Archivo de la etiqueta: Francisco Baruqui

Fallece el empresario tapatío Francisco Baruqui, autoridad de la fiesta brava 

Estaba en Madrid para asistir a la Feria de San Isidro, en donde fue reconocido por su trabajo como jurado.

El empresario y columnista  Francisco Baruqui, especialista en tauromaquia y quien publicó sus reseñas en este periódico desde 1973, falleció este miércoles en Madrid, España.

Nacido en Guadalajara en 1943, Baruqui Michel fue conocido como una autoridad de la fiesta brava y un duro crítico que se ganó a pulso el respeto en esa profesión, con constantes exigencias por proteger y regular mejor esa práctica en Guadalajara.

Fue hijo de un médico de origen libanés que instaló, en una casa de Reforma y Pino Suárez, el primer laboratorio de sangre que hubo en Guadalajara. En los altos de la finca nació y vivió junto con sus hermanos José Luis y Teresa.

Baruqui Michel escribió para EL INFORMADOR por más de cuatro décadas como columnista y reseñista. Pupilo de Fermín Espinosa Saucedo “Armillita Chico” y del escritor y crítico taurino Manuel García Santos, fue por más de tres décadas jurado calificador en la Feria de San Isidro en Las Ventas de Madrid, además de crítico taurino en Radio España.

Expositor de seminarios de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, fue también corresponsal de las revistas españolas El Ruedo, Toro, Fiesta Nacional, Tauromagia, Tauridia y Tauromaquia. Fundó y presidió la Unión de Cronistas Taurinos del Estado de Jalisco; también fue presidente de la Comisión Taurina de Guadalajara y coautor del Reglamento Taurino de Guadalajara.

Descanse en paz.

Twitter @Twittaurino

Anuncios

En Guadalajara: La Estancia ¡Vaya mansada…! Destacaron “El Payo” y Silveti

La clase del Payo se impuso en Guadalajara.

Por Francisco Baruqui.​

Ríos de tinta se han gastado en la historia del toreo para señalar que la importancia del espectáculo se finca en el toro…

En el toro, que sí, que a la postre es el eje y la víctima en la liturgia de la tauromaquia, en el que se centra la esencia y el fondo; fondo y esencia de la bravura, que es la que da la emoción, la importancia y la trascendencia de crear arte frente al peligro, poniéndose en riesgo la vida misma.

Pero cuando la bravura se ausenta, la emotividad se diluye, y la expresión toma otros cauces desvirtuándose la motivación que el toreo provoca.

La ganadería de La Estancia no debió venir a Guadalajara.  Reses sin trapío, mal presentadas, y eso que varias del encierro original fueron rechazadas —¿cómo serían?—, teniéndose que parchar con San Isidro. Corrida monovárica, a puyazo por toro, con algunos doliéndose y saliendo del encuentro en franca huida, para llegar al último tercio bajos de brío, con la fuerza justa para no desplomarse, pero varios arrastrándose al salir del pase. Tuvieron nobleza y claridad, no molestaban, pero tampoco trascendían.  

Los más rascando, regateando las embestidas y desplazándose para doblar contrario y desparramando la vista con tendencia clara a las tablas, que seguramente si las puertas se les abrían, se iban a la ganadería.

Mal de nueva cuenta juez, asesor y veterinarios al aceptar un sexteto que dista con mucho de lo que exige y merece Guadalajara.

Así…

Así, la labor de los toreros estuvo muy por encima de la calidad de los astados, aprovechando la mansedumbre dulcificada de dos a los que les cortaron una oreja a cada uno, lo que aminoró la molestia del público aficionado que pitaba a los bureles desde salida dada la fealdad en sus hechuras, la escasa presencia y, al fin, la mansedumbre y debilidad manifiestas dejando un sabor de boca que…

Que fue el que se ha llevado esa figura del toreo español Miguel Ángel Perera, un profesional como la copa de un pino, quien pechando con lo peor del festejo y aprovechando las escasas condiciones que le ofrecieron los de su lote, estuvo empeñoso, con mucha voluntad, aplicándose en su gran oficio buscando agradar en todo momento.

Sin lucimiento mayor de capa, con la muleta planteó sus trasteos con buen trazo y desarrollo, desbordando su extraordinario temple, en armoniosas series de toreo por abajo por ambos lados y con las dos manos, destacando en su segundo al realizar toda su labor AL NATURAL, desechando el ayudado y haciendo el toreo tanto por el derecho, sin armar la muleta con el simulado, y con la izquierda, rematando con largos y profundos pases de pecho, vaciando a la hombrera contraria y arrancando las palmas de los tendidos.  Su poca fortuna con los aceros hizo que el final de sus faenas resultara deslucido.

