Archivo de la etiqueta: el vito

CATORCE AÑOS DEL ADIÓS DE DAVID SILVETI 

David, sigue siendo El Rey.

Por El Vito.

HACE 14 AÑOS años estando en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco,  recibí una llamada desde España. Era Margarita Núñez, hermana de mi carnal Federico, que allá en Alicante se había enterado de la trágica muerte de mi querido David Silveti. Había partido allá en el Rancho de Juan, allá donde de niño vivió ilusiones, sueños y se arropó con el calor del amor de Doreen y de Juan, con la cobija de la admiración y el fervor eterno de la afición taurina universal.

Hoy sus admiradores le recordamos al muy querido amigo, al torero que seguimos en su sinuosa marcha plena de contratiempos, contradicciones, desilusiones y desesperanzas. A pesar de todo apoyándole en la distancia que existe entre el estar y el haberse ido.

A David le valían madre los trofeos. Por eso no recogió el premio Domecq por su destacada temporada en la monumental Plaza México. Prefirió irse, sin que lo llamaran. Y sin decir adiós, sólo habiendo expresado su reflexión de la vida y de la muerte, se fue a la chingada.

Su idea del toreo y de la amistad era otra, muy distinta al mercadillo en el que han convertido la fiesta de los toros.

Un día, toda una tarde en la barra de La Ópera, la madrugada en el Salón Luz de la esquina con Gantes y buena parte de la mañana, allá en La Marquesa, en casa de Manolo Arruza, nos trenzamos con Chucho Solórzano, el propio Arruza y  Manuel Capetillo en la diatriba infinita del concepto del toreo.

Continuamos una vieja conversación que iniciamos en La Albahaca, allá en los Jardines de Murillo en Sevilla, cuando repasaba su existencia y dudaba ante la incertidumbre del presente que le impedía, abrumado, soñar con el futuro.

Eran los mismos preceptos que marcaban el ritmo de cada latido su corazón, que marcaron su paso por la fiesta de los toros imprimiéndole un marcado dejo de surrealismo, ante los excesos que le presentaba el reto de la realidad.

David Silveti, que partió por voluntad propia el miércoles 12 de noviembre en su rancho de Salamanca, en el Guanajuato cantado por José Alfredo y exaltado en el valor de sus toreros, fue el depositario de cien volcanes en erupción. El sentido del toreo en el silvetismo, es lava ardiente que convierte en volcán a Diego su hijo, de quien hoy David estaría plenamente orgulloso.

Es, como le confesó el propio David un día a Carlos Ruiz Villasuso e tras un burladero en el callejón de La Maestranza “siempre toreo al borde de la cornada”.

Sentencia necrófila, que desnudó una actitud ante el toreoLa misma desnudez que ha provocado la expresión de Juan José López Luna, en la afirmación que David Silveti fue “el último de los toreros mexicanos que provocaba en el ánimo de los aficionados el miedo, la emoción, la alegría y el llanto”.

Le importaban madre los trofeos, y por ello prefirió emprender el viaje eterno, antes que ir a la Ciudad de México y en aburrida velada, entre falsos sentimientos plenos de lugares comunes recibir el trofeo a La Mejor Faena de La Temporada.

Aquella tarde de la faena histórica de esta temporada en la Plaza Monumental México, la gente sintió miedo de David.

Hubo emoción y alegría y también llanto. Llanto de hombres grandes, que recuerdan la anécdota del nieto con el abuelo, que lloraba viendo torear a Rodolfo Gaona,  la tarde del adiós para no volver en El Toreo de La Condesa.

Gaona, archirrival de su abuelo Juan Silveti, era ídolo de toda una generación de mexicanos que vieron en “El Meco” encarnada la respuesta al reto como nación.

El niño, al que educaban con la reciedumbre de los conceptos de los hombres machos de a de veras, increpa al viejo y le pregunta. ¿Pero no y que los hombres machos no lloran abuelo? A lo que el viejo, le contestó: Es que el que se va es Gaona, hijo; y como Rodolfo no hay.

El llanto de aquel abuelo se convertiría en grito de guerra de La Porra Libre, que a coro aún le grita a los toreros “Manolo, Manolo ¡Y ya!” para echarlos del coso de Insurgentes, reconociendo a Manolo Martínez como único heredero de la lava volcánica de los volcanes en erupción de la fiesta mexicana: Gaona, Armillita, Garza, Arruza,  Silverio y David Silveti.

