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Diego Ventura, prueba de fuego en Las Ventas para demostrar que es el mejor

Diego Ventura monta a Nazarí, el caballo estrella de su cuadra, en su finca de La Puebla del Río. Paco Puentes.

Celebrará el 20º aniversario de su alternativa ante seis toros en solitario el 6 de octubre

Por Antonio Lorca.

“Creo que este es el momento idóneo para encerrarme con seis toros en Madrid; porque cumplo veinte años de alternativa, me encuentro muy bien y mi cuadra está en un momento óptimo”, comenta el rejoneador Diego Ventura (Lisboa, 1982), que el próximo 6 de octubre tiene una cita trascendental en su carrera. Ese día se enfrentará en solitario en Las Ventas a toros de Miura, Ángel Sánchez y María Guiomar, y hará así realidad un sueño que persigue desde hace años.

Ventura hace un alto en su intensa preparación para analizar el alcance de una gesta sin precedentes y su larga trayectoria como torero a caballo que, desde el escalafón más inferior, le ha llevado a la cima del rejoneo. La conversación se celebra en la hacienda ‘El Rincón de Diego’, una amplia y cuidada finca, cercana a la localidad sevillana de La Puebla del Río, donde el caballero vive con su esposa, sus dos hijos, sus padres y sus veinte caballos.

“Estoy preocupado, claro que sí, porque toda la responsabilidad y todo el peso de la tarde recaen sobre mí”, recalca; “y tengo miedo a defraudar, pero en mi cabeza fluye la idea de que todo tiene que salir bien…”

Tiene que salir bien porque, además del aniversario, de su momento excepcional y de la calidad de sus caballos, Ventura se ha planteado la corrida de Madrid como un golpe en la mesa contra todos los que le niegan el pan y la sal y lo vetan en numerosas ferias.

“Estoy vetado en 20 ferias y ya está bien”

“Es verdad. Quiero dar un paso más y demostrar que ya está bien de que las circunstancias estén siempre contra mí. Está claro que quiero ser el mejor y en la plaza lo demuestro. Salgo a rivalizar, pero me falta la competencia con otros rejoneadores”.

Ventura no cita el nombre, pero no es nuevo que Pablo Hermoso de Mendoza es el hombre que, supuestamente, lo veta allá donde el rejoneador navarro y sus mentores tienen influencia, que alcanza a muchas plazas.

“Después de todo lo que he conseguido no se entiende esa actitud; después de 16 puertas grandes y un rabo en Madrid, y diez salidas por la Puerta del Príncipe de la Maestranza, ya es hora de que algunos se quiten la venda que tienen en los ojos”.

De hecho, Diego Ventura participará este año en menos festejos de los que le corresponderían por su contrastada categoría.

“Lidiaré 45 corridas y creo que es un número aceptable. No hay que olvidar que tengo vetada la entrada en 20 ferias buenas, tales como Bilbao, Pamplona, Logroño, Valladolid, Salamanca, entre otras, lo que me produce mucho daño”.

Diego Ventura, en su finca sevillana. Paco Puentes

El rejoneador cumple veinte años desde que en 1998 tomara la alternativa, el punto y seguido a una carrera basada en el esfuerzo desde la humildad de una familia con escasos medios económicos.

“Ha habido momentos de dificultad, de necesidad y mucho sacrificio. Lo he pasado realmente mal y he sufrido tentaciones para tirar la toalla. Ser rejoneador es muy costoso, -cualquiera que pretenda intentarlo hoy necesita en torno a los 500.000 euros-, no es fácil encontrar caballos de la nada, mantener una cuadra, pagar a quienes trabajan contigo o comprar una vaca para entrenar. Tenía solo 14 años cuando comencé, pero, gracias al sacrificio de mis padres y a mi esfuerzo, ha merecido la pena”.

Diego Ventura había cumplido dos meses de vida cuando su familia se trasladó a Sevilla, y siempre ha estado ligado a los caballos. No en vano su padre se dedicaba a la compra y venta de estos animales y fue también rejoneador con la ayuda de Ángel Peralta.

“Salgo a rivalizar, pero me falta la competencia con otros rejoneadores”

“En mis inicios, teníamos los caballos que desechaban otros rejoneadores; animales resabiados, con multitud de problemas o que, simplemente, no valían. Con ese material, con muy poco dinero y menos experiencia llegabas a una plaza y te encontrabas con un toro de cinco años… No ha sido fácil, no”.

– ¿Se gana dinero a lomos de un caballo?

– Si eres uno de los dos primeros, sí; pero a partir del tercero…

– A usted parece que no le ha ido mal.

– A mí me ha ido muy bien. Hay que tener paciencia, valentía, capacidad para ser exigente, y, sobre todo, que te avalen los triunfos. Y no tener miedo a rechazar propuestas indignas a pesar de que el dinero te haga falta para comer, como a mí me ha ocurrido hace unos años.

A pocos metros de Diego Ventura le esperan Remate, Nazarí, Importante, Lío, Dólar… los veinte caballos que forman su cuadra.

“Para mí, el caballo no es un animal, sino alguien de mi familia. Sin ellos yo no sería nada. Puedes ser un buen jinete y mejor torero, pero si no cuentas con un caballo que te permita demostrar tus cualidades, estás perdido”.

“Eres un amigo, un sicólogo… Entre el caballo y tú se establece una relación de total confianza. El animal sabe que hay riesgo y se juega la vida; por eso, es necesario que confíe plenamente en ti. Y eso se consigue con constancia y un entrenamiento diario”.

Ventura se extiende sobre las actitudes toreras que adornan hoy a los potros toreros que cuentan con la carga genética necesaria.

“Tanto la doma como el rejoneo actual es más suave que hace años. El caballo de hoy tiene más calidad, y solo es cuestión de enseñarle el camino, como a un novillero con condiciones se le enseña a trazar un muletazo. Pero la exigencia es máxima, y no es lo mismo tener un caballo para rejonear en el campo que someterse al veredicto de una plaza de primera”.

