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San Fermin 2014 – La Melancolía Del Pobre De Mí. Ya falta menos para los sanfermines 2015!

De SOL y SOMBRA.

El 14 de julio terminaron oficialmente las fiestas de San Fermín 2014. Los pamploneses reunidos ante el balcón consistorial, despidieron solemnemente los ocho días de fiesta que acaban de vivir. A las doce de la noche una multitud de velas encendidas se movio melancólicamente tras el anuncio de fin de fiesta del alcalde. Durante toda la noche se entono la canción que da nombre a este último acto: “Pobre de mí, pobre de mí, que se han “acabao” las fiestas de San Fermín”. No obstante, las celebraciones continuaron hasta el amanecer.

En el mismo lugar, con los mismos protagonistas y a la misma hora se celebro el inicio y el final de los Sanfermines 2014. Sin embargo el “Pobre de Mí” es la antítesis del Chupinazo, que cambia la luz del día por la noche, la explosión de alegría, por la tristeza y las ganas de diversión, por el cansancio acumulado. Al igual que lo hicieran el seis de julio, un gran número de gentes se concentro en la Plaza Consistorial poco antes de que el reloj marquara el final del día. A la hora en punto, el primer edil se asomo desde el balcón del Ayuntamiento para poner fin a las fiestas y dirigiéndose al gentío dijo: “Ya falta menos para el glorioso San Fermín 2015” y emplazo a todos a  participar en los Sanfermines del año siguiente.

La multitud coreaba el “pobre de mi” a la vez que se encienden cientos de velas que se iluminaban en la oscuridad de la noche. La costumbre es quitarse el pañuelo como señal de que se han terminado oficialmente las fiestas. Desde la contigua Plaza de los Burgos se escucho el ruido de una traca de cohetes lanzados para marcar el final de las fiestas.

Los pamploneses desde este momento se tendrán que ir haciendo a la idea de la vuelta a la normalidad.

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FERIA DE SAN FERMÍN: Birrioso broche final de Miura.

Luis Bolivar, volteado por su primer toro. / LUIS AZANZA
Luis Bolivar, volteado por su primer toro. / LUIS AZANZA

Por Antonio Lorca.

Si es lastimoso un toro de Miura renqueante y tullido, verlo desplomado en la arena es la viva imagen del hundimiento de una referencia fundamental de esta fiesta. Hasta tres toros se derrumbaron a todo lo largo de su voluminosa anatomía en el ruedo de Pamplona: el primero, que era un inválido, noqueado y tullido desde que salió de chiqueros; el tercero, que no pudo soportar que su matador intentara conducirlo a los medios, y el cuarto, que al inicio de la faena de muleta dijo aquello de que hasta aquí hemos llegado.

Birrioso broche final de la feria de San Fermín con unos toros de brava fachada y alma de buey con malas ideas. El último, Olivito, el toro que hirió de gravedad a varios corredores en el encierro, fue el más noble y de mayor recorrido en el tercio final, pero en modo alguno salvó de la quema a la corrida entera, sin fuerzas, mansa de solemnidad, descastada y muy deslucida.

A pesar de todo, un torero, Luis Bolívar, paseó una oreja, pero, si bien destacó por su entrega y decisión toda la tarde, el trofeo fue un premio de consolación por la tremebunda voltereta que le propinó su primero cuando se tiró por derecho a matar sobre el morrillo del animal. El toro consiguió engancharlo, primero, por la taleguilla del muslo izquierdo; inmediatamente después por la tela del derecho; colgado del pitón, lo arrastró por la arena como un muñeco y, finalmente, se deshizo del cuerpo desmadejado del torero lanzándolo contra el piso. Y allá quedó Bolívar, hecho un guiñapo, con toda la cara embadurnada de tierra, y con el cuerpo magullado, aunque felizmente intacto. La cogida fue espeluznante, y tamaña paliza merecía un premio, aunque es cierto que el torero hizo más de lo que merecía ese toro tan descompuesto y de corto viaje como sus hermanos. Lo recibió con dos largas cambiadas de rodillas en el tercio, brindó al respetable, no le perdió la cara, y se tiró a matar de verdad. Salió a lidiar al quinto enfundado en un pantalón de monosabio, volvió a hincarse de rodillas para recibirlo de nuevo con dos largas, y derrochó decisión ante otro animal duro al que le costaba un mundo embestir. Esta vez falló con la espada y bien que lo lamentó porque se esfumó la posibilidad de la puerta grande para quien tanta falta le hace.