Mala suerte están teniendo los coletas ibéricos. La pasada semana Ginés Marín y en ésta Miguel Ángel Perera. Ojalá que les cambie para sus futuras actuaciones, que los dos, uno como figura consagrada y el otro en camino de serlo lo merecen.

Con cuánto gusto torea “El Payo” cuando se desborda. Bueno que se esté recuperando de la afección de salud que padeció y, sobre todo, que fiel a su estilo interpretativo, su expresión sea la del arte cadencioso, de templada lentitud y estéticas formas, y qué mejor que sea el coso tapatío, en el que ha realizado faenas para recordar, y en el que reencontrándose, se consolide como un artista mexicano, al que recuerdo cómo impactó de novillero en Las Ventas de Madrid.

Con su primero, sólo detalles que le identifican por su calidad, despenando de pinchazo y media estocada defectuosa para silencio.  Pero con su segundo, plasmó la verónica con ritmo, abriendo el compás, jugando los brazos y bajando las manos para rematar con recorte para cartel.

Con la zarga, aprovechando la noble acometida del morito, cuajó una obra de kilates, desbordado el torero e impactando en la afición; gustándose y gustando en ligadas series de ayudados con la diestra y naturales con la de cobrar, que arrancaron el batir de palmas.

Faena de gran expresión, bien planteada, con trazo y desarrollo, manteniendo intensidad y  rematando los ligados pases con sendos de pecho que se le jalearon. Cerró con ceñidas manoletinas cobrando estocada entera un pelín desprendida para ganarse una merecida oreja.

El Payo: Arte y sentimiento

Con Octavio García “El Payo” hay que contar que tiene con qué, y más ahora que la participación de figuras españolas está a la vuelta de la esquina.

Como también es el caso de Diego Silveti, quien con el tercero salió determinado y proyectando su buen momento que da la madurez que le ha ido curtiendo encontrándose como torero.

Destacó quitando de capa con saltillera, gaonera y revolera para arrancar los primeros aplausos, para con la flámula, también sacando provecho del bonancible acometer de su primero, instrumentar una faena en la que amalgamó la emotividad de pases cambiados por la espalda, quieto como un poste, para desdoblarse luego en toreo por abajo en naturales con la izquierda y ayudados con la derecha que se le corearon. Bien que templó haciendo gala de sitio por su buena colocación, girando, sin quitar el engaño de la cara del burel, para ligar con continuidad, mandando y templando mucho rematando con estéticos pases del desdén.  Cerró con bernadinas exponiendo, aguantando, y al cobrar tres cuartos en sitio, ganarse una oreja merecida de valor.

En contraste, el sexto que poco valía, le permitió a Diego desenvolverse con conocimientos y recursos para verse en torero, sin mayor cosa matando y siendo despedido entre aplausos cuando las luces macilentas de las lumbreras bañaban la arena de noche.

Y va para todos…  Autoridades, veterinarios y, fundamental, promotora.  Es indispensable que el nivel del toro se suba que, insisto y repito, esto es Guadalajara.  Y si se busca que la gente vuelva al graderío, con lo de ayer, lo aseguro, no…  no lo conseguirán.

FUENTE: El Informador

 

En Guadalajara – De los Toros con Verdad: Insulsa la tarde; ná de ná…

Contigo a la distancia: Así, Diego Emilio.

Por Francisco Baruqui.

Cuando la tarde lucía espléndida, soleada, diáfana, sin el molesto viento, y había en corraletas una novillada de hierro y divisa de Haro, con romana, muy entipada, con pelajes en cárdeno matizando tonalidades, color característico de su encaste, con el volumen que da la buena crianza y cómodos de cabeza y con hechuras de embestir, el ánimo para disfrutar del festejo era de nivel.

Y respondieron los ejemplares que tuvieron movilidad, claridad, buen son y nobleza, acudiendo al caballo y metiendo los riñones apretando para ser picados racionadamente, a puyazo por burel, para en la muleta dejarse torear cuando los de a pie se ponían en el sitio, aunque varios adoleciendo de fuerza justa, lo que indudablemente influyó que por falta de brío, llegaran a sosear, sin embargo…

Sin embargo, estuvieron por encima de sus matadores que con toda claridad hay que decirlo, se quedaron por debajo de ellos.

