que lo matase de tan fea manera.

En resumen, una interesantísima y entretenida tarde de toros, en la que también destacó la cuadrilla de Fandiño, y en la que se cortó la coleta Roberto Bermejo.

Tarde variada y llena de cosas, que a los que van a los toros a buscar sólo el barbilleo y el postureo les debe haber dejado con muy mal sabor de boca.

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8ª FERIA DE #BILBAO: Interés entre nueve toros.

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Por Alvaro Suso.

Castaño colocó de largo al cuarto y el público aplaudió a rabiar. Lo hizo en el segundo puyazo y lo dejó en los medios para el tercero.

Expectación y alegría cuando Tito Sandoval movió el caballo y colocó la vara. Gran ovación para el varilarguero. En Bilbao también gusta ver el tercio de varas.

Y la afición ha estado toda la semana callada mientras en las seis tardes anteriores se les privó del primer tercio.

En el mundo del toro no se debe estar callado. Este espectáculo es la mayor expresión de la voz popular, capaz de otorgar orejas con la potestad de sacar el pañuelo y el presidente está obligado a someterse a la voluntad de la mayoría.

Ejercicio de democracia, lo que no quiere decir que vaya a ser acertado, porque la primera decisión de mayoría popular que se recuerda en la historia acabó condenando a Jesucristo a la cruz al grito de ‘¡Liberad a Barrabás!’.

Pero el pueblo de Bilbao representado en los tendidos sólo tiene aplausos. Los aficionados no se atreven a silbar cuando sale un toro sin el trapío suficiente para esta plaza; se ven sometidos por los que aplauden a los picadores cuando no pican.

Es una amable educación de un público que ha confundido la educación con el silencio. La fiesta de los toros se caracteriza por los triunfos y las broncas. Cuando algo gusta, se aplaude a rabiar y, cuando no se está de acuerdo con algo, se silba, que eso da categoría a la plaza.

En el segundo, salió el toro cayéndose y por fin, una protesta en condiciones. Hasta el tendido 6 de Vista Alegre llegaron unos destacados del famoso tendido 7 de Madrid y empezaron a protestar.

Hubo quien les recriminó su actitud, pero su exigencia se contagió por los espectadores como llevada por la lluvia que apareció a ráfagas durante la tarde.

A partir de ahí se pasaron muy pocas y salieron hasta nueve toros, tres sobreros, uno del hierro del cartel y dos de Puerto de San Lorenzo, el último un torazo de 676 kilos que abultaba más que un tren de mercancías.

Sin embargo tuvo nobleza y metió la cara en una buena tanda al natural, pero su cuerpo no aguantó mucho tiempo.

Era para echarse a temblar y se encontró con un torero macho, que dicen en México, Alberto Aguilar, que hizo un final de faena vibrante junto a las tablas y arrancó una oreja con mucha verdad.

En su primero, el madrileño no había estado a la altura de su buen oponente y alternó naturales buenos con demasiados pases aliviados.

David Mora y Javier Castaño también tuvieron su ocasión, pero no supieron tocar las teclas necesarias.

Castaño se dejó ir a un cuarto con muchas posibilidades, al que muleteó con la misma técnica que si fuera una alimaña. De igual manera, Mora no apretó los dientes para acabar de exprimir al que cerró un festejo que tuvo mucho más interés que la anécdota de un tercer sobrero jurásico.

Plaza de toros de Vista Alegre. Octava de feria. Menos de tres cuartos de entrada. Toros de Adelaida Rodríguez, incluido el sobrero devuelto como 5; dos sobreros de Puerto de San Lorenzo.

Javier Castaño (silencio) y (silencio).

Alberto Aguilar, Aviso (saludos) y (oreja).

David Mora (silencio) y (saludos).

Via: http://www.elpais.com

MÁLAGA.- Crónica: Toreo y numeritos

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Por Álvaro Acevedo para Burladero.com

La tarde navegó entre la hombría y el absurdo, entre el toreo y el numerito, entre la verdad y el teatro. Y los responsables de tanta seriedad y, a la vez, de tanta sobreactuación, resulta que fueron los mismos señores.