No tuvo mejores opciones Javier Castaño con un lote nada propicio para el toreo de hoy. El primero de la tarde perdió las manos de salida y en cuestión de segundos dejó claro que venía borracho de fuerzas. Castaño inició su faena de muleta por alto, lo que no impidió que el animal se desmoronara en la arena. Imposible seguir por ese camino. Castaño lo mató mal, como en él es habitual, y se acabó. También se desplomó el cuarto, al que Tito Sandoval picó con acierto, y no hubo más.

El más joven de la terna, el sevillano Esaú Fernández, salió malparado. Se le notó en demasía la falta de oficio. Pero, ¿cómo no se le va a notar si no torea? ¿Y por qué, entonces, se anuncia con los miuras? Pues, porque es su única opción y espera que sea la oportunidad que anhela. Pero, no. Se justificó ante el durísimo tercero, al que recibió de rodillas en los medios, y estuvo por debajo del noblote sexto, al que muleteó sin hondura y poco mando, más pendiente, quizá, de llamar la atención de las peñas que de dominar al toro. Al final, dio un mítin con la espada y adiós oportunidad.

Se acabó San Fermín. Aún resuena el Pobre de mí, triste canto al que se podrían unir los ganaderos de Miura.

Miura / Castaño, Bolivar, Fernández

Toros de Miura, muy bien presentados, mansos, muy blandos, descastados y deslucidos.

Javier Castaño: dos pinchazos, estocada y dos descabellos (silencio); media tendida (silencio).

Luis Bolívar: estocada (oreja); estocada que hacer guardia _aviso_ y un descabello (ovación).

Esaú Fernández: bajonazo (silencio); seis pinchazos _aviso_ y cinco descabellos (silencio).

Plaza de toros de Pamplona. 14 de julio. Octava y última corrida de feria. Lleno.

Via: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/14/actualidad/1405362933_411163.html

Pamplona era una fiesta.

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Por Alcalino.

En plenos años 20, “París era una fiesta”. Por lo menos en la casona y a la sombra de Gertrude Stein, la oronda mecenas de la generación perdida a la que perteneció Ernest Hemingway, el gringo que elevó los encierros pamplonicas a una dimensión mítica con su novela The Sun also Rise, que él mismo tradujo al español como Fiesta. Con una trama que es un puro vagar de un grupo de trásfugas de la Gran Guerra –varios estadounidenses y una inglesa, manzana de sordas discordias– por laberintos hispanonavarros y vascofranceses. Hasta que topan, de manos a boca, con la feria de Pamplona, su tauromaquia callejera y, en el centro de la historia, un hipotético Pedro Romero, amo en la plaza y en la alcoba de Beth, de donde lo desalojará la furia brutal de otro de los protagonistas.

Como todos los años, en la semana de San Fermín, Pamplona volvió a sintetizar y estirar al máximo el concepto de fiesta. Pero la Fiesta, como nosotros la entendemos, se aposentó venturosamente en su coso taurino. Claro que también alegraron la vida dentro y fuera del coso charangas, coros y danzas improvisadas, suculentos manjares y ríos de vino y pañoletas rojas. Pero faltaba lo auténticamente torero: los alardes ecuestres de Hermoso de Mendoza, Sergio Galán y Roberto Armendáriz, las faenas de Fandiño, El Juli, Talavante y Perera. Los triunfos de Padilla y Abellán. Las confirmaciones novilleriles en Borja Jiménez y Francisco José Espada o, como revelación mayor, el sevillano Pepe Moral. Los bravos encierros de El Parralejo, Victoriano del Río, Jandilla, Domingo Hernández, Garcigrande y Fuente Ymbro. Toros y toreros de verdad, capaces de acallar el ruido de peñas y charangas para que la atención se centrara exclusivamente en el toreo.