El rejoneador está presto para montar a Remate y Nazarí, dos estrellas de su cuadra, para que queden reflejados en las instantáneas del fotógrafo Paco Puentes. Momentos antes, Ventura comenta que viajará con sus 20 caballos a Madrid (“todos están preparados y mi intención es sacarlos a todos en función de las circunstancias”, señala), asegura que algún día lidiará un toro en puntas (“pero solo por satisfacción personal, porque hoy se realiza un rejoneo más cercano al toro que hace unos años, cuando el toreo a caballo era más despegado y las banderillas más largas; en consecuencia, hoy, el riesgo para los caballos es mucho mayor”), y aboga por una renovación en profundidad del toreo a caballo (“necesito un toro que se mueva, ganaderías que no sean facilonas, y que la lidia tenga emoción, pero algunas empresas prefieren carteles vulgares, sin competencia y corridas económicas; si seguimos así, sin rivalidad ni emoción, la gente dejará de ir a los toros”).

– ¿Alguna vez ha soñado con vestirse de luces?

– Muchas veces. Desde pequeño he toreado a pie. Hace cinco o seis años pensé que sería bonito tomar la alternativa vestido de luces. Y me preparé para ello. Hubo momentos en que me lo creí, pero se impuso la realidad. Si accedía al escalafón de matadores era para competir con las figuras, y esa meta estaba muy lejos de mí.

El sueño de hoy es la encerrona en Las Ventas. Y en su cabeza solo ronda el mensaje del video que Ventura ha protagonizado para conmemorar su gesta: “A ti te lo debo todo; por eso, ahora, todo te doy…”

Publicado en El País

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Bregando: La ventura de Ventura

Por Jaime OAXACA.

México ya está en los planes de tres rejoneadores españoles, vendrán este fin de año y parte del inicio del próximo. Ellos son: Pablo Hermoso de Mendoza (52 años de edad y 29 de alternativa), Andy Cartagena (37 y 21) y Diego Ventura (36 y 20). Hermoso trae a su hijo, que representa un puesto menos para un torero mexicano.

Los tres conocidos por la afición mexicana. Pablo en su vigésima campaña, Cartagena digamos que la tercera y Ventura por segunda vez.

Benéfico es para la tauromaquia mexicana que tres jinetes relevantes vengan a torear con mexicanos; los hispanos no actuarán juntos porque, entre otras cosas, la papeleta sería de muchos dólares o euros.

Pablo Hermoso de Mendoza Cantón es el amo del toreo en México. Si bien es cierto que su luz empieza a menguar, el navarro hace y deshace en este país. Para los empresarios representa dinero, eso es lo único sustancial, si se pisotea la fiesta mexicana, ni modo, son normales los daños adyacentes.

Cuando Pablo debutó en México hace 19 años dio muestras de su toreo vanguardista, de la evolución que él le dio al rejoneo. Con el paso del tiempo cambió. Si el público se conformaba con verlo montar, para qué exponer de más en el ruedo, por qué lidiar toros bien presentados. Al grueso de la gente no le importa que los animalitos a los que se enfrenta casi no tengan cornamenta, tampoco que los deje medio muertos con el rejón de castigo y se concrete a girar en derredor de los toritos.

Nadie, absolutamente nadie puede -ni quiere- detener sus fechorías; ni empresarios, ni autoridades, ni mucho menos otros rejoneadores.

Por eso será benéfico para la fiesta que Hermoso sienta un poco de presión de otro colega. Quizá Andy Cartagena no sea el rival que le apriete.

Pero con Diego Ventura las cosas cambian, tienen una rivalidad fortísima que Hermoso de Mendoza trata de ignorar. Diego, de varios años a la fecha, no deja de realizar gestas, este año cortó un rabo en Madrid. En aquella plaza que funciona desde hace 87 años sólo se han cortado dos rabos. Uno a cargo de Palomo Linares en mayo de 1972 y el 9 de junio del presente año el de Ventura.

Para rematar la presente temporada, Diego Antonio Espíritu Santo Ventura, quiso torear una encerrona en Madrid, será el sábado próximo, la primera de un torero de a caballo en el coso venteño. Además le tira el guante a Hermoso: “Una figura, a pie o a caballo, tiene que lidiar todos los encastes”; lo demuestra con hechos: matará dos toros de Miura, dos portugueses de María Guiomar Cortés de Moura y otro par de Ángel Sánchez.

Pablo no quiere torear con Diego en España. Desde hace un par de años Ventura declaró: “ojalá algún día tanto la empresa (de Madrid) como Pablo tengan la vergüenza torera de hacer un mano a mano”.

Antonio Lorca, cronista y columnista de El País, escribió en junio de este año: “El caso del rejoneador Diego Ventura no tiene explicación racional alguna. El hecho de que una de las grandes figuras del rejoneo de todos los tiempos esté vetada en algunas de las ferias más importantes de España y Francia no es más que el síntoma de la enfermedad incurable que padece la fiesta de los toros”.

Taurinamente Ventura está arriba de Hermoso de Mendoza. Si Diego se asesora inteligentemente para su campaña mexicana, a lo mejor no lo tumba del pedestal, pero al menos lo zangolotea. Por principio Diego debe cumplir. Es conocido que hace seis años un empresario lo amenazó con meterle un balazo a uno de jamelgos por no cumplirle. Otro de plano lo metió a la cárcel. Agregue usted las que no se conocen, por eso ya nadie lo contrató, tuvo que regresarse.

Ojalá Diego no decida a venir a México a cometer pabladas. Si decide rejonear ganado serio, sin mutilar cornamenta y sin trampas en el ruedo, la tauromaquia ganará. Verá al mejor rejoneador del mundo en plenitud de facultades y le dará una despertada a su rival. Puede que México sea el lugar de la ventura de Ventura.

Publicado en El Popular

«Mi gran pecado es querer ser el mejor»: Diego Ventura

El hombre que hizo historia en Madrid, tras cortar un rabo esta temporada, Diego Ventura, se siente ilusionado de estar en Santander.

Por ALFREDO CASAS.

Aunque ignorado por buena parte de las grandes empresas taurinas, Diego Ventura es la máxima figura del rejoneo. Ausente de las madrugadoras ferias mediterráneas, también ninguneado en Sevilla –su tierra de adopción–, Ventura decidió hacer la guerra por su cuenta. Su triunfal ‘encerrona’ en Espartinas, una apoteósica tarde en Arles y el histórico rabo cortado en Las Ventas, el epicentro del toreo, han devuelto a Diego la confianza y la moral para contrarrestar tanto sinsabor. Es Ventura un rebelde con causa y, posiblemente, la mejor cuadra de la historia del rejoneo.