Me da rabia tener que reseñar la parte grotesca del festejo porque Antonio Ferrera y Javier Castaño hicieron el paseo con las cornadas de Gijón frescas, y ahora quizá estén en un hospital recomponiendo los puntos que han saltado tras el esfuerzo.

Me da rabia porque Ferrera sorteó todas las dificultades de su primer toro, más reales que aparentes pues, aunque suavón, humillaba poco y se vencía.

Me da rabia porque lo entendió de maravilla, ganándole siempre terreno hacia delante, y porque le cortó una oreja de ley.

Me da rabia porque no se descompuso jamás frente al tremendo peligro de su segundo, y porque al último de su lote le hizo una faena estupenda, templadísima, con cuatro redondos y un cambio de mano de una cadencia maravillosa, y con un gusto de primor.

Me da rabia porque, por momentos, bordó el toreo.

Me da rabia porque Castaño, aunque no este en su mejor momento porque los toreros no son máquinas, hizo una faena de nivel a su segundo oponente, un “victorino” excelente por ambos pitones al que toreó con largura y asentamiento con las dos manos, y porque una última serie de naturales, con los vuelos de la muleta muertos debajo del hocico del toro esperando hasta que se arrancara, fue soberbia de aguante y pulso.

Y me da rabia porque sus banderilleros, David Adalid y Fernando Sánchez, pusieron pares tremendos, jugándose el pellejo, y Fernando, además, fue cogido de manera terrible aunque, por fortuna, sin consecuencias.

Me da rabia pero hay que contar lo otro.

Y lo otro fue que Ferrera, con el capote, se dedicó toda la tarde a retorcerse y forzar la figura exageradamente buscando unas palmas de los cuatro julais que siempre hay en los tendidos, y que contagian al resto.

Y porque invitó a los rehileteros de Castaño a compartir el tercio de banderillas del quinto toro, saltándose así la jerarquía del toreo, que es sagrada. Y porque después, consumados los pares, hubo un abrazo a tres bandas que aquello parecía la celebración de un gol en el último minuto.

Y lo otro fue también que Castaño intentó provocar que uno de los toros se arrancara al caballo… ¡tirándole la montera desde detrás del peto!

Y lo otro es que tras su faena al gran cuarto se le ocurrió preguntar al público, a base de gestos, si mataba o no al toro, forzando una petición de indulto absurda porque no partía de la reacción popular, sino del propio torero.

Y lo otro es que, en los andares y la parafernalia que se montan los rehileteros del matador salmantino, yo no veo torería sino justo lo contrario porque todo es antinatural, preparado y forzado.

Y lo otro es que, en el sexto de la tarde, cogieron estos señores las banderillas y sonó la música para amenizar el tercio, y resulta que estos señores son tan toreros como cualquiera, pero van de plata y no de oro.

Pero resulta que la gente se lo pasó en grande con tanto despropósito porque estamos ante la peor crisis de periodistas y aficionados de la historia del toreo. O, a lo mejor, el que sobro soy yo, que será lo más seguro.

Ficha del festejo.

Málaga. Casi media entrada. 6 toros de Victorino Martín, desiguales de presencia e interesante y variado juego. Los mejores, el 4º, excelente, y el 5º.

Antonio Ferrera, oreja, ovación y oreja con petición de la segunda.

Javier Castaño, silencio, vuelta al ruedo tras aviso y silencio.

Saludaron en banderillas David Adalid y Fernando Sánchez. Lo bordó con el capote José María Soler. Buenos puyazos de Alberto Sandoval y de Dionisio Grillo.

Vía: http://www.burladero.es/

Ocho con Ocho – ¡Lo espontáneo! por Luis Ramón Carazo.

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Cuando leí y disfruté del documento tanto gráfico como escrito de Emilio Méndez de la tarde del 13 de agosto de 2013 de la plaza de toros del Bibio de Gijón, recordé que aunque a muchos el 13 les parece de mal fario para el doctor Alfonso Gaona (QEPD) empresario taurino inolvidable, por el contrario, era su número preferido y seguramente me diría tenía que ser en doble trece por el día y el año, la fecha de una corrida para los anales de la historia del toreo.