El G–5. Tuvo tres representantes en Pamplona y los tres tocaron pelo. El miércoles 9, El Juli hizo como que hacía con un “Amarrado” blando y de corto recorrido, pero estuvo imperial, al natural sobre todo, con “Música”, un castaño de Domingo Hernández, cuya embestida ordenó y prolongó con un poderío y un temple irreprochables. Al primero le cortó la oreja, y del quinto sol y sombra habrían pedido las dos si no llega a pincharlo. Total, a oreja por toro y su décima puerta grande pamplonica. Ese mismo día, Talavante, muy recuperado, pudo secundarlo en la salida en hombros, pero el mal uso de la espada malogró su mejor faena, la del cierraplaza “Malaspulgas”, otro magnífico ejemplar de Domingo Hernández. Antes había paseado también su apéndice a la muerte de ”Cazador”, al que ya toreó con gran sabor sobre la zurda.

La tercera puerta grande entre la gente de a pie fue, al día siguiente, para un Miguel Ángel Perera que sigue de racha, más poderoso y dispuesto que nunca. A sus dos jandillas los exprimió, y siendo buenos los toros, estuvo por encima de ellos, los estoqueó con gran contundencia y cobró un apéndice de cada cual. Sebastián Castella, en cambio, malogró con la espada dos sólidos muleteos, que fueron acentuando el temple conforme decaían las energías de los de Jandilla.

Fandiño y Padilla. El primer recorrido triunfal por la calle de la Estafeta, saliendo por Juan de Labrit, lo había dado Iván Fandiño a hombros de los mozos de las peñas y al alegre compás de sus bandurrias, en premio a dos faenas de entrega total con sendos bichos de Victoriano del Río, corto de embestida el primero, al que se arrimó lo indecible, y mucho mejor el quinto, con el que anduvo más a gusto, ciñendo naturales de gran dimensión y estoqueándolo a toma y daca. A éste le cortó dos orejas y al anterior una. Y al repetir el día 11, con los jandillas, otra paseó de su segundo, a tono con su esforzada tauromaquia, su valor incontestable y su magnífica espada.

Juan José Padilla, que no había pasado de discreto al presentarse en la feria el miércoles 9, el sábado estuvo imponente con los de Fuente Ymbro, descarados de cuerna y de gran tonelaje. Como además tuvieron bravura y fijeza, el jerezano, a su espectacular manera, los bordó sin miramientos: de hinojos y de pie, con capa, banderillas, muleta y espada. Desató los entusiasmos, unificó al público y los desorejó a los dos, con petición de otro apéndice del castaño 4º.

Va por ti, David. Las secuelas de la grave cornada de Madrid le impidieron a David Mora ir a Pamplona, y tanto su reemplazo –Miguel Abellán– como Antonio Ferrera y Daniel Luque, le dedicaron al micrófono la muerte de sendos  torrestrellas. Fue el lunes 7, pero la feria, con toros apagados, no entró en calor el día de San Fermín, y sólo Abellán, a fuerza de valor, le arrancó al quinto solitario apéndice, sin que sus alternantes, con ganado soso, desmerecieran.

Peores aún salieron los grandulones toracos de Dolores Aguirre lidiados el día 8 por Uceda leal –incómodo toda la tarde–, el valiente navarro Francisco Marco y el aragonés Paulita; éstos dos estuvieron muy toreros, buscándoles las cosquillas a las bien armadas reses de los herederos de la finada ganadera, cuya divisa había sido premiada por el encierro más completo del año pasado.

