Archivo de la categoría: Juan Belmonte

El torero y el escritor, una pareja no tan extraña

Ni siquiera creo que (Belmonte) toreaba para nadie, me pareció más bien que puso el punto final a la brillante historia de la tauromaquia. Después de esto, nada. No hay más allá – Gregorio Corrochano.

Por Jaime Fernández.

El torero es Juan Belmonte, matador de toros, natural de Sevilla, y el escritor, Manuel Chaves Nogales, periodista y también sevillano. La escritura y la vida se aunaron felizmente en este milagro literario que es la biografía Juan Belmonte, matador de toros. Su vida y sus hazañas, publicada en 1935. Biografía atípica, puesto que, después de una breve pero atinada introducción en la primera infancia, el biógrafo desaparece y quien habla para el lector es el biografiado. Entre ambos compusieron un hermoso recital a dos voces, el uno con la pluma, el otro con el habla.

En 1935, Juan Belmonte frisaba los 43 años y era una estrella en el mundo taurino, una leyenda viva, el forjador del arte moderno del toreo y, tratándose de un oficio tan arriesgado, un superviviente que soportó como pudo la muerte de su competidor y amigo, el gran Joselito, en la plaza de Talavera de la Reina, el 16 de mayo de 1920. La imagen que Chaves nos transmite del matador es la de un hombre tranquilo y curtido, que mira su turbulento pasado y la vida en general con cierta distancia y una asombrosa objetividad.

Parece como si el personaje que habla al lector fuese otro distinto de Belmonte, o que el propio Belmonte nos estuviera contando la vida de alguien que no es él. De ahí la impresión de hallarnos ante una novela y no una biografía con visos de autobiografía. Una biografía nada novelesca por cierto, y menos aún novelera, porque toda ella está surcada por un profundo afán de verdad y de rigor, como se deduce de la transparencia del lenguaje en que está escrita.

Belmonte se confiesa a Chaves Nogales (y al lector), ajeno al efecto que pueda causar su relato. Es una confesión en carne viva y sin anestesia, como tantas de las curas a las que hubo de someterse en su  profesión, sabiendo distinguir lo principal de lo secundario. No hay nada superfluo en la crónica de esa vida salpicada de anécdotas, como tampoco en la prosa de quien la escribió. El estilo austero de Chaves Nogales encajó perfectamente en la manera de ser, también tocada por la austeridad y la ironía, del torero. Tal para cual.

Hijo de un pobre quincallero, Belmonte no sólo había sobrevivido al ciego furor de los toros sino a las cornás de la vida, que pueden ser tan violentas y dañinas como las de aquellos. En primer lugar, y tratándose de un torero, las cornás del miedo a las cornadas de los toros, las de verdad. Y luego, aunque apenas lo deje entrever, las cornás de la desilusión, que son las más universales tanto en la vida como en la literatura. Sin embargo, en ese relato maravillosamente escrito no se aprecia rastro alguno de resentimiento ni de rencor, ningún lamento. Por el contrario, el matador de toros recuerda que debe su supervivencia principalmente a la suerte. De ahí que Chaves y Belmonte clausurasen la biografía con una sentencia que bien podría haber encabezado la portada del libro:

“La verdad, la verdad, es que yo he nacido esta mañana”.

Si bien la singular relación de Belmonte con la literatura se materializa en esta biografía, gracias a los buenos oficios de Manuel Chaves, estuvo precedida por un largo y fecundo historial de lecturas. Belmonte era un lector atento, que viajaba con una biblioteca a cuestas durante sus giras nacionales e internacionales.

Por las noches leía a autores como Gabriele D`Annunzio, de quien cuenta cómo le soliviantó una frase que encontró en una de sus novelas: “El peligro es el eje de la vida sublime”. No resulta difícil comprender su desazón ante semejante aserto. Nadie mejor que Belmonte sabía de peligros. En esa frase tan dannunziana tuvo que descubrir el sentido de su existencia, pero con una literalidad muy distinta de la que habría de adoptar bajo el régimen fascista de Mussolini, su divulgador.

Para un individualista como Belmonte el peligro atañía solamente a su vida. Él sí conocía el significado de esa palabra, aunque lo de “vida sublime” quizá se le antojara un tanto complicado para un temperamento pragmático como el suyo, contrario al barroquismo del escritor italiano y al ritual ceremonioso que se estilaba en aquella sociedad anterior a la Primera Guerra Mundial. Es el peligro inequívoco al que se expone el matador de toros cada vez que desciende al ruedo –su particular séptimo círculo dantesco- para enfrentarse a la bestia. Al comienzo de la lucha, sólo el matador sabe que uno de los dos tiene que morir; el toro se percata de ello y se defiende atacando con bravura.

En su obsesión por el toreo, Juan Belmonte se revela como un pariente próximo del capitán Ahab persiguiendo por los mares, a bordo del Pequod, a la temible ballena blanca Moby Dick. A ambos los corroe un empeño análogo: la lucha a muerte y cuerpo a cuerpo contra un adversario peligroso.

Aun así, los separa una diferencia importante. Mientras el personaje de la novela de Melville, armado con su arpón, persigue a la ballena blanca sin propósito artístico alguno -aparte de que las dimensiones colosales de Moby Dick no se lo permitían-, cegado por el deseo de venganza, Belmonte se encara al toro con una deliberada voluntad artística, forjando una estética ad hoc. Para Ahab la ballena Moby Dick era única, en correspondencia con la unicidad de su venganza. Para el matador cada toro al que se enfrenta es distinto, aunque les reserve a todos un mismo destino. Precisamente esta diferencia atrajo las simpatías hacia Belmonte y otros grandes toreros de escritores, poetas, artistas e intelectuales, como Valle-Inclán, Zuloaga, Pérez de Ayala, Cossío, García Lorca, Ortega y Gasset o Bergamín.