A pesar de ser la máxima figura del rejoneo ¿la presente campaña está siendo la más dura de su dilatada trayectoria?

–En parte. Es evidente que fácil no está siendo; me dolió quedarme fuera de Castellón, Valencia y Sevilla. Fue muy duro y, por qué no decirlo, llegaron algunas dudas. Por fortuna, fueron llegando los triunfos que me dieron una confianza tremenda. Necesitaba recuperar la paz interior y la seguridad en mí mismo. Como comprenderá, después de cortar un rabo en Madrid, de alcanzar uno de mis grandes sueños, ya todo me da igual.

¿Quedarse fuera de Sevilla le marcó a fuego?

–Ya le digo que quedarme fuera de Castellón y Valencia me jodió, pero es que ¡Sevilla es mi casa! No fue tarea sencilla asumir mi ausencia de la Feria de Abril. Básicamente porque no existió motivo para ello. Si querer cambiar la corrida, si querer exigir una ganadería que se mueva más, que transmita más emoción, que proporcione más y mejor juego, es la razón por la que me quedé fuera, pues ya me dirá cómo está esto. Es preocupante.

¿Organizó su ‘encerrona’ en Espartinas con ánimo de revancha?

–No. Organicé la corrida de Espartinas con la intención de complacer a los muchísimos aficionados, sevillanos y foráneos, que querían verme torear en mi tierra. También lo hice con ánimo de reivindicar mi condición de figura y para contribuir con mis honorarios a la asociación que apadrino –ANEF, Asociación Niños hacia el Futuro–. Me sentí muy respaldado. Fueron muchos los amigos, ganaderos y figuras del toreo a pie que, con su presencia, me apoyaron ante semejante injusticia. Es que me dejaron fuera por la cara. Son muchas las injusticias. ¿Acaso es normal que después de veinte años aún no haya debutado en Pamplona? ¡No tiene lógica!

¿Cuáles son sus pecados?

–Mi gran pecado es salir todos los días a los ruedos a querer ser el mejor. Llegar a las plazas un día tras otro a decir «aquí estoy»; cortar a diario entre tres y cuatro orejas y triunfar como norma, por lo visto, es una gran putada. Tal y como está actualmente el sistema, mis triunfos resultan muy incómodos para mucha gente. Pero allá ellos…

Aunque dicen que en Francia el sistema es otro, tampoco en el paísvecino están respondiendo en los despachos a sus continuos triunfos en los ruedos.

–Tampoco. Mire, la última vez que actué en Nimes, en dos tardes corté siete orejas y un rabo ¡y no he vuelto más! Es más, le diré que ni siquiera han vuelto a llamar. En Dax más de lo mismo: en mi último paseíllo corté tres orejas y un rabo, pues no he recibido ni una llamada. Son cosas que, por más que lo intento, no termino de entender. Igual usted es capaz de verle la lógica, pero yo… Igual el problema son mis honorarios, los de una figura. Hay empresas que, con mis dineros, contrata a tres rejoneadores. Será que no les importa la calidad del espectáculo. Mientras que la gente trague, todos estos empresarios de medio pelo irán aguantando.

–¿Hablamos de Madrid?

–Qué quiere que le diga, fue un sueño. Y mire que el primer día las cosas se pusieron cuesta arriba; también ese día me tocó tragar con algunas imposiciones que no impidieron que saliera a hombros. Pero el segundo día ¡ay amigo! Menuda fue la corrida de Los Espartales. Fue una tarde en la que salí al ruedo suelto y sin presiones de ningún tipo. Ya a mi primer toro lo cuajé de principio a fin y le corté las dos orejas; a partir de ahí, me rompí, me abandoné… la verdad es que todo salió a pedir de boca.

¿La prensa especializada está contando lo que le está sucediendo?

–Sí. Gracias a Dios sí. Hoy en día sí. Desde que se anunciaron los carteles de Sevilla, hubo una reacción. Es que todo era muy descarado. No digo que fuera unánime, pero sí es cierto que, buena parte de la prensa, contó la verdad de lo sucedió. Tenga en cuenta que hay portales que viven de las publicidades, de los empresarios, y pueden hablar hasta un cierto punto. No es bueno que los portales taurinos más importantes estén así, pero algo van contando. Reconozco que hay especialistas, que van por libre, que están dando la cara y defendiendo lo que es de todos.

Hablaba antes de Pamplona. El día en que se celebró la corrida de rejones en la capital navarra, en las redes sociales se crearon varios hashtags de apoyo a su figura.

–Fue algo precioso; salió de los propios aficionados y me pilló de imprevisto. En realidad, yo no me enteré de nada hasta que me llamó mi jefe de prensa y me lo contó. Estaba montando a caballo en el picadero, no me apetecía nada ver la corrida, y, entonces sí, empecé a curiosear por las redes. Fue impresionante la cantidad de mensajes que recibí. La gente no es tonta, sabe lo que está sucediendo y defienden aquello en lo que creen.

De todas las plazas del norte de España, la única en la que usted existe es la de Santander.

–¡Y no se olvide de Gijón! Para el empresario de Gijón también existo. Fuera bromas, así está el toreo. Confío en que el rabo de Madrid cambien las circunstancias de cara a la próxima temporada. Este año es muy complicado, tenga en cuenta que ya están prácticamente cerradas todas las ferias. Tengo fe en que se produzcan cambios significativos.

–Menos mal que en Santander profesan la religión ‘venturista’.

– (Risas) La verdad es que, la de Santander, es una de las fechas del calendario que uno espera con impaciencia e ilusión. Santander para mí es oxígeno, una bocanada de aire fresco que me permite venirme arriba y continuar peleando la temporada. Cuatro Caminos es una plaza, además de hermosa, de muchísima categoría, de la que todo el mundo del toro está pendiente. La verdad es que disfruto enormemente de la afición de Santander.

–A mi criterio llega a la Feria taurina de Santiago con la cuadra más amplia y consolidada de la historia del rejoneo ¿Comparte mi opinión?