Felices sorpresas… y ningún mexicano. La mejor corrida –por presencia, potencia y clase– fue la de Fuente Ymbro del sábado 12. Y no sólo Padilla triunfó con esos toros. Al precioso y bravísimo 5º –probablemente el mejor de la feria– lo desorejó el sevillano Pepe Moral, que con apenas dos corridas este año fue capaz de revertir la sentencia y hacer, de un toro auténticamente bravo, colaborador de su arte. Toda una revelación como muletero poderoso, imaginativo y templado, entregadísimo además al matar; debieron darle no una sino las dos orejas, como culminación de su corrida de presentación en el coso navarro.

Abrió el ciclo, el sábado 5, una novillada estupenda de El Parralejo, con la que arrasó Borja Jiménez al grado de cobrar tres orejas y la llave de la puerta grande. Una cortó Francisco José Espada, otro prospecto magnífico, y sólo hubo que lamentar un grave percance –en la arteria y los tendones de la muñeca derecha– de Posada de Maravillas, al estoquear al tercero de la tarde. Al día siguiente, con toros de El Capea y desafiando valerosamente un diluvio que hizo del ruedo una pista, Hermoso de Mendoza dictó cátedra y sólo cobró un apéndice porque su segundo tardó en doblar. Otro cortó del 5º Sergio Galán, en tanto salía en hombros el local Roberto Arméndariz, que tuvo una tarde completísima y, al calor del paisanaje, paseó tres auriculares.

La feria de San Fermín, organizada por la Casa de Misericordia de Pamplona en vez de por alguna empresa de toros formalmente constituida, tiene, por tanto, esta otra peculiaridad: su independencia para incluir en sus carteles a los espadas que le parecen indicados, incluidos algunos con escasa actividad previa. Así entraron en otras ocasiones en su programación espadas mexicanos, aunque no en años recientes. Y esa reticencia a incluir paisanos se reprodujo, en perjuicio –permítanme señalarlo– de Joselito Adame. Aunque no solamente de él.

Via: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2014/07/14/pamplona-era-una-fiesta/

Enrique Ponce: “Hay que ser maestro dentro y fuera”

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Por Marta Rubi.

Medio siglo desde su alternativa le dan a Enrique Ponce una perspectiva desde la que habla con serenidad pero también con la misma pasión que el primer día. “No cabe duda de que el toreo va cambiando con los años y que, indudablemente, después de 25 años de alternativa, encuentro cambios. Lo importante es evolucionar”. Pero siempre desde una impecable técnica. “Es fundamental para que la faena llegue a ser excelsa. Sin una buena técnica es imposible estar delante de un toro sin que te coja”.

La suya, tan reconocida, le ha valido para recoger un éxito tras otro hasta ser un Maestro con mayúscula. ¿Qué significa para Ponce? “Es la manera de respeto con la que se nombra a un torero con años de alternativa y experiencia. Por supuesto que ése título te responsabiliza más, tanto dentro como fuera de la plaza, tu actitud tiene que ser de maestro”.

Pero también es parte de la cultura taurina, de su carácter de admiración a quien se juega la vida para crear arte: “Forma parte de esa liturgia del toreo que debemos conservar”.

Más quizá ahora, cuando se hace necesario fomentar la propia identidad de un arte que forma parte de la historia de España. “Para asegurar el futuro de la Fiesta creo que es muy importante el fomento, la difusión y la docencia de lo que es realmente el toreo”.

No sólo con la propia Fiesta, sino con actividades complementarias que la acerquen a todos los públicos, incluso a los más pequeños. “Pienso que a los niños se les debe explicar lo que significa en nuestra cultura, tradición e historia y que, de esta manera, entiendan mejor por qué un hombre se juega la vida delante de un toro para crear un arte único e irrepetible y por qué un toro debe morir en la plaza para perpetuar sy especie. ¡Y, por supuesto, para asegurar el futuro, lo más importante es que no falten los toros bravos y los toreros!”, argumenta el diestro valenciano.