Sin embargo, Belmonte desconfía de la destreza tanto como de la experiencia. Cuando, después de décadas de oficio, se lanza al ruedo para torear ante una afición entregada, teme caer en la rutina propia del oficinista al que le salen bien las cuentas por pura inercia. Quiere seguir sintiendo la incertidumbre del aprendiz, con sus errores y aciertos, el desasosiego de la primera vez y el placer momentáneo del hallazgo, como un poeta ante el soneto que se dispone a escribir, sin saber muy bien adónde le llevarán las palabras. Todo menos dormirse en los laureles de lo aprendido y vegetar como un parásito en el nido de lo previsible. Entiende el toreo como “un ejercicio de orden espiritual”, ligado a la emoción y al entusiasmo, en absoluto comparable con una actividad deportiva o meramente física.

La corrección no es para los héroes. Un torero con sensación de dominio elimina el riesgo, pero a cambio pierde la incertidumbre y sucumbe a la rutina. Entonces puede ocurrir que sienta el hastío de su oficio que, como confiesa Belmonte, percibirá como algo estúpido, sin sentido alguno, una impresión que tampoco escapará al olfato del público, defraudado por un espectáculo inane. Los escritores y los poetas se exponen a una tesitura similar a la que describe el torero.

Belmonte y Manuel Chaves descienden de Cervantes no sólo por la parte quijotesca que les corresponde sino por la herencia literaria. Cervantes como narrador admirable, que seduce al lector con su arte, y también como creador de un universo imaginario en el que la aventura y la hazaña, con sus dosis de valentía y temeridad, se entreveran con la ironía, la inteligencia serena y la intuición. Como los personajes cervantinos, Juan Belmonte es múltiple, al igual que su vida, aunque esté dominada por una sola pasión. No hay un Belmonte único sino varios. Está el Belmonte audaz e imprevisible, al que todos dan por muerto mientras se debate con el toro; el que se revuelve contra el miedo en las noches que preceden a las corridas, como Jacob contra el Ángel, y que habla con él, avivando un duelo dialéctico del que saldrá victorioso más por obstinación que por superioridad argumental. También está el Belmonte que, abatido por el sueño, la fatiga o los golpes y las heridas de la corrida anterior, se planta ante el toro y despierta súbitamente, hasta que logra vencer al astado, con capote y muleta.

Hay un Belmonte que se deja mimar por la siempre voluble afición, pero que en su fuero interno se siente incómodo ante ella, sobre todo cuando se transforma en muchedumbre; y aquel otro que en México compartió juergas con los muchos mexicanos enloquecidos que conoció y que debieron ser tantos que, de vuelta a España, pensó que en aquel país embarcado en la Revolución estaban todos locos. El Belmonte solitario, que se encierra con un libro cuando el miedo y el ajetreo se lo permiten, convive discretamente con el Belmonte sociable, que asiste silencioso y con el oído despierto a las tertulias de Valle-Inclán en Madrid y que, en sus giras, comparte horas de inquietud y alegría con su cuadrilla.

Pero el Belmonte más belmontino es el que, después del tráfago de los triunfos y de las derrotas en los ruedos, vuelve en sí y reflexiona con el distanciamiento del poeta que se sienta ante la mesa de su gabinete, con la conciencia clara, para recordar lo vivido. Es en este interludio entre dos luces en el que irrumpe la letra impresa, el libro de su vida que un día habría de escribir con Manuel Chaves. Sospecho que el literato secreto que Belmonte llevaba dentro se forjó bastantes años atrás, al mismo tiempo que la pasión por el toreo, en la pubertad sevillana en que, junto a sus amigos de Triana, se aficionó a las novelas de aventuras.

Aquella pasión lectora le llevó a identificarse con los héroes novelescos, “hasta el punto de que la vida que vivíamos era más la suya que la nuestra”. Sin saberlo, estaba siguiendo los pasos del hidalgo Alonso Quijano, lector apasionado de libros de caballerías. Tanto era así que, como el caballero andante cuando se echó al campo en busca de aventuras caballerescas, un día el adolescente Juan Belmonte decidió viajar con un amigo a África para cazar los leones que no encontraron en los alrededores de Triana y que habían visto con los ojos de la imaginación en las novelas de Salgari. Naturalmente, aquella aventura fracasó, aunque el instinto cazador del matador de toros ya arraigase en ese episodio tempranero.

Después de numerosos percances y penalidades, se convencieron de que así no iban a ninguna parte. No fue necesario que un piadoso vecino los devolviese a su hogar, como le sucedió a Alonso Quijano tras su primera salida, por lo que nada más pisar Cádiz se volvieron hacia Sevilla. Resulta que el mundo no era como lo habían imaginado porque, en definitiva, “lo que fracasan son siempre las fantasías”. Como ya les ocurriera a Don Quijote y a Sancho Panza durante su estancia en Barcelona, lo mejor de su frustrada travesía fue que, antes de entrar en Cádiz, a última hora de la tarde, se encontraron de frente con el mar que no habían visto nunca.

En una época en la que unos cuantos se preparaban para elegir el destino de millones de europeos, Juan Belmonte se anticipó a planes tan siniestros, tomando las riendas del suyo. Y así habría de ser hasta el instante final de su vida, hace más de cincuenta años, cuando el 8 de abril de 1962 decidió suicidarse en su cortijo de Utrera, una elección fatal que, según se desprende de su relato biográfico, acarició en más de un momento muchos años antes.

Anuncios

1916. Juan Belmonte se entrena derribando reses en la finca nazarena de Quintillo.

1916. Juan Belmonte se entrena derribando reses en la finca nazarena de Quintillo

Otros toreros, como ‘El Espartero’ o Joselito ‘el Gallo’ pasaron aquí temporadas invitados por José Anastasio Martín.

– De SOL y SOMBRA.

Desde el patio de naranjos del cortijo Quintillo se divisa la Giralda de Sevilla, aunque muchos de los famosos y políticos que hasta aquí vienen,  invitados a las fiestas taurino-campestres que organiza su propietario, ignoran que se encuentran en suelo de Dos Hermanas. La finca es propiedad de José Anastasio Martín, famoso criador de reses bravas. Su ganadería, creada por su abuelo,  Anastasio Martín, en 1838, luciendo divisa verde y encarnada, forma parte ya de la historia de la fiesta nacional. Los conocidos como ‘toros de Anastasio’ son bravos, poderosos para la pelea, pero al mismo tiempo  ligeros y manejables.

