Archivo de la etiqueta: David Silveti

CATORCE AÑOS DEL ADIÓS DE DAVID SILVETI 

David, sigue siendo El Rey.

Por El Vito.

HACE 14 AÑOS años estando en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco,  recibí una llamada desde España. Era Margarita Núñez, hermana de mi carnal Federico, que allá en Alicante se había enterado de la trágica muerte de mi querido David Silveti. Había partido allá en el Rancho de Juan, allá donde de niño vivió ilusiones, sueños y se arropó con el calor del amor de Doreen y de Juan, con la cobija de la admiración y el fervor eterno de la afición taurina universal.

Hoy sus admiradores le recordamos al muy querido amigo, al torero que seguimos en su sinuosa marcha plena de contratiempos, contradicciones, desilusiones y desesperanzas. A pesar de todo apoyándole en la distancia que existe entre el estar y el haberse ido.

A David le valían madre los trofeos. Por eso no recogió el premio Domecq por su destacada temporada en la monumental Plaza México. Prefirió irse, sin que lo llamaran. Y sin decir adiós, sólo habiendo expresado su reflexión de la vida y de la muerte, se fue a la chingada.

Su idea del toreo y de la amistad era otra, muy distinta al mercadillo en el que han convertido la fiesta de los toros.

Un día, toda una tarde en la barra de La Ópera, la madrugada en el Salón Luz de la esquina con Gantes y buena parte de la mañana, allá en La Marquesa, en casa de Manolo Arruza, nos trenzamos con Chucho Solórzano, el propio Arruza y  Manuel Capetillo en la diatriba infinita del concepto del toreo.

Continuamos una vieja conversación que iniciamos en La Albahaca, allá en los Jardines de Murillo en Sevilla, cuando repasaba su existencia y dudaba ante la incertidumbre del presente que le impedía, abrumado, soñar con el futuro.

Eran los mismos preceptos que marcaban el ritmo de cada latido su corazón, que marcaron su paso por la fiesta de los toros imprimiéndole un marcado dejo de surrealismo, ante los excesos que le presentaba el reto de la realidad.

David Silveti, que partió por voluntad propia el miércoles 12 de noviembre en su rancho de Salamanca, en el Guanajuato cantado por José Alfredo y exaltado en el valor de sus toreros, fue el depositario de cien volcanes en erupción. El sentido del toreo en el silvetismo, es lava ardiente que convierte en volcán a Diego su hijo, de quien hoy David estaría plenamente orgulloso.

Es, como le confesó el propio David un día a Carlos Ruiz Villasuso e tras un burladero en el callejón de La Maestranza “siempre toreo al borde de la cornada”.

Sentencia necrófila, que desnudó una actitud ante el toreoLa misma desnudez que ha provocado la expresión de Juan José López Luna, en la afirmación que David Silveti fue “el último de los toreros mexicanos que provocaba en el ánimo de los aficionados el miedo, la emoción, la alegría y el llanto”.

Le importaban madre los trofeos, y por ello prefirió emprender el viaje eterno, antes que ir a la Ciudad de México y en aburrida velada, entre falsos sentimientos plenos de lugares comunes recibir el trofeo a La Mejor Faena de La Temporada.

Aquella tarde de la faena histórica de esta temporada en la Plaza Monumental México, la gente sintió miedo de David.

Hubo emoción y alegría y también llanto. Llanto de hombres grandes, que recuerdan la anécdota del nieto con el abuelo, que lloraba viendo torear a Rodolfo Gaona,  la tarde del adiós para no volver en El Toreo de La Condesa.

Gaona, archirrival de su abuelo Juan Silveti, era ídolo de toda una generación de mexicanos que vieron en “El Meco” encarnada la respuesta al reto como nación.

El niño, al que educaban con la reciedumbre de los conceptos de los hombres machos de a de veras, increpa al viejo y le pregunta. ¿Pero no y que los hombres machos no lloran abuelo? A lo que el viejo, le contestó: Es que el que se va es Gaona, hijo; y como Rodolfo no hay.

El llanto de aquel abuelo se convertiría en grito de guerra de La Porra Libre, que a coro aún le grita a los toreros “Manolo, Manolo ¡Y ya!” para echarlos del coso de Insurgentes, reconociendo a Manolo Martínez como único heredero de la lava volcánica de los volcanes en erupción de la fiesta mexicana: Gaona, Armillita, Garza, Arruza,  Silverio y David Silveti.