Me atraen las novilladas porque los chavales que cuentan con condiciones para destacar, aún con el verdor lógico y comprensible de los que se inician, intentan demostrar, cuando las tienen, las cualidades con las que cuentan para llegar a destacar en la tan hermosa como difícil profesión.

Y una fundamental, si manifiestan el valor y la entrega que como noveles deben tener, es la conexión con el público; ése llegar a los tendidos motivando a la afición, haciéndoles sentir lo que en su contenido tienen, que es lo que llamo yo expresión artística y emocional.

Desafortunadamente, ninguno de los tres alternantes consiguió ni siquiera salidas al tercio, cuando cada uno de ellos, dando lo que para dar tenían, estuvieron, insisto y repito, por debajo de las condiciones de sus novillos. Así…

Así, Diego Emilio que abrió plaza, llevándose dos ejemplares para lucir, tuvo una actuación desangelada, sin transmitir, carente de plan provocando rechazo del respetable que le chilló por su labor cobrando entera pellejera recibiendo un aviso y terminando con estocada tendenciosa para pitos.

Con el cuarto, otro buen astado, en similar tenor con pases con sobrado movimiento de pies y toreando con la punta de la muleta, despegado y yéndose, estoqueando de media que bastó para pititos.

Javier Castro dejó ver conocimientos, sabe de qué va esto, pero salvo detalles con la capa en chicuelinas y tafalleras rematadas con serpentina que no llegó a manguerazo de Villalta, haciéndose aplaudir, con la sarga se empleó en toreo por abajo con la diestra y al natural, demostrando que tiene temple y cierto gusto, pero también un tanto cuanto falto de transmisión, mirándose con deficiencias en la suerte suprema no logrando más que silencio en sus dos.

De Héctor Gabriel, aprovechando mejor al tercero que metía el morro noble y fijo con mucho temple, realizó una labor más lucida en series de ayudados por abajo con la derecha y al natural con la de cobrar, recibiendo el batir de palmas al rematar con pases de costadillo unos y de pecho otros al vaciar más a la hombrera contraria, para deslucirse al matar, quedándose en la cara en el momento del embroque y saliéndose del viaje para entera caída y descabello.  Se vio más puesto que sus alternantes.

En el que cerró plaza, una labor desvaída, falta de trazo y de plan, en la que anduvo medido y sin confiarse.

La entrada flojita sobre todo en Sol y también disminuyendo en el sombreado para un octavo de entrada.

Se descompuso el clima al final con nubes amenazantes a la salida del coso.

Una tarde insulsa, pues, con ná de ná y a esperar la de triunfadores para el venidero domingo.

Se verá y se dirá….

Fuente: El Informador

 

En Guadalajara: Buenos los de Guadiana; mucha atención con Pastor…

José Ma. Pastor. Foto Twitter @JoseMaPastor12
Por Francisco Baruqui.

Aunque la tarde era taurina, había cielo azul, buen clima y nada de viento, la entrada bajó un pelín, seguramente influyendo el puente vacacional patriota. Y pena por los que no asistieron, dado que la novillada resultó interesante, con la mala suerte de que se fallara con las espadas, que si no, unos tres apéndices se hubiesen cortado.

Novillos de Guadiana, del estimado y taurino Ing. Armando Guadiana, vecino mío de toda la feria abrileña en Sevilla. Ejemplares con presentación, con crianza, sangre pura de Don Jesús Cabrera, muy en el tipo de su encaste, que ofrecieron condiciones de triunfo, toda vez que cumpliendo en varas, manifestaron cualidades de casta y bravura, con mucha movilidad y transmisión que tuvieron emotividad, desplazándose y metiendo los morros con claridad, estilo y clase los más.

No fueron los mansos fáciles, fueron sí, astados que obligaban a entrega, a una actitud determinante para poder con ellos exponiendo, domeñando y a luego desbordar lo que cada uno de los toreros traería dentro. Novillos que lucieron capas variopintas que fueron desde el mulato que abrió plaza, al castaño aldinegro capachón que asegundó, predominando las tonalidades de cárdeno muy de la sangre de donde provienen. Cómodos los más, pero astifinos e, insisto, para haber triunfado con ellos. Mi enhorabuena Armando, un éxito ganadero y en una plaza como Guadalajara.

