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De los toros con verdad: Luis David cayó de pie; sin toros Morante y Roca…

Morante de la Puebla.

Por Francisco Baruqui.

Guadalajara, Jal.- ¡Qué tarde para toros..! Eolo durmiendo la siesta y el cielo de azul purísima, con un tráfico endemoniado que propiciaba el retraso, máxime por el adelanto de la hora para el comienzo, de las cinco a las cuatro, en sábado y con balompié de clásico local, buena entrada de pasado dos tercios con un cartel de toreros muy atractivo que hacía esperanzar triunfos, sólo que…

Que el hombre propone, Dios dispone, llega el toro y…  lo descompone.

Manifestación patriota con charros portando el lábaro nacional para rendirle honores, con cierre de canto del Himno Nacional Mexicano entonado por todo el público y…

Y ganado de Teófilo Gómez bien presentado, varios con belleza de lámina, bien cortados y astifinos de defensas, para la categoría de la plaza, que acudieron con medida a las puyas recibiendo dosificado castigo, ya que de fortaleza y brío no estaban sobrados, varios parándose y doblando los remos a la salida de los pases. Tuvieron movilidad y nobleza como una patente falta de casta que les hacía olfatear, rascar y regatear las embestidas, saliendo de los engaños con las cabezas altas y varios distraídos sin repetir.

Destacaron tercero y sexto, pero el resto, deslucidos, mansos, sin emotividad alguna, obligando a los diestros a sobarlos para intentar sacar algo de lo muy poco que traían, poniendo de manifiesto la desesperante mansedumbre para toreros y público.

Morante no tuvo su tarde al pechar con el peor lote del sorteo. Primero con un berrendo en castaño, careto y coletero, flojón y sin enjundia, el excepcional pinceló algunos buenos momentos midiendo al burel, pero su falta de fuerza deslució el trasteo, dejando medidas muestras del arte incomparable del artista andaluz que despenó de estocada tres cuartos y un golpe de descabello para recibir palmas.

Con el cuarto, sin suerte de nuevo, José Antonio estuvo voluntarioso sacándole con tirabuzón algunos ayudados con la derecha y naturales con la zurda, pero ante una res parada, simplemente no, que no se puede sacar agua de las rocas terminando de dos pinchazos, media y entera en sitio que bastaron.  Ojalá que en la próxima corra con mejor fortuna.

Y similar suerte corrió ese monumento al valor, a la entrega y a la absoluta vocación que es Andrés Roca Rey, tan esperado en esta plaza tapatía en la que ha brindado faenas impactantes que le han acendrado en la afición haciéndole de sus favoritos, pero…

Pero el espigado chaval de la bella tierra del Perú, necesita de un toro que le vaya de largo, que acuda con transmisión, con poder, que le repita para encender la mecha de su toreo.  Con los dos que le salieron, nada más que tesón, entrega, valor y cabalidad pudo ofrecer cuando tenía que sobarlos, y sobarlos para que medio acudieran a su muleta, viéndose él con un sitio de figurón y unos recursos que le permitieron exprimir a sus deslucidos astados recibiendo un aviso por lo prolongado de su labor, finalizando de pinchazo y estocada entera tendida, para salir al tercio a recibir la ovación.

Con el quinto, intentó todo con una voluntad manifiesta que superó con mucho las condiciones del burel. Quiera la suerte que cuando vuelva al coso guadalajarense cuente con suerte mejor, que hay torero grande y con caché de figura, ahora, con apenas 20 añitos.

A Luis David Adame de la dinastía aguascalentense que puntea su hermano Joselito, le he venido viendo desde becerrista en España, en donde destacó extraordinariamente colocándose como cabeza del escalafón novilleril, y recibiendo la alternativa en la arena gala de Nimes en cartelazo de lujo.  Y desde su inicio le ví la condiciones extraordinarias que seguramente le llevarán a un sitial de figura del toreo.

Escribo esto, porque conjuntar en un chamaco el valor, la cabeza clara que le permite entender a los toros, y encima una proyección artística que desborda en un mando y un temple de excepción, y una vocación, una afición enmarcadas en un toreo de ritmo, de cadencia, de lentitud que le permite deletrear los tiempos de los pases, pues ya…  ya puedo decir el nivel al que puede llegar.

Llevándose el lote mejor, brilló con la capa lanceando a la verónica, instrumentando chicuelinas, quitando por saltilleras y luciendo por zapopinas que le valieron carretadas de aplausos, para con la flámula plantear dos faenas bien estructuradas, hilvanando series de ayudados con la diestra y soberbios naturales con la de cobrar, girando tan solo, reponiendo lo justo, rompiéndose la muñecas y quebrando la cintura con la zapatillas bien clavadas, rematando con sendos pases de pecho que fuerte se le jalearon.

En la parte última de sus trasteos, luego de haber medido muy bien a sus toros, arrojando el estoque simulado, impacto con bernadinas naturales y luquecinas para, cuando el moro le pidió la muerte, luego de un intento fallido al no embestirle el astado, sepultar la espada en sitio haciendo la suerte de recibir con pureza y decisión, ganándose a ley las dos orejas del tercero, estando en el que cerró plaza en tenor similar entusiasmando al cónclave que, de no haber fallado con el acero con media tendida y tres golpes de descabello, también hubiese tocado pelo redondeando su actuación.

De pie, auténticamente de pie ha caído Luis David ante la afición de Guadalajara ganándose futuros carteles que, insisto y repito, estamos ante una figura del toreo mexicano, cuando tanta falta está haciendo.