Identidad propia


Por eso, entiende que ser torero en el siglo XXI tiene “el mismo sentido que en cualquier otro siglo. Yo sería torero aunque hubiera nacido en cualquier otro tiempo”, afirma contundente. Y es que considera que “no se entendería la cultura y parte de las raíces de este país, y de los demás países donde se celebran corridas de toros sin ellas. Ser torero es mucho más que ponerse delante del toro, es una filosofía de vida, de ser y de estar”.

Un carácter que recibe el cariño de la afición, y en su caso, especialmente en Almería y Roquetas.  “Siento ese cariño y respeto siempre que toreo en la provincia. Y, por su puesto, a mí me encanta torear en esta tierra”. Volverá para esta Feria de Santa Ana, que con los años va creciendo en importancia. Y es que la juventud de una Plaza no es óbice para que se vivan en ella momentos irrepetibles.  “una plaza no tiene que ser centenaria para tener su propia identidad. En absoluto, cada plaza tiene su propia personalidad e identidad que es la que le da su afición”. Y en el caso de Roquetas de Mar, que atrae a miles de visitantes de provincias cercanas, la afición marca su carácter. “Aunque es verdad que una plaza con muchos años tiene más sabor y solera”, afirma el torero, pero en cuanto a la calidad de sus festejos. Muestra de ellos son los importantes carteles que se suceden año tras año en el coso de Las Salinas, donde torean los grandes de cada momento.

En el caso de Enrique Ponce, llegará con buenas sensaciones por sus triunfos en los distintos festejos de la temporada. “Estoy viviendo muy bien la temporada. Es cierto que empezó muy dura por la grave cornada en Valencia, pero logré sobreponerme a esa adversidad y reaparecía en Sevilla en un tiempo récord, con la responsabilidad que conlleva torear en Sevilla y triunfar como lo hice”, valora el torero.

Después llegaron muchos más éxitos. “Luego también fui a MAdrid en una tarde muy imporante y la temporada ha transcurrido con grandes triunfos y cuajando toros para el recuerdo. Estoy muy contento de cómo me encuentro en esta temporada en la que celebro 25 consecutivas”, manifiesta Enrique Ponce. Sin duda continuará cosechando esos triunfos en el resto de tardes que quedan por delante, la más cercana la de la próxima semana en Almería, donde volverá a recoger el cariño y respeto de una afición que se vuelca con el torero.

Via: http://www.lavozdealmeria.es/vernoticia.asp?IdNoticia=64366&IdSeccion=33

FERIA SAN FERMÍN 2014 Novena Corrida: Una ‘faena’ de los ‘adolfos.

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Por Antonio Lorca.

Si se cumple la tradición, los toros de Adolfo Martín no volverán a correr por las calles de Pamplona en unos años; aquí, el que fracasa, no vuelve. Y lo de este domingo, en dos palabras, fue un petardo de los gordos.

Será muy difícil que el ganadero lidie otra corrida tan mansa, descastada y deslucida como la que salió en esta plaza. Fue una verdadera faena para el propio criador de los toros, un hombre que pasaría, sin duda, un verdadero quinario al comprobar cómo cada uno de sus pupilos empeoraba el comportamiento del anterior, y, al final, ninguno de los seis ofreció el más mínimo resquicio a la esperanza. Un rotundo fracaso el que cosechó, sin paliativos de ningún tipo, sin atenuantes posibles… Una pena.

Una faena para la terna de toreros, tan necesitados de un triunfo; y hasta para las propias peñas del sol, a las que el aburrimiento y la desolación hicieron mella en su ánimo festivo. En fin, que hacía once años que los adolfos no corrían el encierro, y se han ganado a pulso seguir corriendo en su dehesa.

