Archivo de la categoría: Fallas 2017

Opinión: Y si no, que lo quiten… Por Fernando Fernández Román

Resultado de imagen para PASMOSO LOPEZ SIMON

Tengo para mí, que el indulto del toro de lidia durante la misma es cosa buena. Buena, obviamente, para el propio animal –se libra del fin de su existencia, que no es poco–, para el ganadero que lo ha criado –es un bien gratuito que se incorpora a la cadena reproductora de su industria pecuaria–, para el torero que ha disfrutado de la excelencia de su comportamiento y para el público, que ha gozado con tan afortunado y feliz encuentro. Item más: sirve de regalo argumental para mostrar a la fiel y feroz infantería antitaurina que los aficionados y los profesionales no vamos a la Plaza sedientos de sangre y de muerte, sino a presenciar la expresión de un arte fugaz y dinámico y, a la vez, a reconocer –y premiar hasta su más gratificante consecuencia– los valores biológicos del principal elemento que lo permite.

Por tanto, son muchas las razones por las que el indulto del toro bravo debe estar presente en el desarrollo de los festejos taurinos, y sin embargo creo, también, que su regulación reglamentaria es un caos en toda regla, un galimatías que induce a polémicas a veces furibundas o a controversias del más variado jaez.

Para empezar, hemos de tener en cuenta que en las corridas de toros el público es especial. Muy especial. Hay un sector –más o menos amplio, dependiendo del escenario—que se acomoda en el tendido con un premeditado afán fiscalizador, no como mero expectante espectador, como ocurre en el resto de los espectáculos públicos del mundo.

Y es que el todo aquél que se tiene por aficionado a los toros se procura apartar del insidioso colectivo del público en general, para alistarse en el grupo de elite que juzga a todo bicho viviente –tanto racional como irracional– que se da cita en el ágora del gran teatro del mundo que es la plaza de toros.

Vistas así las cosas, y a tenor de que es el público en general quien está facultado para solicitar el perdón de un semoviente condenado de antemano a muerte, el hecho de indultar a un toro bravo se ha convertido en cuestión altamente peliaguda, controversia permanente y rifirrafe interminable en el que se emplean esgrimas dialécticas de muy variada argumentación que, sin embargo, como ocurre con el mareo de la perdiz en el rastrojo de la vaciedad, se acaba disparando a tenazón y errando el tiro.

Convendría regularizar más y mejor la cosa del indulto. Armonizar su existencia. Dejar bien claro cuándo y por qué un toro bravo debe ser patrimonio vitalicio de su especie; pero sobre todo, tomar en cuenta las circunstancias que concurren en el desarrollo del arte del toreo y, en general en la Tauromaquia contemporánea, porque si la piedra de toque principal para optar al indulto es la suerte de varas, también esta suerte debería ser la principal de la lidia, como ocurría hace más de un siglo. Pero no lo es. Para que lo fuera, debería sufrir una remodelación drástica, un planteamiento acorde con las exigencias actuales, empleando un caballo y un peto protector radicalmente opuesto al percherón y al colchón enorme –Cañabate decía que eran sofás del Rastro– que conforman el mazacote del que emerge el picador, en muchos casos poco avezado en el manejo de la rienda y la garrocha. Entonces, el toro pelearía en condiciones de igualdad más razonables y se podrá apreciar mejor su reacción ante el primer castigo extroversor de la lidia.

A partir de este hecho, si la suerte de varas sigue siendo el parámetro sine qua non para optar al indulto, el toro lo tiene crudo, las polémicas no cesarán jamás y los censores no dejarán títere con cabeza.

Ahora bien: ¿Queremos que la polémica sea permanente bastión de la Tauromaquia? ¿La sal y pimienta de la Fiesta? Pues entonces déjese como está estipulado el indulto, es decir, que lo pida el público y entren en consenso torero y ganadero, para que el presidente no tenga más remedio que claudicar, aunque sea contra su propio criterio.