Muy grata impresión ha dejado José María Pastor, retoño de mi buen amigo César, uno de los artistas más elegantes con toreo de filigrana de la torería mexicana. Y por fortuna, el chaval trae las mismas condiciones que por genes y aprendizaje, aunque con su propia personalidad y sello, cayó de pie ante la afición tapatía.
Torero completo, maneja el capote con soltura, bajando las manos y soltando las muñecas, cargando la suerte para instrumentar la verónica con plasticidad, luego de saludar con larga cambiada de hinojos para arrebatar las palmas. Quitó por saltilleras en uno y por gaoneras en el sexto escuchando ovaciones.

Fácil con las banderillas, encuentra toro en cualquier parte del ruedo invitando muy de frente, templando en el viaje para clavar cuarteando, al sesgo y al quiebro sin el cobijo de las tablas, sino citando afuera del tercio al burel entablerado, adornando los morrillos con lucimiento y llevándose carretadas de aplausos.
Con la muleta pisa seguro, determinado, firme desde doblarse con el de Guadiana, hasta de pie ya, engarzando series de toreo por abajo con mando y con temple, aguantando, sin dudar, yendo pa alante siempre y, fundamental, ligando, dejando la muleta en la cara tocando como tocar se debe para embeber al moro en la zarga, principalmente con la mano izquierda que es con la que más lució, y rematar con sendos pases de pecho recibiendo el batir de las palmas.

Hubiese cortado dos orejas, una en cada ejemplar pero…  Pero falló con la espada.  Acusa el defecto de quedarse mucho en la cara del astado sin pasarse en el embroque, faltándole torear más con la mano de la muleta —que en el argot decimos, es la que mata—, pinchando en varios viajes recibiendo un aviso en el sexto, al que despenó al fin de una estocada entera con mejor ejecución que bastó.

En su primero, luego de pasarse con la tizona fallando, tuvo petición para dar la vuelta al ruedo quedando en salida al tercio por demás merecida.  A verle pronto, que en Pastor hay un torero…

Empeñoso, con deseos y mucha entrega se dejó ver Nicolás Gutiérrez, un muchacho al que se le ve hambre de toro y que, dentro de la insipiencia natural de los que se inician, tiene un buen concepto en su toreo, ya que sabe templar y ligar como lo demostró en los de su lote, bajando y corriendo la mano, tanto con la diestra como la zurda arrancando oleeés al rematar con de pecho que se le jalearon.

El tenor de sus faenas es dar pases, muchos pases, pero desafortunadamente, le falta imprimir mejor ritmo y medida a su labor, que no supo coronar con los estoques pinchando al salirse desde que se perfila, por lo que las estocadas le resultan defectuosas y con tendencia.  Saludó en su primero causando buena apreciación.

Lo que no pudo conseguir Paco Miramontes, hijo del magnífico banderillero que ha sido Pablo, su padre, teniendo una actuación poco exitosa al mirarse falto de determinación, dudando mucho, desconfiado y falto de poder ante dos novillos que merecieron mucho más de lo que el joven Paco pudo lograr.

Con el quinto se miró con más entrega y menos movimiento, ligando algunos pases que se le corearon, andando perdido con los aceros, con falta de enjundia y decisión, dándome la impresión como lo defino, que no es de los que entran a matar, sino a ver si matan…  La condescendencia del juez permitió que solo escuchara dos avisos en cada uno de los de su lote, cuando por tiempo, podría haber enviado el tercero para devolución.  Ojalá que asimile lo aciago de esta tarde como novillero que es y…  Y el tiempo y los toros dirán.

Publicado en El Informador 

Guadalajara: Accidentada la tarde; pudo acabar sin toreros…

Foto @Pelayogus / Instagram.

Por Francisco Baruqui.

Tarde soleada, azul el cielo y sin brizna de viento que invitaba a toros. Y la gente fue principalmente al tendido sombreado, sin imaginarse el accidentado festejo que presenciaría, que a punto estuvo de quedarse sin toreros.

Astados de Maravillas, con presentación digna, con romana adecuada y comodidad en las cabezas, con condiciones de lidia que les hizo verse maniobrables, yendo justos al castigo en varas en donde se les hizo sangre para descongestionar, y llegar a las muletas metiendo los morros con claridad pero mansurroneando, rascando mucho la arena, reculando, para acometer luego dejándose meter mano. Novillos que dieron interés a lo que delante de ellos consiguieron los toreros.

Arturo de Alba, con cierto rodaje de preparación en tierras ibéricas, dio cuenta de ser un joven que sabe de qué va esto. Con figura, se desenvolvió con la capa haciéndose destacar a lo más quitando por chicuelinas rematadas con revolera que se le ovacionaron.