Por esta razón, además de por la hospitalidad de su dueño y por su cómoda cercanía a Sevilla (de la que dista sólo una hora en coche de caballos), es Quintillo lugar de peregrinaje habitual de los amantes de la tauromaquia. El mismísimo rey Alfonso XIII, amigo personal del ganadero, y el Conde de Romanones (compadre de Martín) son agasajados con frecuencia en la finca nazarena. También acude la prensa, que otorga eco y celebridad a los encajonamientos de reses a las que asiste, las tareas de herraje y las tientas de vacas que sirven de entrenamiento y diversión a los toreros. Célebres son, en el siglo pasado, las faenas de ‘El Espartero’ y, ya en nuestro siglo XX, las tientas de ‘Minuto’, Manolo Bienvenida (el Papa Negro), los hermanos Gallo o, por citar el más reciente  invitado, Juan Bemonte.

El famoso torero, acompañado de su hermano, el valiente novillero Manolito Belmonte, y del diestro Riverito, ofreció, a galope tendido, una magnífica faena de acoso y derribo a una hermosa becerra, pintoresca acción que  recoge la fotografía y que presenciaron con deleite muchos amigos allí congregados, además de personalidades de la política y las letras.

Joselito el Gallo: un día, toros; otro, liebres

1916. Juan Belmonte se entrena derribando reses en la finca nazarena de QuintilloLa nueva figura del toreo, el gelveño José Gómez Ortega, Joselito ‘El Gallo’, en una foto en Quintillo, lugar donde toreó por primera vez. Entre octubre y diciembre de 1912 residió aquí con sus hermanos Rafael y Fernando, preparando la temporada taurina. Además de ejercitarse en las faenas de su profesión, aprovechaba para correr liebres con su magnífica colección de perros de pura raza, adiestrados para el acoso.

Nos cuentan que en el salón principal del cortijo se guarda, en una urna, una media botella sin beber de ‘El Espartero’, junto a una cata. En ella escribió que se la terminaría de beber “cuando volviera de Madrid”, algo que no ocurrió, pues allí encontró la muerte el 27 de mayo de 1894. El balcón del comedor, en forma de palco, da a la plaza de toros, de forma que permite una vista privilegiada de las tientas y becerradas.

La finca fue su regalo de boda

El ganadero José Anastasio Martín es también concejal del Ayuntamiento de Sevilla. La finca de Fuentequintillo fue el regalo que su padre, Anastasio Martín Suárez, le hizo al casarse con Dolores Carmona. Su amigo, el rey Alfonso XIII, le ha querido nombrar Marqués de Casaquintillo, pero él lo ha rechazado por no tener hijos varones.

Fuente: http://www.lasemana.tv

Siguenos en Twitter https://twitter.com/Twittaurino

VOZ DE LA FIESTA: Observando al Planetario Taurino – Entrevista con Domingo Delgado de la Cámara.

Domingo Delgado de la Cámara dicta cátedra. Otra vez.
Domingo Delgado de la Cámara dicta cátedra. Otra vez. FOTO: @casiel_28.

En Bilbao y en el marco de la Aste Nagusia pasada, se llevaron a cabo diversos hechos culturales que reafirman la naturaleza de la Fiesta de Toros. Uno de ellos fue la presentación del más reciente libro escrito por Domingo Delgado de la Cámara, “Entre Marte y Venus. Breve Historia Crítica del Toreo” (Yeguada Marqués, 2014). He aquí nuestra conversación con quien bien puede ser el crítico de mayor importancia del actual planeta de los toros y su historiador de mayor lustre y agudeza.

Por Fabiola Flores De SOL Y SOMBRA. Bilbao.

Teniendo como paisaje inmediato a la magnífica Plaza de Toros de Vista Alegre en Bilbao, hemos acudido al encuentro de Domingo Delgado de la Cámara, el importante crítico e historiador, tan proclive siempre a unir la inteligencia taurina con el sentimiento.

Conversamos con el autor español acerca de lo que más le apasiona. A la manera de un Galileo taurino, nos brinda un diálogo rico e interesante pues sus ojos observan el ritual de la Fiesta desde el amplio lente que brinda la historia.

De SOL Y SOMBRA: Domingo, en comparación con tus trabajos anteriores, sobre todo con la importante trilogía que ya has publicado, ¿Cómo definirías este libro que acabas de presentar a los lectores?

DOMINGO DELGADO DE LA CÁMARA: Este libro es una historia general del toreo. Los otros libros no eran una historia general, uno se dedicó a los toreros, otro al toro y otro a la lidia. Esta es una historia general desde que surge la triada fundacional de Pedro Romero, “Pepe Hillo” y “Costillares” hasta el momento actual. Es una historia del toreo irreverente e iconoclasta porque no estoy conforme con las historias que se han escrito. Esta es mi versión.

DeSyS: Los taurinos no cuestionamos mucho la dicotomía que confronta al toreo de arte con el toreo de valor, binomio válido pero no absoluto. En tus escritos has demostrado que la evolución del toreo plantea un abanico de diversos estilos, que hay diferentes nichos para diversas técnicas del toreo. Sin embargo, el título del libro insinúa un poco esa famosa dicotomía entre el toreo de arte y el toreo de valor ¿A qué se debe tan peculiar titulado?

DDC: En la mitología romana Marte era el dios de la guerra y Venus era la diosa de la belleza y el toreo ha estado siempre basculando entre esos dos extremos. El título se explica muy fácil: porque el toreo a lo largo del Siglo XIX era puramente marcial, era una lucha, era una guerra. Luego, a partir del surgimiento de Belmonte además del elemento marcial contiene el elemento venusiano, el elemento artístico y desde hace más o menos cuarenta años lo único que predomina es el elemento artístico. Se ha impuesto Venus sobre Marte. Esto es muy peligroso porque si el toreo abandona el riesgo, si abandona la lucha, se convierte en un ballet intrascendente que es a lo que estamos llegando.