Pero, vea usted por dónde busca la historia la salida al ardiente cauce del río volcánico de la pasión del toreo. Una tarde  guadalupana, fresca tarde de diciembre en la Plaza México, estando con Pedro Echenagucia le vimos escribir una de las páginas más importantes que se han grabado sobre la arena mexicana.

Lleno impresionante, toros de don Fernando de la Mora para Antonio Lomelín, que sustituía a Manolo Martínez, Miguel Espinosa “Armillita Chico” y David, que reaparecía en la plaza grande.

Lomelín realizó una faena heroica, al primero de Tequisquiapan, y Miguel cuajó un faenón con Flor India, un gran toro que tuvo la fortuna de caer en manos de un gran torero. Fue la de Armillita una de esas faenas hermosas, encajada en el sentido plástico que Miguel siempre supo imprimirle a su toreo.

David provocó aquella tarde la emoción, el miedo y el llanto en sus dos toros.

Inolvidable su vestido rosa guadalupano, orgullosamente erguido, desmayando los lances “al borde de la cornada”. Nada estridente. Todo lo contrario. El sublime desnudo entre la vida y la muerte. La plaza de Insurgentes rugió a cada lance, a cada pase, a cada paso y en cada instante de la intensa entrega de David Silveti con los cárdenos de don Fernando. Nunca antes había escuchado al monstruo rugir de esa manera. Pedro Echenagucia, con los ojos  húmedos en llanto me confesó, “Este es el toreo que yo soñé; ni en Sevilla he vivido tan intensamente la fiesta de los toros”.

A David, que le importaba madre cualquier trofeo, le causó gracia cuando Miguel Espinosa, con el cariño fraternal que le profesaba a David, y su gracia expresiva le dijo, “Mamón, se te fue un rabo por la espada”.

David Silveti reunió en su expresión de torero todas las lavas de todos los volcanes del México taurino. Lavas de aquellos fuegos que le quemaban el corazón cuando nos encontramos en Sevilla, habiendo quemado las naves por hacer campaña en España. Vivió cientos de noches tristes y no una como el conquistador Hernán Cortés.

Ese fuego que reunió como líder de una generación, la quinta de Curro Rivera, Carlos y Manolo Arruza. Humberto Moro. Chucho y los Cuates Solórzano. Manolo, Fermín y Miguel Espinosa, los “Armilla”. Jorge Gutiérrez, Alfredo Gómez “Brillante”.

Los Calesero, Alfonsito, José Antonio y el Curro Calesero. Entre todos fue él el más mexicano en su expresión y en su sentir que resumiríamos un poco en la frase de Cantú, cuando en su tesis martinista resume el toreo de México en el título “Muerte de azúcar, la sustancia taurina mexicana”.

No ha sido dulce la partida de David, para nadie y menos para Juan su padre, mi amigo. Torero de recia expresión universal. Hombre de fuerte personalidad, soñador y bohemio. Jugador y legendario. Torero integral.

Debo confesar que con la partida de David, me duele más el dolor de Juan que cualquier otro. “Mi David”, así lo llamaba cuando le conocí en Caracas, aquella tarde de finales de los setenta cuando toreó toros de Garfias en el Nuevo Circo. “Mi David -le decía a Curro Girón -te va a partir la madre, porque es que tiene mucha clase. Te lo prometo”.

Curro Girón, un monstruo de la historia y de la amistad, reía de la fuerte chanza del Tigrillo, y me comentaba “¡Cómo seré de grande que toreé con el padre, el hijo y el espíritu santo de los Silveti!

Anuncios

Ha muerto la torería en estado puro

El Vito y sus nietos.
Por Paco Mora.
Ha muerto un grande. Ha muerto El Vito. Que las campanas de La Giralda “madre de artistas, molde de fundir toreros”, repiquen a gloria y que envuelvan al Giraldillo suyo en crespones negros. Porque tardará tiempo en nacer, si es que nace, otro sevillano (camero) tan torero como él.

Se nos marchó El Vito. Era pieza única hace muchos años. El último que olía a torero tanto vestido de luces como de calle. Verle en el hall del Hotel Colón, departiendo con los amigos era todo un lujo. Pensaba en torero, hablaba en torero, andaba en torero y su gestualidad era torera por los cuatro costados. No me consta, pero estoy seguro de que hasta en pijama y en la cama transpiraba torería. Con él desaparece una especie a extinguir de la cual él era el último representante sobre la tierra.