Con la flámula sabe de distancias y colocación, acusando buenas maneras al hacer el toreo por abajo, con la derecha y al natural con la zurda, aunque en algunos toreando despegadillo llevando a sus novillos con la punta de la zarga, rematando con sendos de pecho, para reiniciar series citando por la espalda y hacer el toreo en redondo, girando, enmendando lo justo y entusiasmando al cónclave.

En ciertas pausas, baja su intensidad al serle trompicada la tela, pero cuenta con condiciones para tirar pa álante, pero asimilando aprendizaje que le permita corregir errores, como el fundamental que cometió al perfilarse a matar al quinto, sin estar fijo, moviendo la cabeza y midiendo al muchacho, que al volcarse por sobre del morrillo, fue prendido por el muslo metiéndose el pitón en la carne espectacularmente, colgando y girando, llevándose una cornada seria y grande, de la que espero y deseo salga pronto.

Las heridas son la parte dolorosa del toreo, pero son los errores que van dando experiencia y madurez para ser corregidos y evitar cometerlos de nuevo. Saludos al tercio fue su premiación.  Habrá que verle en su reaparición.

Román Martínez, un chaval originario de Yahualica y avecindado en Guadalajara, es un auténtico novillero…

Valor, actitud, entrega, deseos, entusiasmo, y con la cualidad grande de conectar con facilidad con la afición. Hizo de todo, desde recibir a porta gayola de hinojos con la capichuela a la espalda, como lancear a la verónica, quitar evocando a Pepe Ortiz, el inolvidable Orfebre tapatío, para coger garapullos cortos y aunque clavando desigual y algunos con la bisutería que son los pares a una mano “al violín” que tanto entusiasman al villamelonaje, —el mérito de cuartear o clavar al quiebro con un palo en cada mano—, como mandan los cánones es el que realmente tiene el mérito en el tercio de banderillas.

Con la muleta, sale a darlo todo, clava las zapatillas, maneja con soltura sus muñecas y se queda en el sitio para ligar. Su toreo por abajo con ayudados y naturales le valieron el batir de las palmas. No se salvó de llevarse una voltereta al torear por manoletinas recibiendo un palizón, para luego de cobrar entera, dar una merecida vuelta al ruedo.

Con el segundo que mató, estuvo en similar tenor llegándole, insisto, mucho al tendido, mirándose variado y con entrega, mucha entrega al momento de la estocada, pasándose en el embroque y haciendo la cruz sepultando el acero en lo alto para ganarse una merecida oreja que le erigió como triunfador de la tarde.

En el sexto, un morito que traía lo suyo, le puso en aprietos dejando ver su lógica novatez sufriendo hasta cuatro desarmes, desdibujándose y mostrando que hay mucho que aprender en un camino largo, muy largo qué recorrer.  Estocadas pellejeras pero saliendo por propio pie.

Lo que no pudo hacer un joven de muy buena planta enfundado en principesco terno azul añil bien recamado de oro, Alejandro Fernández al que tenía gran interés por ver dados los comentarios muy positivos que había escuchado, y a sabiendas de haber estado aprendiendo mucho en España, donde como me decía el inolvidable maestro y amigo Don Fermín Espinosa “Armillita”, está la universidad y a la que se debe de ir.

Desde la forma como cogió el capote, vi que en Alejandro hay torería, así plasmó dos lances templando y bajando las manos, pero en el tercero, fue volteado de campana cayendo de muy fea forma y lesionándose la clavícula, siendo llevado a la enfermería para no poder salir.  Ojalá que pronto se recupere y lo veamos colgado en otro cartel y con la suerte de una actuación que permita apreciar su valía en esta tan bella como única y peligrosa profesión.

Publicado en El Informador.

Guadalajara: Con toros deslucidos… deslucido fue el festejo

La corrida lamentablemente no tuvo el resultado de éxito, ni por asomo, del festejo anterior.

De los toros con verdad Por Francisco Baruqui.

Que pena de tarde. El cielo limpio, sin una nube ni viento que molestara a los toreros, tarde pues, de toros. Y así…

Con entrada de dos tercios, se dio la corrida que lamentablemente no tuvo el resultado de éxito, ni por asomo, del festejo anterior, cuando la gente motivada volvió a los tendidos para encontrarse una función que dejó mucho que desear.

Encierro bien presentado de la ganadería de San Miguel de Mimiahuapan conformado por ejemplares con buena crianza, seriedad y cuajo, que lucieron astifinas en cornaduras dando importancia a la labor de los diestros. Cumpliendo en el caballo, fueron picados con medida, ya que sus fuerzas se veían muy limitadas para aguantar las lidias.