–Sin duda. Y no porque lo digamos usted o yo. Es algo unánime, reconocido por todos los profesionales. A la vista están los triunfos y su regularidad. Ahora mismo tengo preparados al máximo nivel veinte caballos. En mi cuadra no hay dos o tres estrellas y, luego, otros caballos de relleno. Cada uno de mis caballos es una estrella, un torero distinto, un animal con su personalidad. Por la calidad y variedad de mí cuadra, cada tarde, cada faena, es un acontecimiento imprevisible. Aquí no caben los guiones.

Publicado en El Diario Montañés

Muere Ángel Peralta, innovador y revolucionario del toreo a caballo

Leyenda del rejoneo, poeta, escritor, letrista de sevillanas, actor, ganadero, inventor, labrador, animalista, veterinario autodidacta y aprendiz de muchas cosas…

Por Antonio Lorca.

La biografía de Ángel Peralta (Puebla del Río, Sevilla, 1925) -fallecido hoy en Sevilla a causa de graves problemas respiratorios, días después de que celebrara su 93 cumpleaños- es abrumadora, propia de un gran personaje de otra época. Pero fue, sobre todo, un revolucionario del toreo a caballo, y como tal forma parte fundamental de la historia de la tauromaquia. Por ello, en 2013 el Gobierno le concedió la Medalla al Mérito en las Bellas Artes.

Pero don Ángel, como se le conocía, escribía poesía sobre sus vivencias, publicó varios libros sobre toros y caballos, fue guionista de cine, letrista de conocidas sevillanas, actor de cine en dos películas, ganadero de reses bravas y criador de caballos de pura raza española, inventor de distintos artilugios para facilitar la vida de los animales y veterinario sin título, pero con amplios conocimientos y una gran destreza quirúrgica.

Una vida la suya de película, pues recibió en su finca a actrices de fama como Geraldine Chaplin, Bo Dereck y Ava Gardner, con quien, según confesión del rejoneador, no mantuvo un idilio, pero sí una breve relación que acabó con el ‘animal más bello del mundo’ sola, desnuda y abandonada en una habitación de hotel. Y por amores, también, visitó la cárcel durante tres meses, pues fue denunciado por el enojado padre militar de una joven menor de 25 años que mantenía relaciones con un apuesto y siempre mujeriego Peralta.

No obstante, su verdadera pasión fueron los caballos, (también era conocido como El Centauro de la Puebla) y subido a sus lomos (se dice no sin exageración que pasó más horas a caballo que a pie) alcanzó fama, dinero y prestigio. “El caballo es mi vida; yo sin él no me encuentro”, confesó en alguna ocasión. Con ellos fue un pionero, un innovador y un auténtico revolucionario del rejoneo.

Desde muy pequeño fue un consumado garrochista, y con solo 19 años, el 29 de febrero de 1945, debutó como rejoneador en la localidad de La Pañoleta, cercana a Sevilla. Y lo hizo, según repitió muchas veces, por pura intuición y sin haber visto rejonear antes.

Sus comienzos no fueron fáciles pues las figuras del toreo no veían con buenos ojos la intromisión de caballos en las corridas. A pesar de la oposición, consiguió debutar en Madrid el 19 de abril de 1948. Posteriormente, en 1955, marchó a América (la cuadrilla y los caballos viajaban entonces en barco) y se forjó como rejoneador en México, Venezuela y Perú.

De vuelta a España, alcanzó un indiscutible prestigio en las décadas de los años sesenta y setenta. Fue uno de los fundadores de ‘Los cuatro jinetes de la Apoteosis’, formada por Álvaro Domecq, José Samuel Lupi, su hermano Rafael y el propio Ángel, que protagonizaron la etapa más gloriosa del rejoneo. “Éramos amigos en la calle y enemigos en la plaza”, confesaba Peralta. Los cuatro recorrieron las ferias más importantes entre el delirio de los públicos, que enardecían ante el novedoso espectáculo de los caballeros. Así, llegaron a participar en más setenta festejos en una temporada, y el propio Ángel Peralta alcanzó la cifra de 126 corridas en el año 1971.

Ese año fue particularmente especial para el torero a caballo: batió el récord de corridas en una temporada (nada menos que 126), e hizo historia en la plaza de la Maestranza al cortar las dos orejas y el rabo de un toro en la Feria de Abril.

Y así, en loor de multitudes, estuvo en activo durante 55 años, en los que lidió más de 6.000 toros.

Las alegrías del triunfo también se vieron trufadas en ocasiones por momentos difíciles. Uno de ellos en la temporada de 1965, en la plaza de Alicante, cuando un toro de Pablo Romero mató a su caballo ‘Cabriola’, que había protagonizado la película del mismo nombre junto a Marisol. Y otro, cumplidos ya los 64 años, el 19 de mayo de 1990, en La Zubia (Granada), cuando el caballo que montaba resbaló, cayó encima del caballero y le produjo gravísimas lesiones en la caja torácica, la rodilla izquierda y le fracturó varias costillas, una de las cuales le afectó al pulmón.

En contra de todas las previsiones médicas, Ángel Peralta volvió a montar, y continuó su trayectoria, aunque mermado de facultades. Así, el 20 de septiembre de 1992 recibió un cálido homenaje en Las Ventas en un festejo en el que participaron 12 rejoneadores franceses, portugueses y españoles. Días más tarde, el 11 de octubre, el espectáculo se repitió en la Maestranza, el coso donde había conseguido sus triunfos más sonados.

Pero no se conformó Peralta con alcanzar la gloria como torero a caballo. Fue un consumado poeta y expresó sus sentimientos sobre la naturaleza, la marisma, el caballo y el toro; escribió varios libros sobre los mismos temas, y uno de ellos, El Centauro de las Marismas. El libro que enamoró a Ava Gardner, lo reeditó el pasado mes de octubre. Peralta lo había escrito en 1957 como guion cinematográfico para una película que iba a protagonizar Ava Gardner. La actriz pasó unos días en el Rancho El Rocío, propiedad de Peralta, para ambientarse, y se empeñó en poner banderillas a una vaca montada a caballo. El animal derribó a la cabalgadura y la amazona acabó dolirida, asustada y con un gran hematoma en la mejilla izquierda. La caída cambió los planes y la actriz americana se desvinculó del proyecto.