DeSyS: Sé que Pepe Alameda ha sido trascendental en desarrollo de tu enfoque histórico, de hecho –en mi opinión- creo que esa vertiente que abrió Alameda te dio una línea de análisis a seguir. Tú en cierta forma eres su continuador. Esto es un ejercicio lúdico, imaginemos que alguien encuentra entre los archivos empolvados de este autor algo inédito, ¿Qué clase de texto te gustaría encontrar allí?

DDC: Sí, yo soy muy seguidor de Pepe Alameda, creo que es un escritor sumamente clarividente y muy mal comprendido en España. La crítica taurina española le satanizó porque veía en él un rival muy peligroso. Vino a retransmitir corridas por Televisión Española en el año ’74 y hubo una enorme campaña en su contra porque su visión del toreo era mucho más lúcida que la visión oficial que sostenían los críticos del momento. Por lo tanto, yo sí que me nombro heredero de Pepe Alameda pero sí que existen dos diferencias claras entre Alameda y yo, la primera es que Alameda era un genio, pero era un genio que no tenía sistema; se le ocurría una genialidad, la dejaba escrita en un par de líneas y ahí se quedaba la cosa. No tenía el sistema para aplicar esa genialidad a toda la historia del toreo, lograr una obra consecutiva y extensiva; eso sí que lo estoy haciendo yo. Otra diferencia es que Pepe Alameda, por las circunstancias de su vida, se vio muchas veces obligado a halagar a los toreros y yo no los he halagado nunca.

-Me gustaría encontrar en sus archivos pues… no lo sé. Probablemente eso, una historia general del toreo que nunca hizo. Era un genio, un genio vago, abúlico y le faltó sistematizar y extender sus ideas.

DeSyS: Como aficionada trato de leer constantemente, informarme y conseguir los textos de autores importantes. A partir de la lectura de tus libros me he dado cuenta que hay muchas obras que, tal vez, -ya a estas alturas y en este contexto, digamos, postmoderno- no le brindan al aficionado ninguna referencia concreta. ¿Podemos decir que obras como “El Cossío” ya están completamente fuera de contexto, que ya no tiene ninguna utilidad para el aficionado de hoy?

DDC: Yo creo que “El Cossío” no servía ni cuando se publicó. Vamos a ver, es una obra admirable desde el punto de vista de que es muy difícil recopilar toda la información que tiene. Puede valer, pues las biografías de toreros valen, pero como ideología taurina ya era una cosa completamente desfasada en su momento. Es decir, la Disertación Final de los Toros, en el final del tomo IV o Panorama del Toreo hasta 1978, en el inicio del tomo V, en el mismo momento de su aparición representan doctrinas absolutamente superadas que no valen.

DeSyS: Lo pregunto porque todavía existen aficionados que siempre te remiten a “El Cossío”…

DDC: Repito, “El Cossío” como acopio de datos está bien, pero como ideología está mal. La historia del toreo que aparece reflejada en “El Cossío” –que no es la peor- es una historia absolutamente mediocre y apegada a todos los tópicos falsos que luego inundan la cabeza de quien los lee.

DeSyS: Tú eres buen conocedor de la literatura taurina, sus escritores y diversos ángulos discursivos. En mi entender, no existe aún un estudio historiográfico de la tauromaquia. ¿Podrías esbozar algunos lineamientos generales de las tendencias más importantes?

DDC: Eso sería muy interesante, es decir, hacer un libro que podría llamarse Historia de las Ideas Taurinas o Historia de la Ideología Taurina. Es un libro inexistente que sería muy interesante hacer. Comenzando por el siglo XIX, está la tauromaquia de Bedoya o la tauromaquia de Sánchez de Neira, dos obras generalistas herederas del revisterismo del momento. Es decir, no tenían una ideología, simplemente se cuenta lo que pasa en el ruedo de un modo, digamos, de tipo telegráfico. Algo así como, “sexto toro sale y en el tercio del dos toma un puyazo de melones, en el tercio del cuatro toma otro de cantares”. No existe ideología en el siglo XIX, simplemente se cuenta lo que se ve.

– La ideología taurina empieza a partir de Belmonte, con él se empieza a hablar de arte, a filosofar acerca de los toros y se empieza a formar la ideología taurina como hoy la entendemos. De los admiradores de Belmonte -que empiezan a escribir una historia taurina para él- surge lo que podemos llamar la historia taurina oficial u oficialista. Frente a eso hay una corriente muy minoritaria, es la que defiende la memoria de Joselito, que está conformada por Corrochano y Pepe Alameda, ambos escritores, sin haberse tratado, creo que se guardaron cierto desprecio evidente. También hay alguien muy importante que es Guillermo Sureda, un escritor mallorquín muy poco conocido pero que escribe su Tauromagia, que es un libro muy importante.

DeSyS: ¿Qué ocurre después?

DDC: Después, toda la ideología redentora, torista, de contestación de los años setenta y ochenta en realidad no son tales porque lo que hacen es seguir la ideología de los belmontistas. Digamos que la corriente paralela es la de Corrochano, Sureda y Alameda, que yo creo que es quien verdaderamente ha tenido lucidez y ha sabido explicar la historia del toreo.

DeSyS: Continuamos imaginando estos libros que no se han escrito. Tú has dicho que piensas escribir el libro de la historia del fraude en la tauromaquia. ¿Cómo va ese proyecto?

DDC: Bueno, eso es algo que me planteé anteriormente. Sería un libro interesante de abordar pero, verdaderamente, no me veo con fuerzas para hacerlo. Sería interesante hacerlo porque el fraude acompaña a la Fiesta como acompaña al ser humano que tiene una cara brillante y magnífica, pero también una cara oscura y fraudulenta.

-El fraude es muy antiguo, por ejemplo, el Corregidor, el representante del Rey en el Puerto de Santa María en 1854, prohíbe una corrida que va a torear “Cúchares” porque han sido aserradas las puntas de las astas. O sea, que esto es una cosa mucho más antigua de lo que la gente supone y por lo tanto, sí que es necesario hacer una historia del fraude. ¿Cuál es el problema? Es que cada vez ha habido más fraude, esto se ha ido saturando y al final representa un auténtico problema. Más que la disminución del peligro -que es lo que se desea- la cuestión es que el fraude provoca que el aficionado desconfíe, llena de descrédito a la Fiesta de los toros. Sería bueno hacer, por un lado una historia del fraude, y sobre todo, conminar a la autoridad para que lo erradique.