Sin mayor lucimiento dada la falta de casta, cuando los más carecieron de fondo y de clase, destacó sobre el sexteto el corrido en quinto lugar, único que se fue al desolladero con un oreja de menos. Ejemplares pues, en términos generales, deslucidos que desentonaron con mucho a lo que de ellos la afición esperaba.

Hasta el quinto toro, la función estaba inmersa en un tenor de tedio y monotonía, pese a los buenos deseos que los tres espadas estaban poniendo de manifiesto. El público aburrido, mostraba su descontento.

El fino torero español Diego Urdiales, pechando con el hueso del encierro, sólo pudo mostrar su profesionalismo en una expresión de buen quehacer torero fincado en una técnica depurada y recursos para desenvolverse delante de los toros en buen tenor.

Escaso lucimiento logró que al no verse con todas con los aceros, tras una actuación que no impactó, fue despedido con silencio.

Merecimientos tenía el potosino Fermín Rivera para haber entrado en el cartel en sustitución de Octavio García “El Payo” quien sigue padeciendo los estragos de una bacteria que lo trae por la calle de la amargura. El espigado muchacho fue el que tocando pelo se llevó el único trofeo de la tarde.

Sin mayores cosas en el segundo, llegando al quinto, desbordó su buena técnica y fina expresión en su toreo serio, centrado, y

desenvolviéndose de capa, habiéndose hecho aplaudir por chicuelinas rematadas con revolera, para con la muleta, plantear una faena de menos a más, metiendo al moro en el engaño para cuajarle series de derechazos y al natural, que templando y mandando, engarzó para entusiasmar al público al que fue metiendo también, en su quehacer. Los remates con paces de pechos largos, de pitón a rabo, se le corearon fuerte, así como las manoletinas con las que cerro su labor, despenando de estocada entera y traserilla que bastó para ganarse una oreja de su enemigo. Que le sirva para futuras actuaciones cuando, repito, entró por la puerta de atrás sustituyendo y salió triunfador de la tarde.

Por cuanto al aquicalidense Joselito Adame había esperanza que brindara una actuación de éxito; y créalo, amable lector, que por él no quedó, brindando una disposición a toda luz, empeño y tesón en los dos toros que en suerte le correspondieron, sin poder alcanzar relieve mayor, dadas las condiciones de los que en suerte le tocaron, que no fuera sus buenas hechuras y recursos, que se proyectaron mucho más con el que cerró plaza al que recibiendo con larga cambiada de hinojos hizo concebir mejores esperanzas, toda vez que con la zarga, estructuro una labor con buen trazo y yendo siempre para adelante, poniendo todo, el torero que, incomprendido por un parte de un público que había perdido gusto y paciencia, se enfrentó con él con pitos estando un tanto cuanto injusto con la figura que tras de pinchar salió de la plaza entre sonora silbatina.

Tal parece que la voluntad y los deseos no cubrieron las expectativas de parte del tendido.

Menos mal que la corrida fue breve pues salíamos del coso a las siete de la noche todavía con luz natural.

Y a otra cosa mariposa, que este arroz ya se coció.

Fuente: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2016/02/29/con-toros-deslucidos-deslucido-fue-el-festejo/

En Guadalajara: Mansedumbre en su apogeo… “Indultito” improcedente

image

De los Toros con Verdad Por Francisco Baruqui.

Guadalajara, Jal.- La tarde azulada, clara y sin viento, invitaba a toros, para la apertura de la segunda parte de la temporada.

Lo he señalado repetidas veces, aunque a muchos ganaderos incomode, el ganado de lidia en su gran mayoría que se está jugando en nuestras plazas está en la categoría de la media casta. Y dentro de esto, la manipulación de criadores de escrúpulos dudosos para manejar la bravura auténtica del toro de lidia, inclinándose al quitar la casta en su ganado resulta que, efectivamente, ya no manejan la bravura… ¡MANEJAN LA MANSEDUMBRE…!

Este es el caso como muestra fehaciente en las reses de una dehesa en la que la casta aguada predomina ubicándose, insisto y repito, en ganado de media casta. Así, el fierro y la divisa de Fernando de la Mora, perfectamente caracterizado en la línea que menciono, condiciona al espectáculo en un tenor de mansedumbre y mediocridad desluciendo su esencia y su fondo al implantar la bobaliconería en las tontorronas acometidas de unos animales que más que embestir caminan, anulando la presencia de uno de los ingredientes fundamentales en el ganado de lidia, la transmisión de la emoción.