El rejoneador participó como actor en dos películas, La novia de Juan Lucero, junto a la cantante Juanita Reina, y Cabriola, con Marisol.

‘Y se amaron dos caballos, mire usted qué maravilla…’ es la letra de una famosa sevillana de la que es autor Ángel Peralta.

Junto a su hermano Rafael, también rejoneador, fue ganadero de reses bravas y criador de caballos; y agricultor y amante de los animales.

En los últimos años, con algunos achaques ya a sus espaldas, era espectador habitual en una barrera de la Maestranza; desde ahí seguía atento las evoluciones de una joven rejoneadora francesa, Lea Vicens, que se ha formado junto a él.

Seguro que en muchas ocasiones le habrá repetido una frase que, en labios de El Centauro de las Marismas, leyenda del rejoneo, poeta, escritor, letrista de sevillanas, actor, ganadero, inventor, labrador, animalista, veterinario autodidacta y aprendiz de muchas cosas… suena a epitafio: “Torear es engañar al toro sin mentir…”.

Publicado en El País

@Taurinisimos 151 – Triunfa @FerminRiveraA Polémico Indulto @GanadoBravo Festejos Mérida y Guadalajara.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del lunes 26 de Febrero de 2018. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina.

Toros en Guadalajara y Mérida. Festival en Cinco Villas.

Corridas de La Estancia para Castella, El Payo y Ginés Marín y San Migue de Mimiahuapam para Rejoneador Emiliano Gamero, Joselito Adame y Sergio Flores.

Plaza Mérida, 89 años de historia por El Diario de Yucatán.

Faena de Fermín Rivera al novillo “Clase” de San Marcos, indultado en Cinco Villas, debate sobre el indulto.

La próxima emisión de @Taurinisimos será el próximo viernes 2 de Marzo de 2018 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

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@Taurinisimos 150 – Arturo Macías a Hombros, Polémico Indulto @ La México. Barralva @ Guadalajara.

Arturo Macías. Foto Plaza México Twitter.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 19 de Febrero de 2018. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina. Plaza México: Cerrojazo, Temporada Grande 2017-2018.

Análisis Indulto toro “Copo de Nieve” de Reyes Huerta, polémica faena de Andy Cartagena.

Faenas y Puerta Grande de Arturo Macías con los toros “Petirrojo” y “Muñeco” de Las Huertas.

Festejos en Guadalajara, Monumental Nuevo Progreso, triunfos de Joselito Adame y Sergio Flores, encierros de Julián Handam-Villa Carmela y Barralva. Enlace con Javier Ángeles Rodríguez, corresponsal.

Festejos y polémica en Monterrey, JuliJoselito Adame

Corrida en Cadereyta, Nuevo León: Carranco para Enrique Ponce, Juan Antonio Adame y Fermín Rivera.

La próxima emisión de @Taurinisimos, 151, será el próximo viernes 23 de Febrero de 2018 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

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La Enésima Tropelía – Cierra Temporada “Mayor” con sabor a Menor.

Cambio de mano de Arturo Macías a “Petirrojo” de Las Huertas. Foto: Miriam Cardona.

Ahora es el Juez Braun, en mala hora nombrado, porque no se puede hacer ridículo mayor, al no saber ver la lidia, ya sea a pie o a caballo, así como las reacciones de cada toro y así valorar y guiar a la asistencia, cada día más confundida. Salta un toro bravo, esto sumado la lastimera y chabacana actuación de Andy Cartagena consigue conmover y promover el camino fácil e inventar un indulto con muy poco de fondo propio y que subraya que de aquel torero a caballo ilusionante de 2000-2001 solo queda un tramposa y vulgar puesta en escena. Arturo Macías aporta la parte menos alborotadora de un espectáculo lamentable y, pese a la exageración que ha tenido su novena puerta grande en La México, se contrasta con la débil y decepcionante aparición de Leo Valadez, sin sitio y superficial, sin mayor recurso para quitarse un lote infame, reflejo del estado de la Fiesta.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Seriedad y solemnidad revisten las formas taurinas.

No negamos, decía Don Neto, la gran algarabía del público mexicano, que goza más del jolgorio de la corrida que de la entendedera del fenómeno taurino. Lo cierto es que la Plaza México está completamente perdida entre la desorientación a la que se le ha sometido de varios años para acá, la falta de autoridad y la auto complacencia de la actual administración. El mejor ejemplo de ello es el rejoneador Cartagena.

La aparición de un anovillado astado que abre plaza hace ver al torero a caballo preciso clavando un solo rejón en lo alto de salida pero acelerado y vacilante en los cites, al quiebro o a la tira en banderillas y sin mayor temple, a la misma velocidad siempre al galopar, sin torear, solo dando vueltas por el ruedo.

Así los toros, nunca mejoran.

Y veamos la lidia a caballo, precursora fundamental del toreo a pie, como un ejercicio también de sometimiento, de poderío y de temple. Esto Cartagena lo muestra a medias ante este cárdeno oscuro primero, fiel a su tipo ganadero pero infiel a su encaste pues este ejemplar sale flojo y se le esfuma la casta, acaba parado. A esto se homenajea con impensable Arrastre Lento. Claro, el rejoneador está tan pendiente de la galera y de dar coba a la gente que, ésta, predispuesta, aplaude incluso lo realizado fuera de la cara del toro.

Olvidando que, salvo el cite psicodélico, todo lo que se haga fuera de la línea de ataque del toro, del lugar donde puede herir, es ensayo o simulación.

Más, si esto se pretende que tenga mérito.

Pincha Cartagena varias veces y es silenciado.

Entonces la corrida encuentra, sorprendentemente, dos partes serias, una en la presencia aun cariavacada del castaño primero de lidia ordinaria, un burel largo y alto, demasiado zancudo acaso pero con cabeza bien armada. Y otra con la aparición tardía de Arturo Macías con buen proceder capotero, concentrado en el toro y firme ante un burel que se escurre a la querencia, dos veces, además de repucharse del caballo de recibir.

Macías ve como Valadez, en su único momento de lucimiento, interviene correctamente por chicuelinas y el veterano contesta con tafalleras cargando la suerte donde hace notar la tardanza y flojedad del castaño pero cierto son en la embestida, mismo que no alcanza a ser mejorado por las cuadrillas que no atinan y no ahondan la condición del astado.