Por los motivos muy arriba expresados, aquí, al firmante, el indulto del toro de lidia le parece algo muy necesario, diría imprescindible. Tal como está la ganadería brava española –y la de otros lugares del mundo ni les cuento—dilapidar una fuente de sangre brava me parece un disparate, un despilfarro intolerable. Pero que alguien se lo piense más y mejor, y se regule con sentido común. Que se elimine la absurda prohibición –saltada a la torera constantemente, por cierto—de no permitirlo en plazas de tercera categoría. ¿Quién es quién para matizar el emplazamiento de la muerte? ¿Quién es quién para darles categoría a los públicos, según el censo de la población y el aforo de la Plaza donde tiene lugar el festejo? ¿Pero qué discriminación es esta? ¿Qué culpa tiene el toro de la designación de su último destino?

A mayores, habrá que justipreciar la labor del torero en todos los tercios de la lidia que es algo intrínsicamente subjetivo, por naturaleza. Hay toros que tienen mala suerte en el sorteo y están radicalmente condenados a la última pena desde las doce de la mañana. Toros que podrían haber sido indultados si los hubiera toreado un diestro más diestro en la materia. Y toreros que fuerzan el indulto con gestos desmesurados, lo cual invita a entrar en el busilis de la cuestión: ¿quiere el indulto por el bien de la especie de bóvidos bravos y de la Fiesta o por asegurarse un triunfo de clamor, hurtando el riesgo de la estocada, que es el supremo colofón de la lidia?

Para evitar esto último habría que suprimir la concesión de máximos trofeos. No hay trofeos tangibles que conceder, porque me parece un contrasentido y una humillación para los congéneres que yacen sin vida en el destazadero que mutilen su anatomía desollada. Y como ya he repetido en más de una ocasión: ¿Qué orejas o rabos van a cortar si el indulto se produce en el primer toro de la corrida? ¿Irán a la casquería más cercana? ¿Estará abierta a esas horas? ¿Será festivo el día?…

Ya verán cómo si el torero indultador sabe que no habrá premio tangible, ni Puerta Grande, ni apoteosis posterior, monta la espada con la intención de apiolar al bravo ejemplar que tiene delante; pero es entonces cuando el público deberá amotinarse para que tal hecho no ocurra y el Presidente –autoridad suprema en todo momento— deberá mandarle a la Prevención, si necesario fuere.

Me meto en estas reflexiones cuando ya se ha puesto tibia la polémica del indulto de un toro de Garcigrande en Valencia. Un toro bravo, muy bravo. Y noble, muy noble. Que humilló poco, pero embistió mucho y bien. El público –¿no es soberano?—lo pidió clamorosamente. Y después, el Presidente, previo consenso entre torero y ganadero, no hizo otra cosa que aplicar el Reglamento.

El indulto es la gracia suprema para el toro de lidia. Soy fervoroso partidario de instituirlo, pero su aplicación necesita una urgente y profunda revisión. Y, si no, que lo quiten.

Publicado en  Republica.com

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El Brexit, Trump y ‘Pasmoso’: la tauromaquia ya tiene posverdad

 

Por Juan Diego Madueño.

Justo después de que el pañuelo naranja encendiera la mecha en Valencia, Chapu Apaolaza, el nuevo comentarista del canal de televisión temático ‘Toros’, pronunció la frase con la que se inaugura una nueva era: “Va a entrar a no matar”.

López Simón apuntaba al morillo con la mano desnuda, ejecutando la suerte suprema, entrando a tocar el lomo con la naturalidad que da no sostener el acero. ‘Pasmoso’, qué va a entender, no entendía nada. El público, del revés, celebraba feliz lo conseguido. La alegría caliente de los tendidos no se puede fiscalizar, la piedra predispone y lo vivo manda, pero sí las reacciones de quienes sabían exactamente lo que allí ocurría.

Son los mismos actores que intentan educar a ‘los aficionados’ cuando sucede lo contrario y caen las almohadillas, se grita o se silba. En esos casos nunca “manda el público”, como dijo, exultante, Simón Casas en el callejón.