Pero, vea usted por dónde busca la historia la salida al ardiente cauce del río volcánico de la pasión del toreo. Una tarde  guadalupana, fresca tarde de diciembre en la Plaza México, estando con Pedro Echenagucia le vimos escribir una de las páginas más importantes que se han grabado sobre la arena mexicana.

Lleno impresionante, toros de don Fernando de la Mora para Antonio Lomelín, que sustituía a Manolo Martínez, Miguel Espinosa “Armillita Chico” y David, que reaparecía en la plaza grande.

Lomelín realizó una faena heroica, al primero de Tequisquiapan, y Miguel cuajó un faenón con Flor India, un gran toro que tuvo la fortuna de caer en manos de un gran torero. Fue la de Armillita una de esas faenas hermosas, encajada en el sentido plástico que Miguel siempre supo imprimirle a su toreo.

David provocó aquella tarde la emoción, el miedo y el llanto en sus dos toros.

Inolvidable su vestido rosa guadalupano, orgullosamente erguido, desmayando los lances “al borde de la cornada”. Nada estridente. Todo lo contrario. El sublime desnudo entre la vida y la muerte. La plaza de Insurgentes rugió a cada lance, a cada pase, a cada paso y en cada instante de la intensa entrega de David Silveti con los cárdenos de don Fernando. Nunca antes había escuchado al monstruo rugir de esa manera. Pedro Echenagucia, con los ojos  húmedos en llanto me confesó, “Este es el toreo que yo soñé; ni en Sevilla he vivido tan intensamente la fiesta de los toros”.

A David, que le importaba madre cualquier trofeo, le causó gracia cuando Miguel Espinosa, con el cariño fraternal que le profesaba a David, y su gracia expresiva le dijo, “Mamón, se te fue un rabo por la espada”.

David Silveti reunió en su expresión de torero todas las lavas de todos los volcanes del México taurino. Lavas de aquellos fuegos que le quemaban el corazón cuando nos encontramos en Sevilla, habiendo quemado las naves por hacer campaña en España. Vivió cientos de noches tristes y no una como el conquistador Hernán Cortés.

Ese fuego que reunió como líder de una generación, la quinta de Curro Rivera, Carlos y Manolo Arruza. Humberto Moro. Chucho y los Cuates Solórzano. Manolo, Fermín y Miguel Espinosa, los “Armilla”. Jorge Gutiérrez, Alfredo Gómez “Brillante”.

Los Calesero, Alfonsito, José Antonio y el Curro Calesero. Entre todos fue él el más mexicano en su expresión y en su sentir que resumiríamos un poco en la frase de Cantú, cuando en su tesis martinista resume el toreo de México en el título “Muerte de azúcar, la sustancia taurina mexicana”.

No ha sido dulce la partida de David, para nadie y menos para Juan su padre, mi amigo. Torero de recia expresión universal. Hombre de fuerte personalidad, soñador y bohemio. Jugador y legendario. Torero integral.

Debo confesar que con la partida de David, me duele más el dolor de Juan que cualquier otro. “Mi David”, así lo llamaba cuando le conocí en Caracas, aquella tarde de finales de los setenta cuando toreó toros de Garfias en el Nuevo Circo. “Mi David -le decía a Curro Girón -te va a partir la madre, porque es que tiene mucha clase. Te lo prometo”.

Curro Girón, un monstruo de la historia y de la amistad, reía de la fuerte chanza del Tigrillo, y me comentaba “¡Cómo seré de grande que toreé con el padre, el hijo y el espíritu santo de los Silveti!

Anuncios

REQUIEM POR UN REY

La feria de San Isidro 2016, en la capital española, incluyó por sexta ocasión en el cartel inaugural, a un torero mexicano. Fue el pasado sábado 14 de mayo cuando el hijo de David Silveti Barry demostró de que está hecho como torero.

Jamás he asistido a una plaza de toros a contar orejas y rabos, como aficionado irredento. Un pase, un puyazo, un par de banderillas, una estocada, un quite o un desplante me paga la tarde; mucho menos cuando veo las faenas por televisión, como en este caso, desde la comodidad del hogar.