Pena grande porque los de plata han abandonado el temple y el bien hacer.

Macías por el contrario.

En ambos turnos ha planteado y colocado correctamente el andamiaje. Ha caminado por una estructura adecuada, alternado y genuflexo, vaciando hacia arriba en el primero, sereno y templado, de pie, con el segundo. Este procedimiento le viene perfecto al castaño que agarra son y contagia a Macías de temple en un inicio donde después de iniciar bien se descuadra al girar en el martinete pero que encuentra soberbio desdén. Aquí el toro le responde y le indica que solo embestirá en cierto terreno –sobre las rayas- y a cierta altura y distancia –media altura, de preferencia.

De malva y oro, contra el viento, hace que el toro acuda en dos tandas breves de derechazos, rematadas bien, abajo y con la zurda. Pero trata de enroscarse al toro por el pitón izquierdo sin notar que la flojedad le pide respetar la línea para encelar. La informalidad del toro, su mansedumbre, impide que siga el engaño y descuadra a Macías que responde con la mejor tanda de su actuación, largos derechazos que encienden la esperanza.

Solo por una tanda.

Luego no terminaría por adecuarse ni rematar: plantea correcto, ejecuta desigual. Y en eso se parecen las dos faenas, la primera rematada por alto y con espadazo entero caído. Habría sido bueno tapar el pañuelo. La México, su Juez, tal como en el que abre plaza, aflojan.

Lo malo en los toros es caer una sola vez en la tentación.

Cuando es así, se cae para siempre.

Pese a ello Macías se mantiene ajeno al jolgorio, no hace mella en él, el numerito del cuarto turno y a un precioso toro lidiado en tercer turno ordinario le construye una faena que, de haber respetado la altura y tirado del toro sin descuadrarse o engancharse, el astado habría roto a mejor. No obstante la innecesaria voltereta propia en el intento de gaonera donde pierde tiempos preciosos, se nota de nuevo con estructura y, pese a no rematar, con poca ligazón, termina acertando con la espada, tras alternadamente rematar con cambios de mano por bajo en los terrenos cambiados bajo la Porra.

Estocada entera, en lo alto y en la suerte contraria, incluso la curva del estoque acentua su pronunciado trazo al clavar y, pese a tener algo de tendencia contraria el estoque, Macías hace uso paciente y magnífico del verduguillo, fulmina al precioso “Muñeco”, nombre célebre, y corta la segunda oreja para su novena puerta grande.

Justo cuando más lo necesitaba.

Ya veremos el tiempo qué sitio da a este su triunfo.

Pues así como Valadez no sabe qué hacer con un manso espantoso que hace de segundo ordinario al que no es capaz de sujetar y parar primero para castigar después, el novel torero se ve imposibilitado para apenas mostrarse con tanta pata para atrás, muchas zapopinas en el quite y, claro, demasiadas precauciones al empecinarse a lidiar en redondo a un toro tan manso como chico. Cómo se extraña ese toreo que domeña y remata a pitón contrario para alternar rodilla en tierra el castigo y el latiguillo que merecen los mansos. Su insustancial actuación se acentúa a peor con el inválido sexto al que intenta quite de oro sin mayor lucimiento ante un inválido que debió ser devuelto. Tarde para su olvido.

Y esas mismas tenemos para lo acaecido a la mitad de la tarde.

Cuando salta un dije como el cuarto, “Copo de Nieve” ya histórico, las esperanzas se avivan nomas de verlo. Recordemos, a mejor trapío, mejor bravura.

Aprieta al caballero en plaza, tanto, que pese a clavarle contrario y hacerle dudar sobre el segundo rejón, el toro muestra una condición de atacar con plena alegría en el tranco durante el segundo tercio.

Eso si, si no se le tapa, si se le pasa apenas por encima, sale suelto.

Pero basta sentir el engaño para que embista. Cartagena galopa y galopa, vueltas al ruedo más con las ancas y dando la espalda al cárdeno que encelándole con la grupa y con mejor temple que derive en despaciosidad y, sobre todo, verle torear en plenos medios, más allá del simple ejercicio, hoy ya rebasado, de solo clavar. Porque si Cartagena emociona no es por la manera enfrentar al toro mientras embiste, sino del modo en que él mismo “embiste” al tendido, más pendiente de la puesta en escena que del fundamento de la escena misma.

Y para muestra, un botón.

En uno de los múltiples cambios de jaca, el sobresaliente Jorge López traza caleserinas y el toro acude con tal clase y casta al engaño que termina entablerando y pidiendo más pelea al desorientado y sempiterno sobresaliente. Ahí Cartagena ya no sabe que hacer mas que recurrir baratamente a la chambonería del parado de manos del caballo para jamás citar con compromiso al hermoso cárdeno sino llamarle desde la periferia sin no provocar debdiamente en el cite sino aburriendo al toro y brindar el tramposo espectáculo que su peón de brega tocara los lados del noble toro en abusivo Capote.

A grado tal que “Copo de Nieve” acabara soso y doblando contrario.

Pero todo es posible en La México.

Y el indulto se promueve gracias al ridículo y lastimero ruego de Cartagena, echado en la arena sobre el caballo, todo con tal de no consumar la suerte suprema. Indulto tramposo y tolerado por una Autoridad aun peor y una empresa que festeja el hecho como todo un triunfo cuando quizá ha sido el retroceso donde no gana la bravura pues no hemos podido ver en total dimensión la condición de un toro inicialmente bravo sino la puerta falsa de la pachanga a la que hoy La México está reducida.

La que evita a propósito la suerte suprema.

Esa que impide una mejor y mayor Afición, pues hoy se interesa más la patronal el público y su relajo que en el futuro más duradero, el que nace en el amor de la asistencia por los valores más auténticos la Fiesta. Eso por lo que nadie apuesta…

Eso que es la Afición.

Y quedamos en el último episodio de esta infausta Temporada como el microrelato de @Narratorio, ayer aparecido: “Todo comenzó cuando cayó la última hoja. Se miraron a los ojos con fiereza y sus espadas chocaron. Tras varios minutos de combate cayó un copo de nieve y para alivio de ambos, la lucha a muerte quedó aplazada hasta la primavera.”