Gracias a ‘Pasmoso’, un toro bueno con las orejas colgando, con un ritmo y un galope cumbres, sin la exigencia de la humillación y con ese tranco un pelo blando, agradecido, que le dio por moverse en el peor momento, la tauromaquia tiene, al fin, su posverdad.

Tenía que llegar. Los tiempos que corren son propicios. Ya estamos en el carro de la media verdad. La realidad estrujada hasta la mentira. “De lo mejor que he visto en mi vida”, aclaraba el empresario, productor de los míticos seis toros de José Tomás en Nimes y autor de ‘La tarde perfecta de José Tomás’, que describe aquella mañana.

Es verdad que era un buen toro pero no que mereciera salvar la vida. “Estos animales, según está el panorama fuera, hay que llevarlos al campo”, señaló el torero. Es verdad que no es el mejor momento para el toreo pero no por eso hay que desvirtuar la figura del indulto.

La posverdad.

El discurso construido desde el callejón aquel día era producto del efecto, leve y ventajista, lo que la gente quería oír, que educa a miles de televidentes y con un toque sentimental y un punto de partida objetivo. Y es peligroso, no ya por lo anterior, si no porque se parece mucho a la corriente intelectual (?) que se intenta imponer globalmente. La corrección política, lo bueno, lo bonito, el indulto. No ofender, avergonzarse de la singularidad, homogeneizar la lidia según los corsés que se van imponiendo para apaciguar a los que no la entienden.

Savater lo explica mejor. “Ciertas sectas ideológicas o religiosas son especialistas en sentirse maltratadas por opiniones e imágenes que su dogma desaprueba. Es una forma de exhibir su poder y de ejercer una tiranía social que los halaga: lo políticamente correcto, que es en ocasiones muestra de conformismo timorato o de oportunismo electoral, refleja su triunfo en demasiados campos”. La tauromaquia es uno de ellos. “Conformismo timorato”.

Hasta ahora, el toreo era –es- el único espectáculo que hacía de la muerte una fiesta en una sociedad atiborrada de cosmética. Una cultura única, un patrimonio exclusivo que empieza a adaptar en su núcleo las exigencias de sus contrarios. Indultar toros como ‘Pasmoso’ y aderezarlos con ese tipo de palabras supone reconocer en cierta medida que lo que se hace, matar, está mal, que la razón tampoco está aquí. Son concesiones hechas un poco sin pensar, soltando lastre. Cuanto más grave sea el acoso, más fuertes deben ser los argumentos propios. La muerte está dejando de ser el objeto de lo que ocurre en el ruedo, apartada al rincón de las cosas incorrectas por los propios taurinos.

¿Cuántos toros mejores que ‘Pasmoso’ habrán muerto en la última década? ¿El año pasado? A bote pronto recuerdo a ‘Zurcidor’ y ‘Malagueño’. ¿Le servirá al ganadero? Con ‘Arrojado’, aquel indulto propiciado por la increíble lentitud de trazo de Manzanares, que prefirió el perdón antes del rabo, empezó todo.

En medio del alboroto estaba Emilio Muñoz. Que me perdone el maestro, por si le molesta la comparación, y sus amigos, pero yo lo veo como Gandalf ante el Balrog. “Hay que tener cuidado con los triunfalismos” y “el indulto es algo excepcional”, que es donde está fraguado el concepto del perdón del toro, en la exigencia máxima, fue su particular “no pasarás”. El contraste fue increíble. Dos mundos enfrentados. La luz del aficionado de siempre y el brillo artificial que todo lo iguala. Una suerte contar con él, que no se aburra nunca.

Ojalá pudiera adaptarme a las celebraciones, al vaso medio lleno, a la corriente positiva. Ocurre que esta forma de entender el toreo es diferente a la que me convirtió en aficionado. Pensaba que esta sensación llegaría más tarde, con la edad, atrincherado en algún diario de los de siempre con una línea editorial confusa en cuanto a las corridas. Esta es la tragedia de los ‘millenials’, estar a medio camino entre lo clásico y el descubrimiento de lo nuevo.