Diego Silveti del Bosque tiene un largo camino por recorrer, para emular a su padre, abuelo y bisabuelo, especialmente para los autodenominados conocedores de mi generación, que esperan ver en él, la resucitación de su progenitor, como es mi nostálgico caso, pero se ha ganado mi corazón y respeto por su raza.

El “Rey” David nació en el Distrito Federal el 3 de octubre del año 1955, arrancó como becerrista a mediados de los 60’s y fue un novillero por demás destacado, recibiendo la alternativa el 20 de noviembre del 77 de manos de “Curro” Rivera como padrino, atestiguando la ceremonia “Manolo” Arruza en la Plaza Revolución en Guanajuato,  confirmado el 7 de enero del 79 en “la México” con Manolo Martínez y Eloy Cavazos, donde sufrió la primera de las incontables afectaciones en la rodilla que lo persiguieron a lo largo de toda su deslumbrante carrera, confirmando en “Las Ventas” madrileñas el quinto mes del año de 1987, el día 24, al lado de Nimeño II y Tomás Campuzano, siendo el único mexicano –hasta hoy– en matar toros de su país en su bautizo taurino en tierras españolas.

Fue una figura indiscutible, la verticalidad de su tauromaquia, su clase, su elegancia natural, su porte no tenía parangón, se decía que “David torea con un hierro en la pierna y otro en el corazón” y así era, así se sentía, por su valor inconmensurable, por la emotividad de su presencia, por su absoluta y total entrega. No pisé la Plaza más grande del mundo sino hasta principios de los noventas, cuando fue reabierta con un cartel inmejorable, las tres figuras de la década; “Curro” Rivera, Mariano Ramos y David Silveti, la sola algarabía de estar ahí por vez primera era por demás suficiente, sin embargo quien me pagó la tarde fue el “Rey” y lo hizo con creces al cortar la única oreja del festejo e increíblemente por una estocada perfecta, algo que nunca volvió a realizar.

El último rabo de su vida lo cortó en Tijuana a principios de este siglo, cuentan los asistentes que fue la tarde soñada, que nunca había toreado de esa forma, tocando el cielo y conmoviéndose y conmoviendo hasta las lágrimas a la mayoría de los felices concurrentes, finalizo su vida taurina con dos sublimes faenas en su plaza “La México” en enero y febrero de 2002.

Debo haberlo visto en el ruedo unas dos docenas de veces continuamente conquistador, perturbador, impresionante, lleno de sensibilidad y emotividad, fuera de la plaza era todo un caballero de porte aristocrático y una simpatía desbordante, accesible y amable, con una sonrisa cautivadora, seductora y la franqueza y alegría de sentirse pleno como artista, como persona, como ser humano realizado.

La tristeza que lo invadió al saber, que por las dolencias físicas, no volvería a portar el traje de luces, llevó a David Silveti Barry a la decisión más trágica de su vida el 12 de noviembre del año 2003 –con menos de 50 años– terminando con su existencia en esta tierra y dando paso a la leyenda que seguirá iluminando a su ilustre como esperanzadora estirpe.

Hasta siempre.

Fuente:zetatijuana.com

Ocho con Ocho: Inolvidable Por Luis Ramón Carazo

imageEn la presentación de los carteles de la temporada que significará la del aniversario 70, de la inauguración de La México el próximo 5 de febrero de 2016, los cuales están circulando profusamente en todos los medios, uno de los tantos recuerdos que se me vinieron a la mente fue que David Silveti el 3 de octubre de 2015 cumpliría 60 años de nacido, quién es uno de los toreros más importantes en su historia, viendo a su hermano Alejandro y a su hijo Diego me entró la nostalgia.

También un  video muy bien documentado que presentó Heriberto Murrieta sobre la historia resumida de la Monumental y previo a la presentación de los festejos de Rafael Herrerías.

De pronto se me estrujó el alma al ver una fotografía en la que con el marco de La México llena hasta el reloj;  Curro Rivera, Paco Malgesto y mi papá José Luis Carazo Arenero posaron antes del inicio de alguna corrida de los setenta del siglo pasado.

Así las cosas (ya habrá tiempo de analizar los carteles y sus integrantes) me parece oportuno recordar que David nació en la Ciudad de México y falleció en Salamanca, Guanajuato, en 2003 sus antepasados matadores de toros fueron  tanto su abuelo Juan conocido como El Meco y otros apodos; su padre Juan el Tigrillo; su hermano Alejandro y ahora sigue la dinastía con Diego.