Todavía alcancé a verle como matador de toros, pero cuando disfruté de veras de Julio Pérez “Vito” fue cuando dejó el oro por la plata y él, González y Luque formaron una cuadrilla capaz de robarle las palmas al torero más valiente. Y lo vi a las órdenes de dos que tenían valor para dar, prestar y vender; Litri y Jaime Ostos. También anduvo con Ordóñez, poco tiempo, pero hasta al lado de aquel torerazo brillaba con luz propia. Viéndole caminar por las calles de Sevilla, el más ignaro en materia taurina comprendía que aquel hombre no podía ser otra cosa que torero. Y sabía de toros, como decía Rafael “El Gallo”, más que la paloma azul.

Ha muerto un grande. Que las campanas de La Giralda “madre de artistas, molde de fundir toreros”, repiquen a gloria y que envuelvan al Giraldillo suyo en crespones negros. Porque tardará tiempo en nacer, si es que nace, otro sevillano (camero) tan torero como él.

Publicado en APLAUSOS

El Vito’ ¡en vivo!…‘Memoria de arena, medio siglo de pasión taurina’

Por El Bardo de la Taurina. 

Al conjuro de que la historia, solo es creíble en toda su dimensión, cuando se escribe habiendo formado parte de ella, con el agregado del compromiso de que ésta sea narrada sin mácula de distorsión y sí plena de apego a la verdad, es que la Fiesta Brava se viste de luces para recibir en premier mundial, el libro;

 ‘Memoria de arena, medio siglo de pasión taurina’

De la autoría del único, más que autor, personaje de talla mundial, el maestro Víctor López ‘El Vito’, para quien desde hace más de medio siglo la fiesta de toros y toreros no guarda secreto alguno, como tampoco el maestro venezolano se guarda ningún acontecimiento importante, valioso, anecdótico, ilustrativo e incluso académico que  haya sucedido en y entorno a esa liturgia llamada toreo en todos los confines del mundo, desde que arrancara la llamada época del toreo moderno.

Esos tiempos en que ‘El Cordobés’ pone lo espectacular, Antonio Ordoñez la maestría, Paco Camino la sabiduría, Manolo Martínez el mando, Eloy Cavazos la popularidad y los toreros de todas las líneas son noticia.

Hay que subrayar que la obra ‘Memoria de arena, medio siglo de pasión taurina’ fue escrita sobre el yunque del registro en el momento preciso en que se estaba consumando éste, y aún más, a través de las páginas de este libro del ayer histórico, se convierte hoy en dos vertientes magistrales, el de las letras y la de la propia voz del maestro Víctor López ‘El Vito’.                   

Lo que nos anuncia ‘Ediciones Anciola México’ ocurrirá el próximo jueves 4 de febrero a partir de las 7 de la noche, cuando en la Asociación Nacional de Matadores en la calle de Atlanta # 133, Col. Nápoles, dé inicio  la temporada mundial de presentaciones y aparezca en toda su magnitud el autor, periodista de prestigio y fama internacional ‘El Vito’. 

Seamos testigos de la historia participando activamente en este evento único e irrepetible, en el que después de escuchar y charlar con el maestro se alzarán las copas y rifaran las tapas para brindar por la grandeza de las letras verdaderas.

La entrada será libre para todo el público y la libertad de expresión la invitada de honor.

CUATRO CAPOTES MÁGICOS, por Alfonso Navalón

Alfonso Navalón acompañado del gran periodista taurino venezolano El Vito.

Cuatro capotes mágicos, Antonio Ordóñez, Curro Romero, Rafael de Paula y Antoñete que valían millones, me los robó mi primera para venderlos por veinte mil duros.

Por Alfonso Navalón Grande.

Nunca he sido partidario de convertir mi casa en un museo taurino.

Cuando me hice ganadero tenía en la finca unos cencerros que resumían la historia de las divisas más destacadas, colocados en lo alto de una estantería tenia los cencerros de Miura, Pablo Romero, Conde de la Corte, Urquijo y Graciliano Pérez Tabernero, más el de Manuel Arranz como fundador de mi ganadería.

Los toreros me ofrecieron muchas cosas (aparte de millones por ponerlos bien), pero ese mundillo me atraía muy poco y no quise llenar mi casa con vitrinas de trajes de luces de tardes de gloria. Sencillamente porque muy pocas veces la categoría artística no tiene nada que ver con la presencia humana de muchos ídolos de multitudes que en traje de paisano son como para echarse a correr.