DeSyS: A mí lo que me parece el gran reto, al abordar este tema, es cómo se documentaría el libro. ¿Cómo vas a encontrar fuentes del fraude?

DDC: Ese es el gran problema, claro, el fraude se realiza de noche y sin testigos porque quien lo está realizando es consciente que está haciendo una irregularidad. Por lo tanto, las fuentes no existen, todo lo que se habla del fraude son todo leyendas. Lo que se ha comentado de boca a boca, lo que cuentan los taurinos y los aficionados… pero pruebas no existen. Ese es uno de los problemas que implica el libro, claro.

-El fraude ha existido siempre pero cada generación lo va aumentando. Cuando se ha afeitado a un toro no se dejan pruebas.

DeSyS: ¿Eso quiere decir que sería un libro basado en la literatura informal, en el imaginario y la memoria de la tauromaquia?

DDC: Sería algo basado en los comentarios de unos y de otros. De todas maneras, el recuerdo del toreo o la auténtica historia del toreo no se ha transmitido en los libros. Se ha transmitido oralmente entre los pocos aficionados que sabían verlo y entre los pocos profesionales que también sabían verlo porque de toros ha sabido muy poca gente. La auténtica historia del toreo se ha contado en las tabernas, se ha contado en los coches de cuadrillas, nunca en los libros. Y dentro de esa auténtica historia del toreo que es oral, pues muchas veces se ha hablado de los fraudes.

DSyS: En tu obra explicas que a lo largo de la historia del toreo se ha, digamos, purgado la genética de las castas primigenias y que ahora sólo sobrevive una de ellas: la Vistahermosa, la cual, llevada a sus límites ha dado lugar a lo que algunos llaman el toro artista. La contradicción es que el público parece gustar cada vez más del toro monumental y, a veces, desproporcionado. Últimamente se ha visto que están embistiendo esos toros enormes. Como ejemplos recientes podemos citar un toro de Cuadri en Valencia durante la Feria de Julio y algunos ejemplares del Puerto de San Lorenzo en la pasada isidrada. En cuanto a la selección que se hace en las ganaderías, ¿Crees que es posible conseguir ese toro enorme pero que embista con la clase y la entrega que se demanda del “toro artista”? o por el contrario, ¿Crees que definitivamente ya no hay esperanza para la manipulación genética en el campo bravo a partir de la selección?

DDC: Creo que se tienen unos conocimientos genéticos que nunca se han tenido y por lo tanto se podría lograr el toro perfecto, lo que pasa es que hay un montón de intereses para que no se logre. Es decir, aquí, quienes tienen cogida la sartén por el mango son los toreros y lo que ellos quieren es un toro fundamentalmente sumiso. Pero sí que es posible lograr un toro que combinara la embestida de clase con la emoción. De todas maneras, yo creo que el futuro no existe. La Fiesta de los Toros está inmersa en una sociedad que no la comprende, los ataques van a ser constantes, el mundo profesional taurino es esencialmente mafioso… yo creo que la Fiesta no tiene futuro. Por lo tanto, el toro del futuro simplemente no va a existir porque no va a haber corridas.

DeSyS: Según estas predicciones, ¿cuánto tiempo de vida le queda a la Fiesta?

DDC: Va a ser algo muy rápido, va a ser una cosa de quince años. El mal ejemplo de Barcelona y la prohibición han abierto el apetito de los antitaurinos de todo el mundo; además tienen a su favor a los políticos y a los periodistas, esto va a ser muy rápido. Podríamos vencerlos, primero, ofreciendo un espectáculo muy auténtico con el toro de verdad; y luego, pues trabajando todos unidos para lograr una lucha eficaz. Pero no, el espectáculo que se ofrece actualmente no atrae porque es un espectáculo aburrido con un toro previsible y sumiso, hay una desunión en el mundo de los toros. Cada uno va a defender sus propios intereses y no los intereses generales, esto nos debilita frente al enemigo. Es muy difícil que esto tenga futuro y, desde luego, va a ser una cosa de muy poco tiempo.

DeSyS: ¿Ni siquiera una generación más?

“Entre Marte y Venus. Breve Historia Crítica del Toreo”, de Domingo Delgado de la Cámara, el libro puede adquirirse sólo en librerías y locales de España, por el momento.

DDC: No, yo creo que no, lo hemos visto este invierno. La comidilla del invierno ha sido la disputa que han tenido cinco figuras con la empresa de Sevilla. Eso demuestra que lo que están haciendo ambas partes es luchar por sus propios intereses partidistas y no por el bien de la Fiesta. Es decir, demuestran una auténtica cerrazón mental, no tienen ningún horizonte, los árboles no les dejan ver el bosque. No se dan cuenta de lo que está sucediendo y por lo tanto, eso nos hace muy vulnerables.

DeSyS: De acuerdo a esto que nos dices, la Fiesta está a punto de terminar. Esto implica que tú ya has visto casi todo lo que hayas podido atestiguar en tu vida taurina…

DDC: Existe una verdad filosófica universal de la que la Fiesta de los toros no se puede escapar. Todas las cosas nacen, crecen, tienen una etapa de esplendor, de decadencia y tienen una muerte. Esto ha sucedido en todo, hasta en los grandes imperios, también todas las personas pasan por ese trance -pregúntaselo a los dinosaurios-. La Fiesta de los Toros no se va a salvar de esa verdad universal. No creo en el futuro de la Fiesta por lo dicho, porque todo tiene un principio y un final. A veces te encuentras con esa persona que dice: “no… pero los Reyes y los Papas ya quisieron prohibirlo…” y demás. Ellos no se dan cuenta que cualquier Rey del siglo XVIII o cualquier Papa del siglo XVII tenía mucho menos poder que un Presidente de Autonomía actual.