En aquel tiempo platiqué con David de su tauromaquia que utilizaba tres conceptos filosóficos para sustentarlo; la ética, conjunto de principios y normas que nos rigen; la estética que nos impulsa a lo bello y la patética que tiene relación con lo conmovedor.

Cuando se presentó de novillero en La México el 29 de junio de 1975 lo hizo con El Brillante que se fue en hombros y Carlos Serrano El Voluntario con novillos de Jesús Cabrera; recibió la alternativa el 20 de noviembre de 1977 en Irapuato, su padrino fue Curro Rivera y su testigo, su gran amigo, Manolo Arruza.

Cuando confirmó su alternativa en La México teniendo por padrino a Manolo y de testigo a Eloy empezó el calvario de  lesiones en sus rodillas el 7 de enero de 1979. Primero confirmó en Madrid en 1987 y posteriormente habiendo pasado ya su concepto de tauromaquia académica a dramática, reapareció el 28 de mayo de 1989, para enloquecer a la afición capitalina al ser testigos de la transformación como torero de quién sería uno de sus máximos ídolos.

Su tauromaquia en la línea de Manolete, fue uno de los motivos de inspiración para el toreo de José Tomás quién a su vez parece tener continuación entre otros en López Simón y el peruano Roca Rey.

Con Jorge Gutiérrez fueron de los últimos toreros mexicanos que provocaron grandes entradas por su rivalidad en los ruedos, Jorge encimado en los toros  y David con toreo paralelo, acompañados por la maestría de Mariano Ramos y la calidad de Miguel Espinosa; en los primeros años de los noventa llenaban de bote en bote las plazas.

Después de varios años de tratamiento médico y retirado de los toros, reapareció el 27 de julio de 2002 para hacer una memorable campaña en la que poco a poco hilvanó faenas históricas como la de Mar de Nubes de Fernando de la Mora el 12 de enero de 2003 o la de Solitario de Julio Delgado el 2 de febrero de 2003, última vez que actúo en La México.

David se expresó en el ruedo con el sentimiento que acompaña a quién se sometió a más de 40 operaciones para poder hacerlo y además de aguantar alrededor de 13 años recuperándose para ejercer su profesión.

El toreo es un instante efímero de belleza y en la memoria nos dejó muchas escenas inolvidables el bautizado por el público como Rey David. En lugar de arpa como el legendario monarca judío, usó el capitalino capote y muleta para crear belleza.

Al relance un guiño a su entrañable memoria.

Diego Silveti: Paciencia y fidelidad, dos elementos claves en su temporada 2014.

001

De SOL y SOMBRA.

Su paciencia y la fidelidad al sitio que lo ha colocado el público, permiten a Diego Silveti disfrutar de su profesión aunque no lo haga siempre vistiendo de luces.

“Esto es así, la situación para los toreros extranjeros en España no está siendo fácil, sin embargo yo no dejo de entrenar, de matar toros a puerta cerrada y de mantener nuestra estrategia de no torear por torear”, aseguró Silveti, vía telefónica desde España.

José María Garzón, apoderado del torero guanajuatense, dio a conocer cinco compromisos que tiene Diego a partir de este domingo en diferentes plazas europeas.

“Agosto es un mes en el que la actividad se intensifica, las oportunidades se abren ya que en estos momentos las ferias importantes están siendo acaparadas por las figuras y a los toreros que estamos emergentes nos cuesta más trabajo entrar en muchos carteles”, apuntó Silveti.

Tras sus actuaciones en Sevilla y Madrid, donde se destacó la determinación del mexicano, poco se ha podido torear.

“Aunque fueron actuaciones importantes, no hubo un triunfo sonoro y eso también afecta”, reconoció con honestidad el joven matador.

El matador mexicano espera sumar 15 corridas de toros para finalizar el año en Europa.

“Afortunadamente hemos mantenido el paso desde novillero de ser uno de los extranjeros que más torea por acá. Y ya estamos viendo la temporada mexicana a la que también le traigo muchas ganas”, añadió.