Mi historia de hoy se resume en cuatro capotes que pasaron a la historia del toreo con letras de oro… Uno era el de la reaparición de Antonio Ordóñez en Málaga, cuando ya no era ni la sombra de lo que fue antes de los años sesenta. Me lo ofreció delante de todos sus acérrimos partidarios que se llevaron un gran disgusto, considerando que los hacía de menos regalándoselo a un crítico provinciano recién llegado al mundillo taurino.

Son los mismos que se escandalizaron cuando en el Hotel Astoria de Valencia me dijo Ordóñez en las fallas de 1963, cuando solo había publicado cuatro crónicas en “El Ruedo”: “tu serás la nueva gran figura de los críticos”. Estaban delante José María Jardón, Pedro Balañá, Diodoro Canorea y el viejo Pablo Chopera con Barceló empresario de Benidorm y Alicante. El viejo Chopera cortó a Ordóñez “me parece que te estás pasando. Navalón sabe mucho pero tiene todavía más peligro. No nos conviene”.

El otro capote era de Curro Romero en una tarde gloriosa de feria de Sevilla en la Maestranza donde al cabo de muchos años confesó que fue el día que mejor había toreado de capa en toda su vida. Como sería que le tocaron la música. Habíamos tenido un disgustillo por una mala interpretación de su mujer Conchita Márquez Piquer y Curro para congraciarse me regaló aquel capote histórico.

El otro pertenecía a Rafael de Paula y con él, ejecutó aquel quite por verónicas en un toro de Julio Robles, el año que se presentó a confirmar su alternativa en Madrid, después de trece años rodando por las plazas de Andalucía sin alcanzar más gloria que los cantes de los flamencos.

Aquella noche lo fuimos a ver al Hotel Wellington con toda la plana mayor de los ejecutivos de Rumasa, que me habían contratado para dar ocho conferencias en Andalucía. Eran adoradores incondicionales del gitanito rubio, con Ruiz Mateos al frente en pleno poderío social y económico antes de que el actual marido de Isabel Preysler arremetiera con la expropiación.

Aquella corte iba a llevarnos a cenar al restoran más caro de Madrid y se quedaron de piedra cuando le dije a Rafael (de Paula) que había sido una pena dar unos lances tan bonitos cambiando tanto el terreno en vez de ligarlos seguidos como lo había visto otras veces. Cuando trataban de increparme por mi osadía, Paula los aparcó: “Tiene toa la razón el de Salamanca. Otras veces he toreado mucho mejor con el capote. Lo que pasa es que en Madrid no me habían visto y le ha parecido mucho más de lo que ha sido”.

El capote de Antoñete era el de la famosa media verónica que repitieron tantas veces en Televisión, y tampoco se le hizo justicia porque otras mucho mas perfectas y más lentas. Pero fue una tarde de gloria y la gente estaba loca con el viejo del mechón. Antonio tenía entregada la plaza y cuando remató la media, los tendidos se pusieron en pie con una ovación delirante.

Luego tuve más capotes. Cada vez que los toreros venían a torear a mi casa me dejaban un capote y una muleta. Tuve capotes de Capea, Manzanares, Roberto Domínguez, El Yiyo, Julio Robles y dos muletas de Andrés Vázquez. Me quedé con la gana de conservar algo de Rafael Ortega que ha sido el que mejor he visto torear en toda mi vida y con algún recuerdo de Manolo Vázquez que cuajó una vaca mía magistralmente. Pero no hubo ocasión. De todos estos capotes el que más usé toreando fue el de Antonio Ordóñez, pero tuve que acomodarlo a mis medidas porque era como una manta. Fue Tito el mozo de espadas de Andrés Vázquez quien le cortó más de una cuarta de los bajos para poderlo manejar a mi antojo.

Ahora que recuerdo toree muchos festivales con un capote de Antonio Bienvenida que no tenía ninguna historia especial. Simplemente me lo regaló al terminar un tentadero en Huelva en la plaza de Tomás Prieto de la Cal. Una plaza que tenía un dolmen debajo del palco de invitados y donde nos tomó el pelo Miguel Litri que se quedó asando sardinas mientras nosotros pasábamos las de Caín con aquellas vacas jaboneras que se colaban por donde menos esperábamos. En uno de los atragantones de la lidia, Bienvenida me comentaba desesperado:” Con estas vacas se me ha olvidado torear ¡Ninguna va por donde la mando! “ Cuando acabó el tentadero el Litri viejo se reía de nosotros “Ahora os enterareis por qué me quedé asando sardinas”…