Mi yo de 2011 me diría que soy un exagerado dedicándome unos cuantos tuits y algún artículo fatal escrito en un blog penoso pero, de verdad, no es sensacionalismo, es honestidad. Con el indulto de ‘Pasmoso’ se recogió y adaptó el mensaje de los que pretenden acabar con la tauromaquia como argumento para intentar salvarla.

Qué paradoja.

Fuente: El Español 

Resumen FERIA DE FALLAS: ‘Pasmoso’, un indulto pirotécnico

Por Vicente Sobrino.

De las 22 orejas cortadas en las siete corridas de toros y las dos novilladas celebradas, más de la mitad solo cuenta para la estadística. Más allá de los números, no tienen ningún valor real. 

De esas casi dos docenas de orejas, alguna de las obtenidas por Diego Carretero (novillero), Andy Younes (novillero), Álvaro Lorenzo, Padilla, Paco Ureña, Román, Perera, Roca Rey, Ginés Marín y El Juli, se salvan de la tómbola en la que se convirtió el palco en los nueve días de toros. Con matices, claro. 

Por ejemplo, de las dos cortadas en un mismo toro por los matadores Perera y El Juli, sobraba una o incluso las dos en el caso de Perera. Y alguna más de las sueltas cortadas con peticiones muy benévolas. Es el caso de Younes, el único novillero que salió a hombros.

Caso aparte son las dos simbólicas concedidas a López Simón, por el indulto a ’Pasmoso’, de Domingo Hernández. Se puede entender, dada la excepcionalidad del caso. Y de todas esas orejas, de las cortadas con mayor fuste están las de Paco Ureña y Román. Ureña, ante la manejable corrida de Jandilla, dio, posiblemente, los muletazos más puros y profundos del serial. Gran momento el del murciano, al que le pidieron una oreja de su primero pero ese día se ve que aún no había comenzado la ‘semana fantástica fallera’. En otro día y con otro público, Ureña hubiera salido también a hombros. También la oreja cortada por Román, al único toro de Victoriano del Río que sacó chispa, tuvo valor. Valiente el valenciano. Muy decidido. Sin arrugarse tras una tremenda voltereta. Una combinación de torero valiente que quiere abrirse paso, y toreo de verdad.

Tómbola de orejas al margen, los toreros jóvenes han dado un paso al frente en este ciclo fallero. No son sorpresa Roca Rey y López Simón, y sí son esperanza Álvaro Lorenzo y Ginés Marín, junto al mencionado Román. Los jóvenes han dado la cara y apuntan al relevo a matadores ya muy vistos y que cada vez aportan menos.

También merecen apartado especial Juan José Padilla y Curro Díaz. El primero por su actuación honrada y profesional tras sufrir una cogida de la que se llevó dos graves cornadas. Su camino hacia la enfermería, a pie, después de matar al toro de Fuente Ymbro, fue de héroe. Ni una pega a esa oreja ganada a golpe de corazón. La conseguida por Curro Díaz presenta sus dudas. Faena de muchos detalles, pinturera, de golpes artísticos, chispazos, pero no fue faena redonda. La pregunta se la hicieron muchos: ¿ese es el techo de Curro Díaz?

La gran polémica la desató la vuelta al ruedo al cuarto toro de Domingo Hernández, el día de San José, y también, aunque muy generoso no escandalizó tanto, el indulto a “Pasmoso”, asímismo de Domingo Hernández. El toro premiado con honores póstumos fue un marmolillo al que le costaba un mundo tomar la muleta. El Juli se lo pasó por todos los sitios posibles, en faena de cercanías y alardes. De arrimarse mucho. De recursos extraordinarios. Pero el toro no daba para mucho más. Como por ejemplo para torear en redondo como dicen que mandan los cánones. El Juli desplegó toda su artillería de técnica y talento, pero otra cosa no hubo. La vuelta a ese toro fue tal sorpresa que el benévolo público valenciano abroncó al palco por la decisión.