Los seis lucieron una conducta similar; los seis, eso sí, de impecable presentación, guapos de verdad, pero su impresionante fachada no era más que un falso decorado. Ninguno acudió largo a los capotes, ni mostró fijeza en los primeros compases de la lidia; todos, curiosamente, cumplieron, con más genio que bravura, en los caballos, de modo que empujaron de manera desigual en el primer encuentro, y cabecearon y salieron sueltos en el otro. Ninguno galopó en el tercio de banderillas, si bien el quinto permitió que Escribano clavara tres pares meritorios; y los seis siguieron en la muleta el patrón del toro sin una gota de casta, sin recorrido, sin codicia, sin ánimo para embestir, muy reservones todos, parados y muy atentos al más mínimo error del torero para prenderlo si hubiera ocasión. No hubo faena y si acaso algún muletazo robado, pero sin posible continuidad con esas masas informes de carne, sin celo ni sangre brava en sus venas. Incluso dificultaron el momento supremo de la muerte, sin fijeza alguna, con la cara por las nubes, con la atención puesta en los tendidos antes que en los toreros. En fin, una garbanzada muy negra que será difícil olvidar.

Y lo será porque esta corrida tenía un alto significado para los tres toreros anunciados. Diego Urdiales, Manuel Escribano y Alberto Aguilar son tres jabatos que se ganan a pulso cada una de sus corridas, y llegaron a Pamplona con la convicción de arrancar un triunfo que adecentara el difícil camino hacia la cumbre. Loable intención, pero objetivo imposible. Porque no se trataba de valor, ni de técnica, ni de ilusión; era un combate nulo desde sus inicios porque uno de los contendientes no tenía intención alguna de presentar pelea.

Nada pudo hacer Urdiales; bueno, quizá debió lidiar con más entrega al primero, que le robó la muleta en dos ocasiones, y lo miraba fijamente, como esperando que el torero cometiera un error para engancharlo. Una vez en toda su lidia humilló el cuarto y, claro, no hubo lugar para la esperanza.

A Escribano le aguantó el ánimo hasta el final, lo que es muy meritorio. Recibió a su lote a porta gayola con sendas largas cambiadas, banderilleó a los dos con holgura, y los tres pares al quinto —especialmente, el último, al quiebro pegado a las tablas— fue lo único emocionante de toda la tarde. Inédito estuvo con la muleta, porque ni su honestidad ni su firmeza podían hacer frente a la vaciedad de sus oponentes.

Y Alberto Aguilar corrió la misma suerte. Mira que se le ve suelto —aún renqueante de una cogida en plazas americanas—, con los engaños, y es conocedor de la técnica y los terrenos, pero su decisión no encontró recompensa. En fin, un serio disgusto para todos.

Martín / Urdiales, Escribano, Aguilar

Toros de Adolfo Martín, muy bien presentados, mansos, muy descastados y deslucidos.

Diego Urdiales: cuatro pinchazos y un descabello (silencio); —aviso— pinchazo, estocada tendida y un descabello (silencio).

Manuel Escribano: tres pinchazos y estocada (silencio); dos pinchazos, estocada baja y un descabello (silencio).

Alberto Aguilar: metisaca, media y dos descabellos (silencio); estocada trasera y baja (silencio).

Plaza de toros de Pamplona. 13 de julio. Séptima corrida de feria. Lleno.

Vía: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/13/actualidad/1405278541_705963.html

San Fermín 2014: El ‘selfie’ del cuerno.

SOLEDAD CALÉS
SOLEDAD CALÉS.

La masificación, los turoperadores y las nuevas tecnologías han hecho estragos en los Sanfermines.

De SOL y SOMBRA.