DESAPARECIERON

Cuando mi separación, mi difunta esposa se quedo con todo y los tres hijos se vinieron conmigo, por todo lo cual el juez me condeno por “abandono de familia” ¿Quién entiende eso si los hijos se vinieron conmigo? El caso es que la pobre señora sentía un apego especial por lo ajeno y aparte de muebles antiguos y obras de arte por valor de cincuenta millones, se quedó también con los capotes históricos, vendiéndolos por cien mil pesetas, cantidad ridícula porque todos estaban dedicados y firmados por aquellas grandes figuras. Un abogado de Madrid, amigo mío me contaba que el año siguiente pagó un anticuario doscientas mil pesetas por el de Curro Romero.

 Como estaba escrito que no conservaría nada de mi historia de crítico y torero aficionado, un día vino un torero a uno de los últimos tentaderos y al día siguiente recordé que había dejado los trastos de torear y los zahones en un burladero, habían desaparecido porque alguno de mis invitados tuvo el acuerdo de virlarmelos. Le tenía especial cariño a los zahones, hechos con todo el capricho por el maestro guarnicionero de Puebla del Río (el mismo que trabaja para los Peralta). Tenía grabados en los bordes el hierro de las ganaderías de los amigos y encima de la bragueta el mío con una leyenda que decía“Escribir y Torear”. También me robaron unas polainas repujadas que eran un primor de artesanía, a juego con unos botines de piel de becerro con la puntera puenteada en relieve.

Ahora, como hace dos años que no toreo, ya no me hacen falta pero me queda la tristeza de haber perdido aquellas joyas del arte de torear.

De Alfonso Navalón a Benítez: “Tengo un perro que se llama El Cordobés”

Por David Zamora.

La guerra abierta entre Alfonso Navalón y Manuel Benítez “El Cordobés” tuvo varios e interesantes  episodios. Hoy, voy a recordar uno que quedó por escrito en el Diario de Navarra, a principios de los 70, al enterarse Navalón que “El Cordobés” le había puesto el nombre del periodista a una cabeza de toro. Valiente como siempre, Alfonso publicó una carta abierta al torero. No tiene desperdicio y retrata muy bien lo que era uno y otro dentro de sus distintas profesiones. Decía así:

A propósito de una cabeza disecada… Tengo un perro llamado “El Cordobés”

Afamado “valeroso” y arrogante Manuel Benítez Pérez, ínclito ídolo de la España subdesarrollada y personaje de exportación para el mercado typical. Dos puntos y aparte (¿sabes Manolo? siempre conviene hacer dos puntos y aparte después de una dedicatoria sentida).

He leído en los periódicos que le vas a poner mi nombre a la cabeza disecada de uno de esos perritoros que tú matas para mayor gloria del arte del toreo. Y me emociona. Ya lo apuntabas tú sabiamente cuando te preguntaron si la chapita con el nombre iba a ser motivo de enfado. “Al revés a lo mejor alguno se siente halagado”. ¡Acertaste!

Yo estoy muy contento de saber que honras mi persona hasta el punto de tenerme en tu mundo íntimo. Me halaga saber que entre tus cosas más queridas, a una de ellas le has puesto mi nombre, cosa por otra parte justificadísima porque siempre nos gusta tener algo de lo que admiramos en los demás. Y es lógico que tú admires la honradez de un hombre que hace varios años le rechazó a tu cuñado Insúa un cheque en blanco. Y que a pesar de las amenazas y los atropellos sigue escribiendo que tú eres un payaso vestido de luces. Tú estás acostumbrado a que lleguen a darte el sablazo de unos miles de duros y luego te digan que eres “er mejor der mundo”.

Casi todos que andan a tu alrededor es por llevarse algo de tu dinero. Yo podía tener varios millones tuyos. Me los hubieras dado gustoso. Pero el pan que comen mis hijas está amasado simplemente con los sudores de un sueldo. No hay ni un céntimo tuyo. Esto en el fondo debe inspirarte un gran respeto hacia mí. Porque yo soy de las pocas cosas que tú no has podido comprar en este mundo.
En cambio a ti te alquila cualquier empresario por un millón de pesetas. O te alquila la televisión Americana por cuarenta millones de pesetas.

De ti se dice y se escribe que matas becerros afeitados, que toreas con trampa, que no sabes lidiar, que haces el salto de la rana, que contratas a otros que te sirvan de nodriza. De ti, inefable Manolo de España ¡y olé! se ha escrito de todo.