Así llega este “Copo de Nieve” y su indulto, a partir del cual, un lidiador se alivia.

Aplaza la realidad, da la falsa salida a lo inevitable de la Fiesta, la verdad del encuentro último, como decía Alfred Tennynson: “Permanece a mi lado cuando vaya apagándome//Y puedas señalarme el final de mi lucha.” Ese final que el cárdeno se ha ganado, luchando, al que la trampa cartaginera le ha cambiado por la muerte en la vejez y la soledad del campirano olvido.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2017-2018. Domingo, Febrero 11 de 2018. Décima Cuarta de Derecho de Apartado. Un Cuarto de Plaza en tarde fresca con viento molesto en diversos pasajes de la lidia. Palco desatinado y distraído que incide, lamentablemente, en la lidia y el resultado del festejo, para variar, la Autoridad no supo ni como indultar al cuarto de la tarde, ocupó todo menos el pañuelo verde.

6 Toros, 2 para rejones de Reyes Huerta (Divisa Rojo, Blanco y Rosa, saltan al ruedo con otra divisa) chico el primero, sin fondo y con flojedad, increíblemente homenajeado con el Arrastre Lento a cargo de Usía. Precioso de hechura perfecta el lidiado en segundo lugar de la lidia para rejones, cárdeno claro número 250 de 514 kgs., con bravura y alegría en el tranco, responde bien en los capotazos de la cuadrilla y en el quite del sobresaliente así como a los cites de su lidiador, no obstante acaba soso y desentendiéndose de las jacas, indebidamente indultado por la pésima y lastimera actitud del rejoneador y la banalidad de Usía. Y 4 de Las Huertas (Divisa Negro, Oro y Amarillo) Desigual y variopinta, destaca el lote del primer espada, con flojedad pero nobleza. Manso y descastado, saltando al callejón dos veces el segundo e inutilizado el cuarto que debió ser devuelto.

Al finalizar la lida del segundo para rejones el ganadero José María Arturo Huerta y su hijo dieron la vuelta el ruedo.

El Rejoneador Andy Cartagena, Silencio y División en la vuelta al ruedo. Salió a Hombros. Arturo Macías (Malva y Oro) Oreja con Protestas y Oreja tras Aviso. Salió a Hombros. Leo Valadez (Azul Rey y Oro) Silencio en Ambos.

Padecen las cuadrillas nuevamente, al bregar y parear. Imprecisos toda la tarde.

RECAPITULANDO: Amargo Dulzor de Enrique Ponce – Tobogán Teófilo Gómez.

Doblón de Enrique Ponce a “Vivaracho” para quitar el freno de mano inicial.

Francamente poco podíamos esperar de Teófilo Gómez. Peor aun luego de la danza de corrales semanal. Enrique Ponce no necesita de estas maniobras sino alejarse de sospechas y de un gesto mayor: enfrentar a un toro mexicano de más cartel que las birrias queretanas con la que ya lo hemos visto hasta saciar. No importa el desastre de Teófilo para que un nuevo milagro se teja a partir de los mínimos exigidos en el toro para que Ponce trace una nueva lección, esta ocasión, de precisión de altura y donosura, de clase y arte para hacer embestir a un torito sardo al que, matando fatal, corta dos orejas en plena entrega de La México, severa con Adame y “El Payo” con dos actuaciones que nacen parecidas pero que al final la clase del último marca diferencia.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se le abre plaza a Enrique Ponce con un rejoneador. ¿Necesita de ello? No.

Se le trae con Teófilo Gómez, sí, otra vez. Y con Barralva. ¿Necesita de ello? No.

Por ello la tarde, que comienza con ovación de auténtico lujo para el valenciano, pasa al aburrimiento con Jorge Hernández Gárate, acartonado al grado de entablerarse y fallar con el rejón de muerte. A la doble frustración de ver al primero saltar despavoridamente y atorarse en la tronera de picadores.

El Juez, Braun, destemplado como siempre, lejos de la acción, toma la pésima decisión de no devolver y el marfileño terno en oro bordado, deslumbrante de Ponce, tan recordado porque con tal combinación desde 1995 ha bordado diversas tardes para la historia en esta plaza, desde el toro de Mimiahuapam en dicha Temporada, la corrida de Los Encinos en Diciembre de 2000 o el faenón a “Llanero” (sí) de Bernaldo en el Aniversario de 2005.

Blanco y Oro, hoy marfil, que se convierte en filipina de enfermero.

O de terapeuta.

Solo así entendemos que, con todo y lo lastimado, lleguen chicuelinas, derechazos de mano alta y templada, despaciosas pero carentes de mayor emoción. Mata mal y solo hay ovación.

Pero la cosa no para ahí. Tenemos que el sospechoso de cuerna segundo se encuentra con la peor versión posible de torero alguno. Atacado de atacar, de zapatillear, de echar afuera y sin temple, de verse desarmado y, claro, exigido, José Adame se achica con el único toro de lidia ordinaria que toma la muleta largo y repetido. Tan poco tiene de toreo que se acerca a donde Manolo Rodríguez, que no ha echado el famoso sombrero, para mendingarle el tan mexicano tocado y hacer de la lidia un simple numerito.

Tras arrimón con un toro que pide espacio hace la gracia de tirarse con sombrero en mano en gesto artificial y forzado.

Como su actitud y pésima manera de estar en la Plaza.

Pincha claro, porque para matar bien, salvo casualidades, hay que haber toreado a tal nivel, más a un toro que le ha exigido someter. No pasa. Como tampoco pasa nada con el barralva quinto, otro torete soso que le levanta los pies al hidrocálido que ya se olvidó que para banderillear, como para todo en el torear, hay que estar bien colocado. Como gusta de pasarse de la cara, al segundo par, desentrenado, se pasa tanto que queda a contraquerencia y claro, el jarabe que le baila el barralveño apenas es la medida del terrible nivel de Adame.

Peor quedaría al matar mal y llegar ya no al enojo sino a la indiferencia de la gente.

Como uno más.

Así pudo quedar el “Payo” insípido y notablemente frustrado ante el tercero con el que, además de verse sin tino, se nota sin actitud. Afortunadamente, luego de intentar Ponce con el manso y débil cuarto, segundo teófilo, en una faena demasiado insistente, sobre piernas para tratar de que el manso avanzar y con dos cambios de mano por bajo de cartel, “El Payo”, por fin, para despertar de todos, se da a torear a la verónica.