 ‘Pasmoso’. Toro indultado. Un gran toro para la muleta, pero un toro muy normalito el resto de la lidia. En varas, aunque derribó en la primera más por flojedad del caballo que por méritos propios, no pasó de discreto. Cumplió en banderillas. Y, eso sí, en la muleta no admite discusión su embestida y fijeza. Gran toro. Pero un toro para ser indultado ha de ser algo más, bastante más, que un gran toro para la muleta. Debe ser excepcional en los tres tercios, y ‘Pasmoso’ no lo fue. López Simón lo toreó a placer. Faena de mucho colorido. Variada. Pero da la impresión que en los últimos tiempos el toreo siempre llamado superficial o de recursos, está sustituyendo al fundamental. Es decir, lo fundamental parece que pasa a ser el recurso, y lo superficial lo fundamental. Se abusa de cambios por la espalda, de cambios de mano, de arrucinas, de arabescos, de toda una serie de acciones que de siempre han servido para adornar el final de las grandes faenas. Por ahí se pierden, o se encuentran, según se mire, la mayoría de los jóvenes espadas. A la cabeza de esta moda, Roca Rey y López Simón.

El aspecto ganadero de estas Fallas ha ido a la baja en cuanto a presentación. Con trapío muy correcto las de Alcurrucén, Jandilla y Fuente Ymbro. 

Llegaron las figuras y, como siempre, se desmoronó la esencia de la tauromaquia. 

En las de Victoriano del Río, Núñez del Cuvillo, Juan Pedro Domecq y Garcigrande/Domingo Hernández, se colaron anovillados toros que nunca debieron salir. Encima, no fueron tampoco un dechado de bravura, aunque saltaron algunos dulces y dóciles toros.

Fuente El País 

Fallas de Valencia: Indulto para ‘Pasmoso’ y doble puerta grande de El Juli y López Simón

Por Carlos Ilían.

La inaudita vuelta al ruedo que el presidente, perdidos los papeles y el sentido común ordenó al cuarto toro, ha marcado el triunfalista y exagerado final de la corrida con el indulto al sexto ejemplar de Domingo Hernández. Si el cuarto era de vuelta al ruedo no se podía igualar el mismo premio para Pasmoso, de asombrosa movilidad, embestida generosa e incansable. Entre un clamor no hubo más remedio que conceder perdonarle la vida.

Con este indulto se ponía el broche a la tarde y a estas Fallas 2017. Un indulto discutible porque el toro, aparte de un derribo accidenatl al caballo, no peleó de verdad en varas, casi se fue sin picar. Todo lo demás ha sido notable por su entyrega y como se empleó en la muleta. Un gran toro para el torero. Pero y, ?para el ganadero?. Lo cierto es que el triunfalismo ya se había desatado en las dos orejas que cortó El Juli al cuarto. El maestro de Velilla no se había acoplado con el genio de Malagueño, le costaba un horror y fue buscando los terrenos apropiados y el punto de in flexión de la faena.

Al fin lo encontró, tarde pero al tiempo, en el clásico parón )hoy se dice arrimón), y fue metiendo el toro en la muleta con recursos de torero veterano que se las sabe todas. Faena de muchísimos muletazos, con un final poderoso, obligando una barbaridad y cuajando lo mejor en los redondos y naturales macizos. Dos orejas, y una al primero, le abrieron de par en par la puerta grande.

Y le acompañó López Simón que tuvo el premio de Pasmoso, un toro al que el torero solo tuvo ponerse delante, mover el engañó y acompañar la embestida. Faena más vibrante que profunda, con chispazos de calidad en el toreo sobre la mano izquierda. Después del indulto, las dos orejas para el torero. Faltaría más

Alejandro Talavante no se acomodó con el genio y movilidad del segundo de la tarde. Estuvo muy espeso, pero tragó de los lindo en el quinto, que tenía peligro sordo.