A mí como crítico se me pueden achacar muchos defectos, pero todavía no se atrevió a escribir nadie que sea un indocumentado. Ni que dé el paso atrás , ni que engañe a nadie por dinero. Con millones, Manolo, se pueden comprar avionetas, fincas y hoteles. Pero ir por la vida con la frente levantada tiene un precio muy elevado. Y eso no se compra con ningún talonario.

Te escribo desde Pamplona, ciudad abierta donde gustan los hombres valientes. Tú no puedes venir a Pamplona. Viniste dos veces y no diste la talla. Aquí no tienes peñas de admiradores ni los bares llenos de fotos tuyas. Yo tengo una peña en Pamplona, en el barrio antiguo: Una peña formada por obreros y gente llana. Aquí está el toro y tú no puedes venir porque el toro te viene ancho. Yo sí. Aquí está el toro y la gente respeta a quien lo defiende. Por eso tengo tantos amigos en Pamplona.

Comprendo tu debilidad hacia lo que no has podido conseguir, comprendo que le hayas puesto mi nombre a uno de esos objetos entrañables para ti que te ayudaron a vivir y colaboraron a alguno de tus espectáculos. Siempre se eligen nombres importantes para darle categoría a las cosas que uno considera trascendentales.

Para ti lo más importante es el perritoro que te permite mantener una notoriedad en este país tan televisivo donde tú formas parte de nuestras máximas glorias junto a Raphael, Lola Flores, Urtain y Manolo Escobar. El día que los perritoros dejen de rozar tus nalgas ya no tendrás categoría para que te dediquemos una sola línea. Serás el señor Benítez Pérez, de profesión “rico de Córdoba”.

Te agradezco ese detalle de ponerle mi nombre a una de esas cabezas disecadas. No me ofendo. Ya sabes que los españoles somos muy susceptibles con la cosa de los cuernos. Pero las cabezas de los toros que tú matas no tienen cuernos.

Otra cosa sería que pusieras mi nombre debajo de uno de Pablo Romero o del Conde de la Corte. Pero ya sabemos que esto es imposible. Si tú te vieras delante de uno de esos toros del Conde de la Corte que han salido en Pamplona te podías morir de un ataque al corazón. Y haces bien en no morirte mientras haya “torifactoreros” que te fabriquen los becerros a tu medida. Y público que te lo consienta.

Lo único que siento es no poder corresponder a tu detalle. Yo tengo en mi casa algunas cosas de valor. Tengo algunas tallas del siglo XVII y a ninguna se me ha ocurrido colocarle un chapita debajo con nombres que a veces escribo, como “analfabeto”, “indocumentado”, “ventajista”. Comprenderás que una obra de arte tiene un enorme valor afectivo como para ponerle nombres tan feos.

En cambio tengo un perro que se llama “El Cordobés”. Tengo un perro allá en mi modesta hacienda de Salamanca, donde yo empecé a torear mucho antes que tú inventaras el salto de la rana, donde me enseñaron como se ahíja un ternero mucho antes que tú compraras “Villalobillos”. Allí tengo unas ovejas y el perro en cuestión estaba destinado cuidarlas.

Pero un día llegó el señor Gonzalo el pastor, y me dijo que el perro se asustaba del lobo. Entonces se lo regalé a mi cuñada para que lo tuviera en casa. Resulta que mi cuñada no tiene hijos y el perro podía servirle de distracción. Y acerté. Resulta que el perro asustadizo que huía de lobo se envalentonaba con los gatos caseros y hacía escapar a los ratones.

Mi cuñada se divierte mucho viendo al perro asustar a los gatos. Entonces me pareció oportuno llamarlo “El Cordobés”. Y así se quedó. Pero yo no quiero que te ofendas ni pienses mal. No pienses por ejemplo, que artísticamente te comparo con este perro que se asusta del lobo. Porque tú te asustas de los toros que echan en Pamplona y haces luego heroicidades en Jaén o en Benidorm. Es que me resultaba divertido ponerle tu nombre a un animalito tan simpático.

Yo te hice siempre justicia en este aspecto. De ti se podría decir muchas cosas. Pero nadie negará que eres un tío listo y un tío simpático. Mi perro resultó listo porque en vez de andar peleándose con el lobo en las noches de invierno consiguió vivir plácidamente haciendo gracias a costa de los gatos. Y se lo pasa tan ricamente.