Y de qué manera, el toreo como nunca debería de variar.

Cuando piramidalmente el compás que sostiene la suerte hace que el tronco gire y los brazos desahoguen la embestida hacia las muñecas, la plaza rompe y el toro, manso y desesperantemente soso, incluso mejora. Y esto ocurre en doble aspecto, “Payo” no

“El Payo” a la verónica, a pie firme, compás de pirámide y mano templada. FOTO: Edmundo Toca.

afloja, se templa en el nuevo quite y al cerrar la media verónica, vertical y torera, el ambiente se va para arriba y se dispara cuando la gente abruma como nunca a Ponce y este regala un toro.

A partir de entonces, con el efecto que genera esto, la faena del queretano, crece, desde el péndulo inicial hasta los derechazos redondos, los naturales de pleno empaque y los cambios de mano que no hicieron sino acentuar la mansedumbre y la necesidad, como hizo, de que “El Payo” se impusiera de nuevo y con la derecha abrochara la faena que…

Echa a perder con la espada… otra vez. ¿Por qué? Solo Dios…

Y como hubo protestas, con razón, “El Payo” estaba por taparse, menos mal Enrique Ponce no le deja y así se desahoga y purga la mala suerte de la tarde para dar paso a la capa roja, negra y blanca de “Vivaracho” el sardo y precioso astado, aunque destragado y chico, regalo de Teófilo Gómez que mete el freno de mano de la sosería, esa palabreja donde comienza la nobleza a mostrar los síntomas de su verdadera condición.

Ponce la siente en el capote, como en el lance por pitón derecho, hay salidas que muestran al sardo pajarear. Pero tras breve puyazo, lo realmente “Vivaracho” cobra vida gracias a la magistral y torera, de ritmo teñida, de temple creada y aunque de plata bordada, brega de Mariano de la Viña que dio a Enrique Ponce el milagro en oro centenario de lograr que el de Teófilo por lo menos no detuviera su embestida.

La México casi ni lo nota, de otro modo, lo habría sacado al tercio.

Ponce lo sabe. Brinda a todos y los doblones, constantes y sonantes, rematados algunos a la media altura, brindan el alivio y el amparo pero también son los cimientos a partir de los cuales los derechazos de las dos primeras tandas hacen que el toro tome el engaño al natural pero frene en el remate contrario, más si ve las tablas. Entonces la mano izquierda se rompe, previo aleteo en el cite, que traza un natural de estaquillados en horizontal perfecta en un ejercicio de colocación de encelamiento y de sometimiento de ese opaco deseo de no embestir hacia el pleno e iluminado camino del convencimiento de tomar el engaño.

Y al natural, el cite insiste  a la tardanza que convence y prepara los pases genuflexos y pese a no ser, primeramente lo rotundos como después, ajusta cuando el toro protesta al sentir los adentros, regresa con derechazo cumbre y nuevo cambio de mano de gloria revestido.

Previo al cierre y al remate por bajo.

Que mientras otros juegan al poste y al arrimón, Ponce echa mano de la personalísima dosantina genuflexa, luego de haber repasado todo el toreo natural al extremo, en triple poncina que termina, con La México rota y Ponce en torero desplante marcando en la arena, con el ayudado su pisada en la plaza de su máximo cartel.

Solo que la espada cae en pésimo sitio: baja y perpendicular.

Se esfuma cualquier trofeo, La México dio dos y, algunos pidieron el rabo. Mal otorgadas las primeras, bien negado el segundo. Ese fue el acíbar entre tanto almíbar, entre tanto, impensable dulzor que parecía no llegar ante lo manso y descastado del encierro.

Que solo las virtudes más finas de Enrique Ponce podían obtener.

¿Qué será el día que escape de el “Síndrome de Teófilo”?

Que nuestros ojos, igualmente triunfal, lo vean.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2017-2018. Domingo, Diciembre 3 de 2017. Tercera de Derecho de Apartado. Menos de Media Plaza en tarde fría con viento intermitente. Palco equivoca, para variar, el Arrastre Lento al sobrero de regalo dada su falta de fuerza, tardanza y sosería, así como la premiación de la segunda oreja al primer espada. De igual manera, terrible error no devolver, tras lastimarse luego de brinco al callejón y quedar atorado en la tronera de picadores, al primero. Público consentidor con el toro y severo con el toreo (remitirse a la crónica)

8 Toros, 1 para rejones de El Vergel (Amarillo, Obispo y Verde) Anovillado con cierta casta entre el tercio y las tablas funcionó en el último tercio. Y 7, el séptimo como sobrero, 3 de Barralva (Divisa Azul Pastel, Amarillo y Rosa) los lidiados en primero, segundo y quinto turnos; sospechosos de pitones, acochinado el primero que salta la barrera y luego de quedarse atorado con una cuerda en el pitón derecho, se astilla y aun así no es devuelto. Mansos el resto y descastados; 4 de Teófilo Gómez (Divisa Azul Celeste, Blanco y Plomo) Chicos, mansos y sospechosos de pitones. Bonito de hechuras aunque chico el sardo lidiado como primero, con fijeza y nobleza en las telas pero tardanza en decidir la arrancada y sosería tras el remate de las suertes, homenajeado exageradamente con el Arrastre Lento.

El Rejoneador Jorge Hernández Gárate, Silencio. Enrique Ponce (Marfil y Oro) Ovación con Saludos y Vuelta tras Aviso y Dos Orejas en el de Regalo tras petición de rabo. Salió a Hombros. Joselito Adame (Azul Rey y Oro) División y Silencio. Octavio García “El Payo” (Obispo y Oro) División tras Dos Avisos y Oreja con Protestas.

Simplemente genial, templado, largo y con donosura la brega de Mariano de la Viña al sobrero, ya había lidiado a una mano al cuarto. Al de regalo en el segundo tercio le empapa de tela, sin enganchar, le descubre el temple y le hace tomar el engaño largo, situación fundamental para el resultado de dicho turno. El resto como siempre, a media o mala agua.

Fotograma de la faena de Ponce a “Vivaracho” de un lado a otro encela al sardo astado.