Plaza de Valencia. Novena y ultima corrida. Casi lleno. Toros de GARCIGRANDE

DOMINGO HERNÁNDEZ (7), con enorme movilidad, genio y de juego magnífico el sexto, indultado. Al cuarto se le dio la vuelta al ruedo entre protestas.

EL JULI (7), de azul y oro. Estocada desprendida (una oreja). Estocada atravesada y descabello. Un aviso (dos orejas).

ALEJANDRO TALAVANTE (5), de verde inglés y oro. Pinchazo, estocada corta y descabello (saludos). Cuatro pinchazos y descabello. Un aviso (silencio).

LÓPEZ SIMÓN (6), de fucsia y oro. Pinchazo, media estocada y tres descabellos. Un aviso (silencio). Simula la suerte de matar al toro indultado (dos orejas).

Publicando en Marca

Fallas de Valencia: Cayetano y Ginés Marín, maquillan otro esperpento

Cayetano.

Por Carlos Ilían.

Otro llenazo y otro bochorno. Y es que un año detrás de otro la historia es la misma en Valencia cuando se lidia la corrida de Juan Pedro Domecq. Tenemos que repetirnos cada vez que se lidian estos toros en Fallas y casi siempre con Enrique Ponce en el cartel. Parece mentira pero el de Chiva tropieza sistemáticamente en la misma piedra, pasando por el bochorno de ponerse delante de unos gordinflones lisiados.

Así ha sido otra vez la corrida de Juan Pedro, para escarnio de quienes la compran y de Enrique Ponce que la elige. Ayer el maestro se fue de vacío intentando justificarse ante un lote inmundo, especialmente el cuarto que para mayor recochineo brindó al público. 

¿Acaso un torero con su veteranía y técnica no había visto que aquella mole era un mostrenco?. 

Y como en Fallas vale todo la bondad de la gente ayudó a Cayetano en el quinto para taparse y maquillar en parte el adefesio de la corrida. Cayetano tiró de escuela, la de su larga y enorme dinastía, para sacarse de la manga unos naturales de frente, a pie junto, en el quinto, de cartel. Un fogonazo muy torero que con la espada en los bajos le sirvió para cortar una oreja.

Y Ginés Marín con el desparpajo de su juventud se montó encima de un lote descastadísimo, el sexto no podía con el rabo, para cortar una oreja en cada toro y salir en hombros. Increíble en una tarde de pecados mortales. 

Por ejemplo en ese sexto, cuando todo iba cuesta abajo se inventó una bernardinas y un espadazo. Lo dicho, en hombros.

Plaza de Valencia. Octava corrida. Lleno. Toros de JUAN PEDRO DOMECQ y un sobrero de VEGAHERMOSA lidiado en segundo lugar (2), un saldo gordinflón, medio inválido y manso. ENRIQUE PONCE (4), de negro y oro. Media estocada y descabello (saludos). Estocada corta y caída (silencio). CAYETANO (6), de azul y azabache. Estocada y dos descabellos (silencio). Estocada caída (una oreja). GINÉS MARÍN (6), de canela y oro. Estocada delantera (una oreja). Estocada (una oreja).

Publicado en Marca 

FERIA DE FALLAS: Roca Rey, dos orejas, imaginativo y fresco

Roca Rey 👑
Roca Rey.

Por Vicente Sobrino.

La corrida de Núñez del Cuvillo, remendada sobre la marcha con un sobrero de Victoriano del Río, que sustituyó al del hierro titular, fue corrida a modo de lo que se lleva cuando aparecen las figuras. Corrida de justa presencia, con algún que otro toro de imagen anovillada, y de gran santidad para la lidia. Muy noble, dócil, sin plantear problemas. Sosa y sin emoción también. Aunque hubo toro, como por ejemplo el quinto, al que masacraron en varas, sin venir a cuento, para llegar a la muleta mortecino y sin nada que ofrecer.