Espero que te sientas halagado con esta gentileza mía. Yo tenía un perro, me resultó simpático y le puse “El Cordobés”. Ya somos casi compadres. ¡Vaya mi perro por tu cabeza!

Twitter @Twittaurino

El Bardo y El Vito – Sin Tapujos: El Trapío en el Toro, la Percha en el Torero.

image

Bardo de la Taurina.

El trapío viene siendo en el toro  la imagen  luminosa proyectada por el espécimen y aquí viene bien aclarar, que el trapío no necesariamente tiene que ver con la edad, siempre y cuando ésta sea la adecuada para cada fin, es decir; novillos pa’ novilladas y toros pa’ corridas de toros, y decir que   como la belleza  es subjetiva, así lo es el trapío, más la cereza  siempre lo será la pulcritud de las arboladas pues jamás se podrá considerar a un burel pleno de trapío cuando sus cornamentas hayan sido serruchadas, disminuidas o degradadas  y que conste que no con ello estoy diciendo que el toro ‘peluqueado’ no dé cornadas, lo que estoy diciendo es que el trapío siempre debe de ser tal cual lo ofrece la naturaleza del animal comenzando por lo más preciado que lo son los diamantes (¿?) las puntas de los cuernos pues, así que no permitamos que se los roben al toro porque entonces esto se volvería una nota no brava sino roja, en donde se  reseña todo lo que es fraudulento, como también lo es aquel burel que salta a la arena avalado por una cartilla de nacencia alterada o presumiendo de unos kilos de más en la pizarra.

Y ya que ando metido en eso de la belleza ¿o será en la estética? Me viene aquello que dice el estilista de los pinceles el maestro Reynaldo Torres, que a él desde la dualidad de taurino y pintor, le gustan los torero que irradian guapura y siempre cita la percha que se cargaba  ese maestro pinturerísimo como el que más, que lo fue Luis Procuna y ya encarrerado que decir de  los auténticos Adonis de luces como lo fueron Rodolfo Gaona, Gregorio García, Antonio Lomelín, Adolfo Guzmán, personajes a  quien recomiendo les echen un ojo  algunos matadores abarrilados y también a varios novilleros y subalternos los que en vez de desprender arte desprenden botonazos chalequeros y hasta de braguetas y que nadie me diga que esto es discriminación , porque lo que es, es exceso de kilos.

Asentado lo anterior creo que estamos viviendo por momentos y en algunas plazas una fiesta arrevesada donde al toro le falta trapío y a los que lo torean les sobra báscula.

El Trapío por Víctor José López EL VITO

Constantemente escuchamos los inconvenientes que surgen para interpretar el léxico taurino. Para muchos, una barrera insalvable, cuando la realidad de lo que ocurre es que nuestro vocabulario es sumamente semiótico, una relación explícita entre el hablante y el oyente. Como ocurre en el campo bravo, donde una sola palabra es capaz de graficarle a quien se dirige el mensaje a qué toro se refiere el vaquero, o el mayoral en caso que el receptor sea el ganadero. Además, nos referimos a un espectáculo anacrónico, y teniendo en cuenta su solera, debemos considerar que muchas de sus expresiones son tan antiguas como la exigencia misma de la fiesta de los toros. Actividad de castizas raíces en sus orígenes idiomáticos.

El caso de la palabra “Trapío”, del que hablaremos hoy por mandato de El Bardo de la Taurina, es una palabra que hasta confunde a los más avezados.

La metáfora es un recurso permanente en los toros, muy especial en el caso de la descripción de las reses como cuando se refiere el vaquero al toro “chorreado en verdugo” o “chorreado en morcillo”, se refiere el hombre a ese astado que sobre su piel chorreras que se distinguen entre el resto de su cuerpo por ser más oscura. Se asemejan a las ropas sucias y desteñidas de los verdugos, personajes que fueron terriblemente populares.

El del “chorreado en morcillo” es lo contrario, pues sus chorreras serán más claras que el resto del cuerpo y le recordaron a quien distinguía aquellos astados a las morcillas.

En Venezuela, el toro “Pato real” es el toro bragado en España, y es que el vaquero del llano está muy familiarizado con los patos reales que llenan las lagunas de las sabanas de nuestros llanos en época de lluvias, y eso de “bragas” no le es familiar.