En 10 minutos que nos permitió disfrutar en Suerte Matador y otros portales, se resume una de las tardes (a mi modo de entender el toreo) memorables de los tiempos modernos.

Histórico lo catalogó Emilio y tiene toda la razón, una fecha en dónde se demuestra que cuando los toros, en este caso los de La Quinta de procedencia Santa Coloma y Marqués del Saltillo, se prestan para lidiarlos, surge la imaginación de los que alternan en el ruedo.

En resumen el mano a mano de Antonio Ferrera y Javier Castaño fue una disputa leal y enconada por no dejar nada para después, tal y como lo relató Emilio: ”Un histórico mano a mano es el que se ha vivido esta tarde en el coso de “El Bibio” de Gijón en la que los diestros Antonio Ferrera y Javier Castaño han defendido la grandeza del toreo con el mejor argumento, la de la entrega, la raza y la de jugarse la vida para triunfar, al final los dos han triunfado y también han sido heridos.

Ferrera ha cortado tres orejas y ha sido cogido al entrar a matar al tercero y Castaño también cortó tres orejas y fue herido al rematar el saludo capotero al cuarto. De repente los dos toreros anunciados estaban siendo atendidos en la enfermería y el sobresaliente, Álvaro de la Calle, se hizo cargo del cuarto al que le cortó una oreja a un ejemplar con el hierro de La Quinta que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

Los dos matadores salieron juntos de nuevo al ruedo tras ser atendidos en la enfermería de la plaza de El Biblo, los dos con pantalones de monosabios y como gladiadores heridos, con base en raza y actitud salieron dispuestos a dar muerte a los dos últimos toros del emocionante festejo”.

Les recomiendo busquen el resumen en Suerte Matador y se den cuenta de lo que tanto me emocionó y a los muchos que les remití la liga.

En el tercero de la tarde, Ferrera se ungió picador y luego de emotiva faena se volcó en la suerte suprema para sufrir una cornada. Javier Castaño lidiando el cuarto con el capote sufrió una cornada para ser sustituido por el sobresaliente Álvaro de la Calle que de testigo, paso a protagonista para recibir una oreja y al toro por su bravura el homenaje de la vuelta al ruedo a sus restos.

De la enfermería salieron Ferrera y Castaño vistiendo pantalones de monosabio para lidiar quinto y sexto.

En el quinto invitó Ferrera a colocar banderillas a la cuadrilla de lujo de Castaño, David Adalid y Fernando Sánchez para un tercio de banderillas espectacular, en el sexto Castaño se jugó la piel para cerrar la tarde inolvidable, obteniendo dos orejas del que cerró plaza.

Al final todos los toreros y el mayoral de La Quinta fueron despedidos entre la locura de un público testigo de lo inolvidable.

Durante muchos años, hemos expresado que lo que suponía un imán irresistible y amortizable para comprar la entrada a los toros es lo imprevisto.

No solo por el magnetismo, el poder expresivo, la complejidad y el talento que desprenden de algunos toreros sino también lo insólito, por la intuición, inteligencia o su suerte para elegir en el momento adecuado que hacer en el ruedo para expresar el arte efímero del toreo.

Lo que sucedió en Gijón rebasa las expectativas de improvisación con unos toros por parte de grandes toreros como lo fueron todos los que intervinieron en lo que se convirtió en un hito, el de Gijón de hoy en delante, un referente, una lección en vivo de lo que puede ser una gran tarde de toros con todos los ingredientes de magia del toreo.

Por tardes como esa es que nos emociona ser aficionados y para no empalagarnos, les invito a saborear unos minutos de gran intensidad taurina.

Hagan la prueba si su memoria alberga dudas de que esto sea cierto, Gijón está destinado a perdurar en la retina y en el oído del espectador ¡Viva el toreo!

Twitter @Twittaurino