Roca Rey es, ahora mismo, el torero de Valencia. Cualquier cosa que proponga es recibida con algarabía. Con todas las bendiciones posibles. Y el torero lo agradece con respuesta incondicional. Al tercero, toro anovillado, le hizo un quite de frente por detrás en réplica a uno por delantales de Fandi. La faena la abrió con cuatro estatuarios y una trincherilla. Aperitivo servido para que la gente entrara en apetito. Lo que vino después fue un derroche de frescura, de seguridad, pero de toreo a goteo. Algún natural, algún derechazo, hasta que llegaron los efectos especiales que tanto calan en el tendido. Para entonces el de Cuvillo ya estaba más parado que en movimiento. Las manoletinas finales y la estocada sin puntilla fueron el punto y final deseado por el tendido. Faena decorosa ante toro indecoroso.

Al sexto lo toreó bien con el capote de salida. Y con imaginación en un quite: saltilleras y toreo a una mano, para rematar por alto de la misma guisa. Por rogerinas llevó al toro al caballo, para que se cumpliera un mero trámite. Ya con la muleta, de nuevo la frescura, la sangre fría, fue determinante para calar en la gente. El toro, sin estar nada por la labor, colaboró a que Roca Rey se sintiera a gusto. Esta vez no hubo goteo de muletazos, sino una porfía cercana porque en definitiva era lo único que podía salvar el trance. Y lo único posible ante toro tan mortecino como el que cerró esta corrida.

El Fandi fue banderillas y poco más. Ocho pares en total, cuatro a cada toro. Los del primero muy desiguales de colocación; los del cuarto, mejor ejecutados y colocados. En los ocho pares, un portento físico. En el toro que abrió la corrida, Fandi se enroló en las filas del toreo populista, sin disimulos. Toro dócil, sin nada dentro que ofrecer como toro bravo. Cuando intentó el toreo fundamental, la cosa quedó en nada por aquí y nada por allá. En el cuarto, el populismo siguió en escena. Los rodillazos iniciales dieron paso a intentos por mantener al toro en pie. Solo cuando llegaron los circulares la faena tomó otro rumbo, el que la gente, en fin, esperaba. Pero pesó una faena larga, sin emoción por ninguna parte. Mató de estocada certera y el premio le llegó. A sus dos toros, Fandi los recibió con largas de rodillas que tampoco aportaron demasiada emoción al asunto.

Manzanares pasó de puntillas. Muy gris toda la tarde. Tantos intentos vanos al segundo, hasta que la gente se cansó y acabó protestando. Con el quinto bis, castigado de manera exagerada, tampoco la cosa tomó forma. Ni por los toros, ni por la actitud abúlica del diestro

CUVILLO, DEL RÍO / FANDI, MANZANARES, REY

Cinco toros de Núñez del Cuvillo y uno, el 5º, sobrero sustituto del titular, de Victoriano del Río, de trapío justo, con pocas fuerzas y muy dóciles.

El Fandi: estocada trasera tirando la muleta (silencio); _aviso_ estocada (oreja).

José María Manzanares: pinchazo y estocada (silencio); pinchazo y estocada (silencio).

Andrés Roca Rey: estocada sin puntilla (oreja); pinchazo _aviso_ y estocada (oreja).

Plaza de Valencia, 16 de marzo, Séptima de Fallas. Lleno.

Publicado en El País.com

Fallas de Valencia: Miguel Ángel Perera, una puerta grande de festival de caridad

 

Por Carlos Ilían.

Se veía venir. Nada más al llegar los carteles “fuertes” se acabó la seriedad, vuelve el toco mocho del medio toro y no solo eso, aparece también el triunfalismos que se contagia al palco hasta el punto de perder los papeles y regalar las orejas por bajonazos o, peor todavía, regalar las dos de una tacada por las buenas, porque el público quiere, sin tener en cuenta la calidad y los méritos de la faena, en este caso la de Miguel Ángel Perera al quinto.