Con astados así, la función iba en picada, por mucha voluntad y deseos que los toreros tuvieran, lamentablemente el lucimiento no aparecía. Y fue hasta el quinto toro, un boyancón al que Morante de la Puebla, inventándose la faena, cuajó una obra artística, plena de torería, de arte puro, de elegancia y expresión torera, que sólo los privilegiados como el caso de este artista excepcional pueden lograr…

Al de la Puebla se le veía con ganas, pero sin la más mínima colaboración de poder disfrutar su quintaesenciada expresión, luciendo apenas en aislados momentos, hasta que desbordándose en el del lugar de honor, el quinto, repito, manifestó el toreo auténtico, de quilates, tanto lanceando a la verónica de capa como cuajando sendas series con la muleta tanto por ayudados con la diestra como al natural con la zurda rematados con pases de pecho largos y vaciando a la hombrera contraria que arrancaron el batir de las palmas. Su toreo por alto, barriendo los lomos a dos manos es estética deleitante por la esencia torera de aires sevillanos con los que completó en molinetes y cambiados de mano. Desafortunadamente falló con la espada llegando a escuchar un aviso perdiendo el trofeo que tenía ganado por el mérito enorme de lo que había sacado a la res. Pero ahí quedó…

Al torero de la tierra, Alfredo Ríos “El Conde”, la mala suerte le había acompañado en los de su lote, pechando con dos bureles carentes de las mínimas condiciones para lucir, con todo el empeño que el diestro había puesto.

Regaló un sobrero, creo proveniente de Los Encinos, si mal no me equivoco, por el hierro anunciado cuando no se tuvo la diligencia de publicitar el nombre de la ganadería.

Un torillo cárdeno claro con una cara de bondad que sólo se ve en esas damas consagradas a Dios y que se llaman monjas, le permitió al “Conde”, al ser un dechado de nobleza, de fijeza, de son, con una claridad abriéndose a los engaños, siguiéndolos con clase y cadencia, cuajar al torero principescamente vestido con terno nazareno y oro una faena muy completa, desde dos largas cambiadas de hinojos y verónicas bajando las manos, jugando los brazos, y rematar con una media para escultura, que arrancó la ovación fuerte, quitando por chicuelinas al paso rematando con el manguerazo de Villalta. Con banderillas se hizo aplaudir en un par al cuarteo, otro al violín y uno más a la moviola, corriendo para atrás e igualando en la cara misma para nuevos aplausos.

Con la muleta planteó su faena aprovechando la bonancible acometividad del ejemplar para engarzar series con cambiados por la espalda de inicio y seguir con derechazos templados y mandones  y naturales llevando muy embebido al colaborador burel, que repetía dando todas las facilidades para lucir al torero. Dosantinas y toreo en redondo que se le coreó en un trasteo largo a un buen toro, insisto, por noble, fijo y con clase, pero aquí viene la observación, ¡no era para indulto!, toda vez que en el castigo acudió con obligación siendo levemente picado sin dejarse ver la bravura. Para los nuevos aficionados vale el que atiendan esta observación para que comprendan más lo que el término de bravura encierra, y no confundir la bondad y la buena clase, que serían factores, aprovechándolos, para una labor de orejas y hasta rabos, y no la indulgente significación de lo que en verdad deberían ser los méritos para que a un toro se le perdone la vida.

Esto, por supuesto, lo ignoran también en el palco de la autoridad, que, visto lo visto, andan mal, muy mal, pésimamente mal, al apreciar lo que un toro debe tener para ganarse el indulto.

Con todo, sonoro triunfo de Alfredo, merecido por su voluntad y tesón que espero, confío y deseo le sirva para contrataciones futuras.

Abrió plaza el caballero navarro Pablo Hermoso de Mendoza. Es un espectáculo, por su fina monta y la extraordinarias cabalgaduras toreras que luce, a más de su maestría para la exposición mejor del arte del rejoneo, clavando farpas a una mano, haciendo el cambio en la cara de las reses, y banderillas cortas y a dos manos que le valieron ovación enmarcada en un temple para llevar a los animales con giros, cambios de terreno, y siguiendo las colas de las cabalgaduras.

Se hizo ovacionar, sí, pero no logró entusiasmar ni para una vuelta al ruedo cuando falló con los rejones de muerte sepultándolos defectuosamente, lo que al público no agradó.

Con la luz de las lumbreras dejando la arena del ruedo, salimos del coso…

Ojalá que el ganado que venga para las posteriores corridas, sea más de lo que esta ganadería que maneja mansedumbre ofreció, porque cuando la casta está ausente, el aburrimiento es el que manda.