De nuevo de luces

Diego Silveti actuará, por lo pronto, en cinco diferentes escenarios europeos en 20 días:

Agosto 3, Íscar, Valladolid
Toros: Sánchez Arjona
Alternantes: “El Cordobés” y Juan José Padilla

Agosto 5, Villanueve de Marsan, Francia
Toros: Domínguez Camacho
Alternantes: Thomas Dufau y Juan Leal

Agosto 15, Briviesca, Burgos
Toros: Sancho Dávila
Alternantes: Uceda Leal y “El Cordobés”

Agosto 16, Cebreros, Ávila
Toros: Jaralta
Alternantes: Uceda Leal y Rubén Pinar

Agosto 24, Marbella, Málaga
Toros: La Monjas
Alternante: Juan Bautista

Twitter @Twittaurino

Via: http://www.am.com.mx/notareforma/60174

Diez años del adiós de David.

foto_noticia13875

Por El Vito.

HACE 10 AÑOS años estando en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco,  recibí una llamada desde España. Era Margarita Núñez, hermana de mi carnal Federico, que allá en Alicante se había enterado de la trágica muerte de mi querido David Silveti. Había partido allá en el Rancho de Juan, allá donde de niño vivió ilusiones, sueños y se arropó con el calor del amor de Doreen y de Juan, con la cobija de la admiración y el fervor eterno de la afición taurina universal.

Hoy sus admiradores le recordamos al muy querido amigo, al torero que seguimos en su sinuosa marcha plena de contratiempos, contradicciones, desilusiones y desesperanzas. A pesar de todo apoyándole en la distancia que existe entre el estar y el haberse ido.

A David le valían madre los trofeos. Por eso no recogió el premio Domecq por su destacada temporada en la monumental Plaza México. Prefirió irse, sin que lo llamaran. Y sin decir adiós, sólo habiendo expresado su reflexión de la vida y de la muerte, se fue a la chingada.

Su idea del toreo y de la amistad era otra, muy distinta al mercadillo en el que han convertido  la fiesta de los toros.

Un día, toda una  tarde en la barra de La Ópera, la madrugada en la cantina  La Luz de la esquina con Gantes y buena parte de la mañana, allá en La Marquesa, en casa de Manolo Arruza, nos trenzamos con Chucho Solórzano, el propio Arruza y  Manuel Capetillo en la diatriba infinita del  concepto del toreo.

Continuamos una vieja conversación que iniciamos en La Albahaca, allá en los Jardines de Murillo en Sevilla, cuando repasaba su existencia y dudaba ante la incertidumbre del presente que le impedía, abrumado, soñar con el futuro.

Eran los mismos preceptos que marcaban el ritmo de cada latido su corazón, que marcaron su paso por la fiesta de los toros imprimiéndole un marcado dejo de surrealismo, ante los excesos que le presentaba el reto de la realidad.

David Silveti, que partió por voluntad propia el miércoles 12 de noviembre en su rancho de Salamanca, en el Guanajuato cantado por José Alfredo y exaltado en el valor de sus toreros, fue el depositario de cien volcanes en erupción. El sentido del toreo en el silvetismo, es lava ardiente que convierte en volcán a Diego su hijo, de quien hoy David estaría plenamente orgulloso.

Es, como le confesó el propio David un día a Carlos Ruiz Villasuso e tras un burladero en el callejón de La Maestranza “siempre toreo al borde de la cornada”.

Sentencia necrófila, que desnudó una actitud ante el toreoLa misma desnudez que ha provocado la expresión de Juan José López Luna, en la afirmación que David Silveti fue “el último de los toreros mexicanos que provocaba en el ánimo de los aficionados el miedo, la emoción, la alegría y el llanto”.

Le importaban madre los trofeos, y por ello prefirió emprender el viaje eterno, antes que ir a la Ciudad de México y en aburrida velada, entre falsos sentimientos  plenos de lugares comunes recibir el trofeo a La Mejor Faena de La Temporada.

Aquella tarde de la faena histórica de esta temporada en la Plaza Monumental México, la gente sintió miedo de David.

Hubo emoción y alegría y también llanto. Llanto de hombres grandes, que recuerdan la anécdota del nieto con el abuelo, que lloraba viendo torear a Rodolfo Gaona,  la tarde del adiós para no volver en El Toreo de La Condesa.

Gaona, archirrival de su abuelo Juan Silveti, era ídolo de toda una generación de mexicanos que vieron en El Meco encarnada la respuesta al reto como nación.