Hubo un tiempo en que los encierros de San Fermín eran ceremonias gestionadas con seriedad. Delante de los toros corrían mozos con trienios de sortear astados por la calle Estafeta, hábiles con el periódico enrollado y poco amigos del volatín y la fantasmada. Amonestaban a los aficionados temerarios e incluso llegaban a expulsarlos del circuito. Pero la masificación, los turoperadores y las nuevas tecnologías han hecho estragos en la fiesta. Ahora cualquiera echa a correr delante de la manada, pretende tocar los toros, acariciar los cuernos o tirar del rabo de la res mientras transpira calimocho mal digerido; suerte tiene si no tropieza con los cordones de sus alpargatas.

El último virus que ha aparecido en el encierro es la autofoto. Gracias a los jugueteos de Obama y a los enredos de Ellen De Generes en la última ceremonia de los Oscar, el selfie se ha convertido en la fruslería imprescindible del momento. No se conocen virtudes estéticas al invento; parece más bien el álbum de fotos del solitario. Pero reafirma las personalidades débiles y rearma los sentimientos difusos. Un quídam se siente un titán cuando dispara una autofoto, esté en Benidorm, en el sillón de su casa o con los leones del Serengueti tanzano.

En el encierro del viernes pasado, un mozo tuvo la peregrina idea —seguro que no es el primero y desgraciadamente no será el último— de hacer un selfie mientras corría el encierro, a un metro del berrendo. Ahí está, en las imágenes de prensa, en un escorzo grotesco para encuadrar su rostro y el careto del Jandilla en una pantalla minúscula. No mira para adelante ni para atrás; enarbola el móvil como una castañuela y va transmitiendo el peligro inminente de tropezarse con otro corredor y caer en tropel bajo las pezuñas.

Aseguran que la ordenanza municipal castiga con multas de hasta 3.000 euros a quienes pongan en riesgo la seguridad de la carrera. Quizá sea así. Un súbdito británico se saltó una barrera de seguridad y fue sancionado con 250 euros; y un escocés tuvo que pagar 650 euros por grabar el encierro con un dron (otra vez la tecnología). Tienen la oportunidad de penalizar el selfie del cuerno de forma ejemplar, para que el mozo del móvil aprenda a mirar hacia donde debe cuando corre por la calle Estafeta.

VIA: http://elpais.com/elpais/2014/07/12/opinion/1405186999_555213.html

San Fermín 2014: Charlie Sheen, dos dias de toros y mucha fiesta.

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¡Gracias amigos! Me encanto venir a Colombia digo ¡Pamplona! los llevare para siempre en mis narices ¡Bye, bye!

De SOL y SOMBRA.

Dos días. Ese ha sido el tiempo que el popular actor norteamericano Charlie Sheen ha pasado en San Fermín. El que fuera protagonista de la serie ‘Two and a Half Men’ llegó a Pamplona en torno a las 15 horas del jueves acompañado de su pareja, la actriz de cine para adultos Brett Rossi.

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Durante estos dos días, se les ha podido ver presenciando con mucha atencion el encierro desde un balcón privado y pero repleto de bebidas espumosas en la calle de Estafeta.

Su llegada creó un pequeño revuelo a las puertas del hotel La Perla, donde se ha alojado, y su partida, a las puertas de este mismo hotel, ha estado también acompañada de un numeroso grupo de curiosos que han jaleado al intérprete de filmes como ‘Platoon’ o ‘Wall Street’ mientras se dirigía al aeropuerto de Noáin, donde ha tomado un jet privado.

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FERIA DE SAN FERMÍN Octava corrida de feria: Pepe Moral merece un futuro.

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Por Antonio Lorca.

El muy honroso gesto de la Casa de Misericordia de ofrecer una oportunidad a Pepe Moral, un torero abandonado por las empresas y rotundo triunfador el día del Corpus en Sevilla, ha tenido la mejor recompensa. Lo más importante no es la meritoria oreja que cortó al noble inválido que hizo quinto, sino el serio aldabonazo que ha dado y su demostración de que es torero que lleva dentro una innata y desbordante vocación, una clásica concepción del toreo y tantas ganas de triunfar que muy difícil será que no alcance su objetivo.