-Antiguamente el poder era muy difícil de ejercer, una persona dictaba una Ley y luego era imposible de aplicar porque no había medios para aplicarla… no había comunicaciones. En cambio, hoy las leyes se cumplen con auténtico rigor. Además también ha cambiado mucho la mentalidad de la gente. Antiguamente la gente era insumisa, no valoraba su vida ni su bienestar porque no valía nada. La gente vivía mal y en medio de durezas. Por lo tanto, cuando se intentaba hacer algo impopular el pueblo se oponía y había revueltas, el político o el gobernante de turno se tenía que resignar.

DeSyS: ¿Y qué pasa entonces ahora?

DDC: En cambio ahora, a pesar de que hablamos de democracia y hablamos de derechos, en realidad no tenemos ningún derecho ni existe la democracia. Ahora el poder sí que aplica su rodillo de un modo muy eficaz, entre otras cosas porque nos hemos vuelto sumisos. Ahora la gente teme perder su casita, teme perder su trabajo y nunca se ha sido tan sumiso ante el poder como ahora. Lo podemos ver con la ley del tabaco; cuando se publicó la ley del tabaco yo dije: “esto no se pude cumplir, la gente va a seguir fumando en los bares”. Pues no, se ha aplicado con auténtico rigor y nadie fuma donde no debe, ¿Por qué? Pues porque el dueño del bar te dice: “Oye, apaga el cigarro porque me van a multar”. Por lo tanto, ahora nos hemos vuelto sumisos. Tenemos mucho miedo a enfrentarnos con el poder y por lo tanto las leyes de prohibición se pueden aplicar con toda tranquilidad. Se ha visto en Cataluña, por eso estoy muy preocupado.

-Además otra cosa, antes los toros gustaban a la gente, ahora no gustan. Hoy la afición a los toros es una diversión muy minoritaria e incluso la gente, el común de la gente, vería con buenos ojos una prohibición. Estamos en una etapa muy difícil. Por último, la Fiesta de los toros está cargada de contradicciones, lo hemos hablado. Hemos buscado un toro tan noble, tan noble para que los toreros toreen tan despacio, tan despacio que al final hemos conseguido una Fiesta muy aburrida que no puede tener vigencia porque un espectáculo es todo lo contrario al aburrimiento. Por lo tanto, aunque todas las mañanas rezo para que haya un milagro y que se revierta esta tendencia, veo muy difícil la supervivencia de la Fiesta.

De SOL Y SOMBRA: Con un panorama tan gris, en los años por venir ya no habrá muchas tardes de gloria. Suponiendo que ya lo has visto casi todo ¿Qué recuerdo taurino te llevarías a la tumba?

DOMINGO DELGADO DE LA CÁMARA: Me llevaría a la tumba las primeras novilladas que vi en mi pueblo en Morata de Tajuña. Era una plaza de pueblo con novilladas de pueblo, pero digamos que son las primeras sensaciones. Siempre hay una primera vez, cuando las cosas verdaderamente te impresionan y te llegan al corazón; luego es simplemente la repetición de lo ya visto. Me gustaría llevarme ese recuerdo. Además porque se celebraban en un ambiente muy auténtico.

– Un pueblo de Castilla donde se echaban novillos que eran toros, sin ninguna trampa ni cartón, novilleros… pues algunos muy verdes, otros ya muy fracasados pero que hacían lo que podían delante de un toro de verdad y delante de un público muy duro que no pasaba una. Eso es lo que me condiciona y esa es la Fiesta que me ha gustado.

-La Fiesta de cartón, piedra con el toro despuntado, con el divo aplaudido por un montón de burgueses que observan y presumen de poderío económico desde la barrera es una Fiesta que no considero mía. Al final, siempre voy al pueblito, con el toro de verdad, con un novillero que lucha con él y con un público que tal vez no sabe mucho y es bastante ingenuo pero que siente aquello de verdad. El gran espectáculo de sociedad es otra cosa que me llega mucho menos.

Hasta aquí nuestra charla con el autor.

Mientras agradezco a Domingo la entrevista crece en mí un sentimiento contradictorio.

Por un lado la expectación y esperanza que siempre provoca el ver una corrida con los famosos victorinos; por el otro, albergo esa tristeza compartida de quienes se saben los últimos testigos de un rito ancestral. Al finalizar el día, sabemos que cada arrastre es “lento”. Es lento porque llegará el día en que la Fiesta – una muy sofisticada forma de expresión humana- no tendrá ningún eco en las sociedades “modernas”.

Ya lo apuntó Jorge Luis Borges: “El tiempo no rehace lo que perdemos; la eternidad lo guarda para la gloria y también para el fuego”.

Twitter: @cassiel_28.

*Domingo Delgado de la Cámara, Entre Marte y Venus. Breve Historia Crítica del Toreo. Yeguada Marqués, 2014. 385 p.

Maestro ¿Para qué tengo que llevarme el toro al burladero y agacharme?

20140305-110327 p.m..jpg

De SOL y SOMBRA.

El padre de “Espartaco”, Antonio Ruiz, cuenta la siguiente anécdota: “Me ayudaba Juan Belmonte, que me llamaba el Remendao, porque siempre acudía a su finca de “Gómez Cardeña” con la ropa destrozada por los revolcones de las reses.

Una tarde que toreaba una novillada con Emilio Oliva y Carlos Corbacho, estuvo Belmonte en la plaza. Un novillo cogió a Corbacho y la cosa se quedó en un mano a mano entre Oliva y yo. A mi me cogió un novillo hasta siete veces.

Cuando llegué a Gómez Cardeña me dijo Belmonte, con su característico tartamudeo:

“Ree-men-dao”..

“Sí, maestro”- le contesté.

“Cu-cuan-do torees otra vez, tee lle-vas al toro a-al bur-la-dero y te a-aga-chas”.

“No entiendo, maestro ¿Para qué tengo que llevarme el toro al burladero y agacharme?”

“Paa-ra que veas que tiee-ne los huee-vos más gran-des quee tú”.

Fue una lección sabia y aprendí que a los golpes y de bruto nadie le gana a un toro.

Twitter @Twittaurino

El último amor de Juan Belmonte.

image

De SOL y SOMBRA.