Como estos, cientos de ejemplos. Donde la puerca tuerce el rabo es en cuestiones de “trapío”, donde varía el criterio entre profesionales de la veterinaria, autoridades taurinas, veedores de toros, ganaderos, aficionados y periodistas. Nosotros, en un intento de acercarnos a una verdad intentaremos responder el encargo bardiano de don Arturo López Negrete.

El siempre recurrido Larousse nos habla de “gracia de una mujer en sus movimientos”; y agrega “conjunto de cualidades que debe poseer el toro de lidia”.

Entendiendo que “cualidad” es una de las características que distinguen a las personas. No estamos descarriados. Echamos mano a la metáfora, una vez más.

La doctora María Moliner,salvavidas de quienes nos extraviamos en el océano de palabras que es nuestra maravillosa lengua castellana, considera que “Trapío” es una palabra de origen portugués, adoptada como metáfora al referirse al “garbo y la gracia con la que se mueve una mujer”. Y Moliner agrega: “Gallardía y buena planta del toro de lidia”.

Su expresión reuniría cualidades morfológicas, más en ninguna parte se entendería que debe tener un determinado peso o volumen; y estos, el peso y el volumen, son los recursos permanentes de quienes carecen de capacidad de apreciación para distinguir individuos en la diversa variedad que tiene el bosque del toro de lidia.

Lo del portugués no es una travesura de relación semiótica-semántica. “Velamen” es, amable y paciente lector, el conjunto de lonas que por piezas se sostienen en los palos de los barcos, de aquellos que trajeron desde España a nuestros valles y montañas, los toros y las vacas que formaron los rebaños de los toros de lidia en América. Lonas sobre las que la fuerza de los vientos hará presión al inflarlas, para impulsar las naves sobre las aguas.

El velamen en la barca, como el trapío en el toro de lidia influye en su aspecto. Tanto que, el trapío, llega a ser característica de cada variedad en el toro de lidia. Cada una de las cinco castas fundacionales, que dieron origen al actual toro de lidia, aportó características muy particulares como la casta Jijona, toros voluminosos y astas muy desarrolladas, y de pelo colorado encendido, que contrastaban antiguamente con los toros Navarros, pequeños de tamaño, cabeza pequeña, son chatos, tienen los ojos grandes y saltones, cuello corto y ancho y cuerpo pequeño. Este ganado fue traído a Sudamérica por los dominicos al Ecuador, y por los jesuitas para cuidar sus misiones en el Paraguay.

Su transporte fue menos complicado que el de otras variedades, por su tamaño. Cumplía el toro bravo función de celador, pues para el nativo este herbívoro agresor era una terrible novedad.

Un buen aficionado, como en sus días lo hacía el joven José Chafik Hamdan, debe especializarse en el trapío de los encastes. El caso del Saltillo de Llaguno, como con gran acierto lo distingue el gran investigador Luis Niño de Rivera, nada tiene que ver con el Saltillo de Alonso Moreno de la Cova o con el toro de Victorino Martín, ese remozado toro del Marqués de Albaserrada.

Exigirle volumen y romana, de un Conde de la Corte a un Santacoloma, más que una majadería es una crasa manifestación de ignorancia.
Igual que ocurrió en la Inquisición, la ignorancia será más devastadora en la cabaña brava que la más terrible de las pestes.

Twitter @Twittaurino

Pachuca: ¿Es esta la fiesta que pretendemos defender?

20131021-064149 a.m..jpg

Por EL VITO.

¿Es la fiesta que defendemos la que ayer se celebró en Pachuca?

No lo creo.

Haber sido testigos del espectáculo de los escuálidos erales lidiados en la Vicente Segura es, para cualquier aficionado con un mínimo de sensibilidad, una humillación.

Si tuvimos expectativa por ver lidiar los famosos toros de Medina Ibarra, decepcionados nos sentimos al ver esas miniaturas carentes de pitones, salir a la arena hidalguense.

Con razón el público no respaldó con su presencia este pobre espectáculo, una mojiganga que se le brinda a quien se pretende tomarle el pelo.

La presentación de Iván Fandiño, que cortó tres orejas, dos de ellas en toro de regalo de un novillote de La Venta del Refugio, no ha respondido a la altura que se espera de este torero mil veces probado ante toros de a de veras.

El buen torero que es Arturo Macías, desluce ante los liliputienses astados de Medina Ibarra, y Sergio Flores se vio desacoplado y de espaldas a lo que México sabe que puede ser.

No, esta no es la Fiesta por la que valdría quebrar lanzas por su defensa.