Moral es una de las paradojas de la vida y de esta ingrata profesión. Ha toreado solo ocho corridas desde que tomó la alternativa en junio de 2009, se perdió su nombre en el olvido y, en contra de toda lógica, ha mantenido la ilusión junto a su apoderado, el también torero Manolo Cortés, y ha aprovechado las dos oportunidades que la suerte y el tesón le han ofrecido. Sorprendió en la Maestranza, donde cortó las dos orejas a un toro del Conde de la Maza; supo que la justicia existe cuando lo llamaron de Pamplona, y aquí ha dejado muy alto el pabellón de la torería.

Lo más asombroso no es su ilusión, que, como el valor, se le supone, sino su preparación, su oficio, su forma de asentar las zapatillas, de citar y correr las manos, su conocimiento y sus formas, que nada tienen que ver con cinco años de ostracismo. Es un torero hecho y derecho, la viva imagen de quien tiene una larga temporada a sus espaldas y merecedor, por lo tanto, de toda la confianza.

Maneja el capote con soltura y grandeza, y trazó verónicas de gran hondura; bien plantado con la muleta, dibujó redondos y naturales meritorios. No fueron muchos porque su primero era un toro inservible, áspero y deslucido, al que no le perdió la cara; y muy blando el noble quinto, ante el que solo pudo esbozar algunas pinceladas de su concepción torera. Merece mejor suerte este Pepe Moral; le sobran condiciones y actitud. Ojalá haya comenzado para él una nueva vida.

De todos modos, el triunfador de la tarde por el número de orejas fue Juan José Padilla, y su tarde merece una seria reflexión.

Nada se puede añadir a estas alturas al mérito extraordinario que tiene este torero, que ha sido capaz de resurgir de sus propias cenizas y triunfar a lo grande en un alarde de sacrificio, fuerza, coraje y una férrea voluntad de superación. Padilla es un hombre de una pieza y un héroe como torero.

Pamplona es su plaza de referencia; aquí se le venera con auténtica devoción, es el referente de las peñas, que acuden a la plaza con banderas piratas y lo jalean con el canto ya famoso de “illa, illa, illa, Padilla maravilla”. Nadie le ha regalado nada a este torero que se ha hecho grande en un valiente enfrentamiento con su propia desgracia.

Pero dicho lo cual, es de justicia aclarar que en su ánimo por agradar a sus partidarios, ayer ofreció su peor versión con el mejor lote de la tarde. No le será fácil superar una actuación más pueblerina, tremendista y trapacera desde que recibió a su primero con cuatro largas cambiadas de rodillas en el tercio, hasta que lo sacaron a hombros. Despegado, mal colocado y destemplado, bullanguero y basto, ofreció una clase de destoreo que merece figurar en los tristes anales de esta plaza.

Jiménez Fortes se enfrentó a dos marmolillos. Tuvo detalles y se le vio vendido. Ha conseguido que se esté más pendiente de la posible voltereta que de sus buenas maneras toreras. Y eso es un problema.

FUENTE YMBRO / PADILLA, MORAL, FORTES

Toros de Fuente Ymbro —el cuarto como sobrero—, muy bien presentados, mansos, muy blandos y descastados; deslucido el segundo y nobles primero y cuarto.
Juan José Padilla: bajonazo (oreja); pinchazo y estocada (oreja). Salió a hombros.
Pepe Moral: estocada tendida (silencio); estocada (oreja).
Jiménez Fortes: dos pinchazos y estocada (silencio); tres pinchazos y estocada (silencio).
Plaza de toros de Pamplona. 12 de julio. Sexta corrida de feria. Lleno.

La corrida de hoy

Toros de Adolfo Martín para los diestros Diego Urdiales, Manuel Escribano y Alberto Aguilar.