El medio toro, habría que decir, un bendito, sin trapío pero de bondad inmensa y que se dejó pegar muchos, muchos muletazos de Perera que abusó en series por delante y por detrás, por aquí y por allá. Si, todo de buen ver pero lejos de la grandeza que se supone a una faena para que se corten las dos orejas. El torero iba por un trofeo y lo quiso asegurar con la espada, dejando una estocada mortal. La sorpresa que se llevaría cuando vió aparecer los dos pañuelos en el palco. Por supuesto hubo salida en hombros, pero esa puerta grande ha sido de festival. Ah, no todo el público se tragó el regalo y hubo protestas cion fuerza. No era para menos.

Pudo salir en hombros también Román que había cortado una oreja al tercero, un manso, como casi toda la corrida de Victoriano del Río, que al final se fue a tablas donde Román arriesgó de lo lindo. La faena tuvo densidad pero el bajonazo final no podía dejarse pasar como una estocada y dar paso a una oreja. El sexto fue un mulo y no le permitió al chico valenciano redondear el número de trofeos para irse en hombros.

Sebastián Castella, en una pobrísima actuación, se pasó de largo en el tiempo de las faenas y de largo en el número de trallazos. Dicen que algo le pasa al francés. Desde luego ayer fue una sombra.

Plaza de Valencia. Sexta corrida. Casi tres cuartos de entrada. Toros de VICTORIANO DEL RÍO (3), pobres de trapío, mansos y dejándose pero sin transmitir. SEBASTIÁN CASTELLA (3), de rosa y oro. Pinchazo y estocada trasera. Un aviso (silencio). Estocada caída. Un aviso (palmas). MIGUEL ÁNGEL PERERA (5), de verde botella y oro. Estocada desprendida y cuatro descabellos. Un aviso (palmas). Estocada trasera. Un aviso (dos orejas protestadas). ROMÁN (5), de nazareno y oro. Bajonazo (una oreja). Pinchazo hondo y descabello (silencio)

Publicado en Marca

LA HORA DE ROMAN

Roman. Foto Andrew Moore.

Por Pedro Toledano.

Que la inspiración te coja trabajando es aseveración que se le atribuye a Pablo Picasso. Entendemos que nadie que haya caminado por la vida con afán de superación, puede poner en duda las palabras del genio malagueño. Es más, a poco que se tenga una mínima porción de sentido común es pensamiento que tiene que presidir la conducta de quienes tienen en mente realizarse como seres humanos en cualesquiera de las opciones posibles de desarrollo.

En el toreo, en nuestro largo peregrinaje por tan apasionante y complejo mundo, hemos sido testigos de cómo infinidad de chavales no han logrado su sueño, aún reuniendo magníficas condiciones, por no dedicarse en plenitud a la tarea de conocer todos los secretos de la lidia, algo esencial en cualquier oficio y más si se trata de trabajar un material tan poco dúctil como es un toro bravo. Por el contrario, también hemos podido ver jóvenes, con limitadas condiciones, que han conseguido superarse y llamar la atención, esencialmente por no haber escatimado ni trabajo ni dedicación, ni esfuerzo.

Luego está lo excepcional, siempre hablando del arte de lidiar toros, que es cuando coinciden dedicación, pasión y personalidad. En ese instante es cuando nos encontramos con ese torero que se denomina figura. Y es llegado a este punto cuando queremos poner nombre a esta reflexión. Hoy hará el paseíllo en nuestra plaza junto a Sebastian Castella y Miguel Ángel Perera, el valenciano Roman. Es a él a quien va dirigida esta columna.

Creemos que el prometedor espada tiene condiciones para llegar a ser figura del toreo. Y lo creemos porque, habiendo observado su carrera, entendemos que ha superado, no sin dificultades, algunos de los supuestos que hemos comentado. Fue la temporada pasada, cuando ya con la experiencia acumulada, se le vio que conjugaba muchas de las condiciones precisas para destacar.

El halago no es gratuito, pues en escenarios de tanta responsabilidad como Madrid, Valencia o Almería, en este último ante toros de Victorino Martin, dejó patente muchos de sus sólidos argumentos. Por tanto, hoy debería ratificarlos. En eso confiamos.

Fuente: Las Provincias