El niño, al que educaban con la reciedumbre de los conceptos de los hombres machos de a de veras, increpa al viejo y le pregunta. ¿Pero no y que los hombres machos no lloran abuelo? A lo que el viejo, le contestó: Es que el que se va es Gaona, hijo; y como Rodolfo no hay.

El llanto de aquel abuelo se convertiría en grito de guerra de La Porra Libre, que a coro aún le grita a los toreros “Manolo, Manolo ¡Y ya!” para echarlos del coso de Insurgentes, reconociendo a Manolo Martínez como único heredero de la lava volcánica de los volcanes en erupción de la fiesta mexicana: Gaona, Armillita, Garza, Arruza,  Silverio y David Silveti.

Pero, vea usted por dónde busca la historia la salida al ardiente cauce del río volcánico de la pasión del toreo. Una tarde  guadalupana, fresca tarde de diciembre en la Plaza México, estando con Pedro Echenagucia le vimos escribir una de las páginas más importantes que se han grabado sobre la arena mexicana.  Lleno impresionante, toros de don Fernando de la Mora para Antonio Lomelín, que sustituía a Manolo Martínez, Miguel Espinosa “Armillita Chico” y David, que reaparecía en la plaza grande.

Lomelín realizó una faena heroica, al primero de Tequisquiapan, y Miguel cuajó un faenón con Flor India, un gran toro que tuvo la fortuna de caer en manos de un gran torero. Fue la de Armillita una de esas faenas hermosas, encajada en el sentido plástico que Miguel siempre supo imprimirle a su toreo.

David provocó aquella tarde la emoción, el miedo y el llanto en sus dos toros.

Inolvidable su vestido rosa guadalupano, orgullosamente erguido, desmayando los lances “al borde de la cornada”. Nada estridente. Todo lo contrario. El sublime desnudo entre la vida y la muerte. La plaza de Insurgentes rugió a cada lance, a cada pase, a cada paso y en cada instante de la intensa entrega de David Silveti con los cárdenos de don Fernando. Nunca antes había escuchado al monstruo rugir de esa manera. Pedro Echenagucia, con los ojos  húmedos en llanto me confesó, “Este es el toreo que yo soñé; ni en Sevilla he vivido tan intensamente la fiesta de los toros”.

A David, que le importaba madre cualquier trofeo, le causó gracia cuando Miguel Espinosa, con el cariño fraternal que le profesaba a David, y su gracia expresiva le dijo,” Mamón, se te fue un rabo por la espada”.

David Silveti reunió en su expresión de torero todas las lavas de todos los volcanes del México taurino. Lavas de aquellos fuegos que le quemaban el corazón cuando nos encontramos en Sevilla, habiendo quemado las naves por hacer campaña en España. Vivió cientos de noches tristes y no una como el conquistador Hernán Cortés.

Ese fuego que reunió como líder de una generación, la quinta de Curro Rivera, Carlos y Manolo Arruza. Humberto Moro. Chucho y los Cuates Solórzano. Manolo, Fermín y Miguel Espinosa, los “Armilla”. Jorge Gutiérrez, Alfredo Gómez “Brillante”. Los Calesero, Alfonsito, José Antonio y el Curro Calesero. Entre todos fue él el más mexicano en su expresión y en su sentir que resumiríamos un poco en la frase de Cantú, cuando en su tesis martinista resume el toreo de México en el título “Muerte de azúcar, la sustancia taurina mexicana”.

No ha sido dulce la partida de David, para nadie y menos para Juan su padre, mi amigo. Torero de recia expresión universal. Hombre de fuerte personalidad, soñador y bohemio. Jugador y legendario. Torero integral.

Debo confesar que con la partida de David, me duele más el dolor de Juan que cualquier otro. “Mi David”, así lo llamaba cuando le conocí en Caracas, aquella tarde de finales de los setenta cuando toreó toros de Garfias en el Nuevo Circo. “Mi David -le decía a Curro Girón -te va a partir la madre, porque es que tiene mucha clase. Te lo prometo”.

Curro Girón, un monstruo de la historia y de la amistad, reía de la fuerte chanza del Tigrillo, y me comentaba “¡Cómo seré de grande que toreé con el padre, el hijo y el espíritu santo de los Silveti!