Este martes, en esRadio, ha sido recordada la figura de Juan Belmonte, uno de los toreros más importantes de la primera mitad del siglo XX.

Federico Jiménez Losantos ha recordado la pobreza en la que se crió el matador -“Nadie puede haber nacido más pobre que él. Toreaba desnudo a los novillos que apartaba con riesgo”- y se ha referido a un artículo que el colaborador de esRadio, Andrés Amorós, publicó en ABC sobre Enriqueta Pérez Lora, la mujer a la que visitó el matador el mismo día en el que se quitó la vida, y con quien convivió quince años.

Enriqueta falleció el 24 de septiembre, mientras se presentaba una exposición dedicada a Joselito y Belmonte: “Una revolución complementaria”. Amorós cuenta que vivía en Sevilla, en el barrio de Los Remedios y que, con más de noventa años, era una señora pulcra, simpática, con inteligencia natural.

Enriqueta, recuerda Amorós, nació en Camas en 1920, aunque no tardó en mudarse con su familia a Sevilla. En 1942 tuvo lugar un encuentro entre la joven y Juan Belmonte, de 50 años, ya retirado de los ruedos. Ella no le conocía ni sabía nada del mundo taurino. El torero la vio y preguntó: “¿De dónde ha salido este bicho tan feo?”. Ella respondió: “¡Anda que usté! ¡Como que no es feo! ¿Cuánto hace que no se mira al espejo?”.

Cuando la muchacha enfermó, explica el presentador de Música y Letra, un doctor le diagnosticó dos manchas en el pulmón y Juan Belmonte le buscó alojamiento y se hizo cargo de los gastos. Ya recuperada, Enriqueta le pidió trabajo, y el torero le confesó su amor, suplicándole: “¡No me dejes por favor! Soy un hombre que está solo y te quiero”. Así comenzó una convivencia que duró quince años. Llevaron una vida discreta y se veían a diario, habiendo etapas muy felices, pero también conflictos.

La mañana del 8 de abril de 1962, Juan, que estaba a punto de cumplir 70 años, la visitó por última vez. Esa noche, tras pasar la tarde en su finca, se encerró en su despacho y se pegó un tiro. Enriqueta no había cumplido aún los 42 años. Asistió en Madrid a un homenaje al matador que le dedicaron unos amigos del torero y también suyos.

Posteriormente, cuenta Amorós, encontró trabajo cuidando, durante diez años, a los hijos del actor Anthony Quinn. Luego volvió a Sevilla, a su piso de la Avenida República Argentina, donde rechazó ofertas sensacionalistas.

Twitter @twittaurino

El Menor Abundamiento – Nuevo Episodio Negro del Palco en La México.

Ortega y Padilla a hombros en La México.

Hay despedidas, “Ranchero” Aguilar, José Huerta, Luis Procuna… que en la historia de La México son legendarias. Gracias a Jesús Morales, la “Autoridad”, la despedida, no anunciada mas sí anticipada, de Rafael Ortega pasa de digna a una mera anécdota donde la ridícula actuación de la autoridad se roba la atención de un festejo donde Juan José Padilla sale a hombros delante de un descastado encierro de Los Cues que ve aparecer a Salvador López como un invitado circunstancial a la tarde de su confirmación.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Si Jesús Morales, ayer subalterno destacado, hoy Juez de Plaza denostado hubiera dejado el pañuelo verde en casa, nadie lo habría lamentado. Lo repetimos hoy, lo hemos dicho siempre: en los toros, al premiar, más vale que falte y no que sobre.

Incluso Rafael Ortega lo entiende así.

Los dos últimos rabos otorgados en La México han sido por gracia, mas que por obra, de Don Jesús. Casualmente, ambos, han sido devueltos por sus respectivos adjudicados: Talavante el año pasado en el cierre y ahora Ortega, en su cierre.

La cosa para el tlaxcalteca no ha sido sencilla, tal como su propia carrera. Un toro cárdeno obscuro y serio abre su lote y con él, tras labor deficiente de Francisco López incapaz de sujetar. Rafael tira de la técnica y desde el toril, da los adentros, espalda a los medios, saca al astado del “terreno de abajo” y luce en rebolera en los medios.

Ortega enfrenta un toro ideal para su estilo pero no para sus facultades. Padece en banderillas, gravemente, incluso pide el cuarto par, un violín bien logrado. Se dobla y obliga poderoso al inicio pero el toro, con genio y poder en su embestida, le engancha y puntea. Lo hace pasar inicialmente pero al ir a la izquierda Rafael se queda corto.

Esa falta de toreo al natural marca su legado como torero, quizá hablaríamos de un resumen mejor en su carrera. Tras levísimo intento con la zurda opta por cortar macheteando al astado para doblemente pinchar e irse en silencio.

Don Jesús Morales no se sabe los nombres de los toreros.

Le cambia a Padilla el Juan José, vía megafonía, por el “Juan Antonio” justo cuando otro Juan, Luis Silis, otorga sentidamente un reconocimiento tras el paseíllo. Afortunadamente, la autoridad que preside sí que valora la petición tremenda demandante de otorgar la oreja del segundo al Ciclón jerezano.

Padilla se encuentra con “Brujito”, cárdeno garfeño al que le endilga larga, lance de rodillas y preciosa verónica ya de pie. Pero el astado, bello y bajo, se lo piensa y flojea. Entonces Padilla confía en su capote mandón y en la seda de Manuel Rodríguez que brega sin tocar los lados e Ismael Rosas que ataja huida del burel a la querencia.

Entonces Juan José opta, perfectamente, por no banderillear. Y el toro, aunque protesta, hace ver mal a Rodríguez y tardea, llega a la muleta de Padilla con mucha más predisposición a embestir pues el torero va directo sin mayor trámite a él.

Y el astado responde.

Doblones con suficiencia y dominio, pronto se va al tercio frente a picadores y se estira en derechazos bien logrados, raja el manso y el trincherazo es la respuesta. Soberbia.