EL INFORMADOR
http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2016/02/15/mansedumbre-en-su-apogeo-indultito-improcedente/

El “Payo” un torero de la montera a las zapatillas; gran momento de “El Conde” Por Francisco Baruqui.

El Payo. Foto cortesía Plaza de toros Nuevo Progreso.

De los toros con verdad:

Se perdió el sol en la tarde quedando grisacea y calientita para presenciar una corrida de toros, muy bien presentada procedente de la ganaderia de Los Encinos. Ejemplares de bellas láminas, astifinos, manifestando el trapío y la buena crianza, con romana y la importancia que da el toro auténtico.

Sacaron nobleza, buen estilo, los bureles querían acometer, metiéndo las cabezas con claridad y abriéndose mucho en los engaños. Picados con justeza ya que desde salida pusieron de manifiesto falta de fuerza, lo que influyó en forma determinante para que a la muleta llegaran con son y metiendo los morros con claridad, pero faltos de emoción, son sosería, lo que indudablemente influyó para que las faenas que se les hicieran no alcanzaran el relieve que da la pujanza y el brío.

Si esta corrida hubiese tenido más fortaleza, habría sido de éxito completo.

La joven veteranía de Alfredo Ríos “El Conde” se ha puesto de manifiesto con su toreo en el que denota más serenidad, mando y temple ante astados que, insisto y repito: nobles y claros, le permitieron cuajar dos faenas con buen planteamiento y larga duración; habiendo lucido con el capote en un repertorio que fue desde lances a pies juntos, con larga cambiada de hinojos de inicio para plasmar chicuelinas al paso, estando con las banderillas en regular tenor, pero haciendo gala de facultades al cerrar el tercio en su segundo pisando la barrera del callejón con una agilidad que le caracateriza.

Logró series con la derecha lentas, armoniosas y denostando un sereno quehacer que le ha venido con los años al dominar el oficio y echar para afuera el sentimiento torero que tiene. Mató de sendas estocadas al primer intento, con efecto, que le valieron el merecido corte de una oreja en cada uno de sus toros, dejando un excelente sabor de boca.

Siempre he escrito de la esperanza grande que tenía en Octavio García “El Payo”. Desde novillero, cuando en Madrid le vi, sabía que tenía la onza, y al paso del tiempo entre percances, altibajos, que de todo hay en la formación de un torero, el fino diestro ha encontrado su camino, como le vi primero en su actuación de la Plaza México, y ahora aquí en Guadalajara, que desde tiempo atrás ha venido siendo su plaza.

Capote de seda en el lanzeo a la verónica, bajando las manos, abriendo el compás, cargando la suerte y toreando mucho para arrancar el batir de las palmas, para con la muleta desbordar ese mensaje artístico, que el queratano tiene y que ahora le está proyectando como la figura del toreo que debe de ser.

Clara la cabeza y entendiendo a la perfección la condición de sus toros, ha brindado dos faenas en las que el buen gusto, la armonía, el temple, el mando y la pausa fueron la esencia de lo que como torero es. En series, principalmente con la derecha, y al natural con la izquierda, que fuertes se le corearon.

Tuvo “El Payo” el sentido de la medida, para cuajar dos obras que metieron al público en la bolsa, y como digno colofón, matar como se debe: fija la mirada en el morrillo, perdiendo la cara al toro, volcándose en corto y por derecho para cobrar una estocada de premiación absoluta, partiéndole la yema al morito y ganándose con todo merecimiento las dos orejas de el de Los Encinos.

Con el quinto en similar tenor. Desafortunadamente en esta ocasión la espada falló, pero tuvo la elegancia de sus formas y, lo más importante, el sentirse torero que se gusta, y que gustándose, gustó al aficionado tapatío.

Ni duda cabe, es Octavio García “El Payo” un torero de la montera a las zapatillas… ese es el camino.

Había esperanzas de que Alejandro Talavante brindara una tarde de éxito, pero lamentablemente se llevó el hueso del encierro, y sólo pudo mostrar el buen oficio aprendido y una técnica depurada en la expresión de su personal forma de interpretar el toreo.

Lució en Verónicas que le valieron palmas, para con la muleta dejar sólo muestras ante dos ejemplares carentes de fuerza, sosos, y sin emoción para una tarde que le valdrá pasar para el olvido.

Al final a hombros salieron “El Payo” y “El Conde” en reconocimiento a sus lucidas actuaciones.

Via: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/