Lo grande sí -aunque algunos lo duden- llega con la izquierda. Lo que habíamos el año pasado esperado de Padilla, su evolución e incluso cierto clasicismo, ha llegado con esos tres naturales de cadencia plena en el torero y desencadenamiento en el tendido.

Prosigue y enciende pero el toro apaga por la zurda y se queda poco a poco sin bravura.

Entonces molinete con sabor y torería, a compás abierto, hundidas las costillas, antecede derechazos uno a uno, con doble pase de pecho y aunque aparece un desarme al salir de la suerte, Padilla revira con dos doblones sensacionales. Cómo se siente el poder y cómo responde el tendido, si eso no contiene arte… cortos estamos.

Poderosísimo de pitón a pitón, por la cara. Perfilado en la suerte contraria, a toro parado, frente a los médicos, volapié y espadazo en todo lo alto. Ha sido esta oreja lo más torero del festejo acompañada la vuelta por sus seguidores, incluido un infante.

De pirata y de torero disfrazado. Asombrado el niño en la vuelta con el torero.

Pero aquí empieza el disloque.

Porque Rafael Ortega se despide con el menos toro del festejo un castaño que, tras quitarle por chicuelinas y banderillearle atinado ha metido la cara repetidamente por ambos lados. Solo que el de Tlaxcala se entiende, claro, a derechazos al inicio y se descompone al intentar con la zurda, justo cuando más importaba.

Su faena a “Ferruco” se queda en lo sentido de “Las Golondrinas” y la nobleza del astado, siempre por la derecha, toca con ventaja al pitón contrario y por toriles para cambiarse a la zurda y luego encontrar una entera que desata la petición.

Una basta. La ocasión, acertadamente, es para dos… pero asoma el pañuelo verde.

Menos mal Rafael, honradamente, en gesto valioso, pone las cosas en el sitio. Enmienda el nuevo ridículo mayúsculo del Juez en 2013 y recibe toda la entrega en la vuelta postrera. No hay corte de coleta, ni hace falta, Ortega seguirá siendo un torero.

Pero esta estela se traslada en la labor de Padilla al insustancial y terrible quinto. Todo lo bonito de estampa tiene de horroroso en su juego. Un reto se vuelve para Juan José que con los palos, no obstante lo pasado, emociona y con la muleta se lo juega ante un astado que siempre recorta la embestida.

Y el Ciclón sopla de nuevo. Fuerte.

Entonces hace pasar por derechas, al natural lo intenta pero el burel se queda cortísimo. Tira de los efectos especiales, rodillazos y otros tantos artificios que culminan con la entera defectuosa.

Don Jesús, pues como ya no tiene otra, suelta la oreja.

¿Qué, había petición?

¿Mayoritaria?

Lo que abunda, diríamos en derecho, no sobra.

En los toros, al premiar es lo contrario. Se insiste.

Por ello al confirmante Salvador López le ha costado un mundo meter la directa justo cuando el de la confirmación mete reversa. Este cárdeno, pobre de cara, que sale a tirar el ancla, justo cuando se le pisa el terreno y se le anda cerca, ha mostrado que su constante paso atrás, su casi nula soltura le condicionarán.

Silencio y aviso en el primero, solo palmas, tras buena estocada, en el débil y manso salinero que cierra plaza.

Así las cosas. No olvidemos, el Juez de Plaza es una de las pocas autoridades en el Sistema Jurídico cuyas determinaciones son inatacables de origen. Jugar con ello es ruinoso. La Plaza México y cualquier otro coso en lo general es y puede ser proclive a la abundancia en la premiación, porque los toros son derroche, decíamos la semana pasada, no despilfarro, pero también es rigor, que muchas veces acarrea categoría.

El riguroso orden que tiene el toreo no gusta, no atrae, pero marca el inquietante y perpetuo equilibrio de la contraposición o antagonismo armónico del toreo.

Romperlo abunda pero no abona. Ni para los premios ni para la historia.

Al tiempo.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Diciembre 15 de 2013. Novena de Derecho de Apartado. Un cuarto de Plaza en tarde fresca con cielo claro. 

6 Toros, 6 de Los Cues (Divisa Naranja y Blanco) Desigual en su presencia por el chico cuarto y el también castaño sexto. El resto de bonitas hechuras, pobre de cabeza el primero. Mansa y descastada en lo general, varios toros fueron picados en la querencia. Solo el cuarto ha tenido nobleza y recorrido por ambos pitones.

Rafael Ortega (Blanco y Oro con remates Negros) Silencio y Rabo protestado. Juan José Padilla (Celeste y Oro) Oreja y Oreja con protestas. Salvador López (Berenjena y oro) que confirmó su alternativa, Silencio tras aviso y Palmas.

Primer y segundo espadas salieron a hombros. 

El tercer espada confirmó con el capacho “Secreto”, número 87 con 510 kilogramos. cárdeno claro, flojo y absolutamente manso.

El primer espada, Rafael Ortega, devolvió al Alguacil de Plaza el rabo otorgado en el cuarto turno, donde a modo de despedida el Juez de Plaza excepcionó a la Banda para tocar “Las Golondrinas”.

Destacó a caballo Francisco Salinas Ortega y Justo Jaén con segundo y quinto, respectivamente. A la brega, Juan Ramón Saldaña y Manuel Rodríguez. Saludó tras banderillear al primero Sergio González.

El Juez de Plaza ha tenido una tarde para el olvido premiando indebidamente el cuarto turno.

Degenerando.

20131212-054441 p.m..jpg

20131212-054435 p.m..jpg

Curro en 1963 y Manzanares, 2013. Lo que ha cambiado la afición de Sevilla en cincuenta años. Lo que entonces gustaba… y lo que ahora gusta.

Por J. R. M

Juan Belmonte subió al palco de la presidencia con un amigo para presenciar la corrida. El presidente, Gobernador Civil, le saludó cariñosamente y se dirigía a él con el tratamiento de “don Juan”.

Su amigo quiso entender aquel comportamiento presidencial.

Preguntó, y Belmonte respondió: “Es que fue un antiguo picador mío.” “¿Y cómo ha llegado de picador a presidente y gobernador?” “Pues ya ves. ¡Degenerando!”