Y el adiós de un torero, siempre emociona. Se despidió tras una carrera de 17 años como varilarguero Bernardo Hernández “La Chiva”, originario de tierra tijuanense, dando la vuelta al ruedo y siendo felicitado por sus compañeros como ovacionado por la afición.  Suerte de la buena en su futuro.

Por cierto a reloj parado, tal vez pongan uno de arena, más práctico y económico…

Y hablando ya de “economía”, poca… muy poca…  pero que muy poca… atención para el público asistente, cuando apenas arrastrado el que cerró función, caída la noche, apagaron las lumbreras obligando salir a obscuras del coso… Bendita cortesía y… y mejor educación. ¡Bah!

Publicado en El Informador.

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En Guadalajara: Buenos los de Guadiana; mucha atención con Pastor…

José Ma. Pastor. Foto Twitter @JoseMaPastor12
Por Francisco Baruqui.

Aunque la tarde era taurina, había cielo azul, buen clima y nada de viento, la entrada bajó un pelín, seguramente influyendo el puente vacacional patriota. Y pena por los que no asistieron, dado que la novillada resultó interesante, con la mala suerte de que se fallara con las espadas, que si no, unos tres apéndices se hubiesen cortado.

Novillos de Guadiana, del estimado y taurino Ing. Armando Guadiana, vecino mío de toda la feria abrileña en Sevilla. Ejemplares con presentación, con crianza, sangre pura de Don Jesús Cabrera, muy en el tipo de su encaste, que ofrecieron condiciones de triunfo, toda vez que cumpliendo en varas, manifestaron cualidades de casta y bravura, con mucha movilidad y transmisión que tuvieron emotividad, desplazándose y metiendo los morros con claridad, estilo y clase los más.

No fueron los mansos fáciles, fueron sí, astados que obligaban a entrega, a una actitud determinante para poder con ellos exponiendo, domeñando y a luego desbordar lo que cada uno de los toreros traería dentro. Novillos que lucieron capas variopintas que fueron desde el mulato que abrió plaza, al castaño aldinegro capachón que asegundó, predominando las tonalidades de cárdeno muy de la sangre de donde provienen. Cómodos los más, pero astifinos e, insisto, para haber triunfado con ellos. Mi enhorabuena Armando, un éxito ganadero y en una plaza como Guadalajara.

Muy grata impresión ha dejado José María Pastor, retoño de mi buen amigo César, uno de los artistas más elegantes con toreo de filigrana de la torería mexicana. Y por fortuna, el chaval trae las mismas condiciones que por genes y aprendizaje, aunque con su propia personalidad y sello, cayó de pie ante la afición tapatía.
Torero completo, maneja el capote con soltura, bajando las manos y soltando las muñecas, cargando la suerte para instrumentar la verónica con plasticidad, luego de saludar con larga cambiada de hinojos para arrebatar las palmas. Quitó por saltilleras en uno y por gaoneras en el sexto escuchando ovaciones.

Fácil con las banderillas, encuentra toro en cualquier parte del ruedo invitando muy de frente, templando en el viaje para clavar cuarteando, al sesgo y al quiebro sin el cobijo de las tablas, sino citando afuera del tercio al burel entablerado, adornando los morrillos con lucimiento y llevándose carretadas de aplausos.
Con la muleta pisa seguro, determinado, firme desde doblarse con el de Guadiana, hasta de pie ya, engarzando series de toreo por abajo con mando y con temple, aguantando, sin dudar, yendo pa alante siempre y, fundamental, ligando, dejando la muleta en la cara tocando como tocar se debe para embeber al moro en la zarga, principalmente con la mano izquierda que es con la que más lució, y rematar con sendos pases de pecho recibiendo el batir de las palmas.

Hubiese cortado dos orejas, una en cada ejemplar pero…  Pero falló con la espada.  Acusa el defecto de quedarse mucho en la cara del astado sin pasarse en el embroque, faltándole torear más con la mano de la muleta —que en el argot decimos, es la que mata—, pinchando en varios viajes recibiendo un aviso en el sexto, al que despenó al fin de una estocada entera con mejor ejecución que bastó.

En su primero, luego de pasarse con la tizona fallando, tuvo petición para dar la vuelta al ruedo quedando en salida al tercio por demás merecida.  A verle pronto, que en Pastor hay un torero…

Empeñoso, con deseos y mucha entrega se dejó ver Nicolás Gutiérrez, un muchacho al que se le ve hambre de toro y que, dentro de la insipiencia natural de los que se inician, tiene un buen concepto en su toreo, ya que sabe templar y ligar como lo demostró en los de su lote, bajando y corriendo la mano, tanto con la diestra como la zurda arrancando oleeés al rematar con de pecho que se le jalearon.

El tenor de sus faenas es dar pases, muchos pases, pero desafortunadamente, le falta imprimir mejor ritmo y medida a su labor, que no supo coronar con los estoques pinchando al salirse desde que se perfila, por lo que las estocadas le resultan defectuosas y con tendencia.  Saludó en su primero causando buena apreciación.

Lo que no pudo conseguir Paco Miramontes, hijo del magnífico banderillero que ha sido Pablo, su padre, teniendo una actuación poco exitosa al mirarse falto de determinación, dudando mucho, desconfiado y falto de poder ante dos novillos que merecieron mucho más de lo que el joven Paco pudo lograr.

Con el quinto se miró con más entrega y menos movimiento, ligando algunos pases que se le corearon, andando perdido con los aceros, con falta de enjundia y decisión, dándome la impresión como lo defino, que no es de los que entran a matar, sino a ver si matan…  La condescendencia del juez permitió que solo escuchara dos avisos en cada uno de los de su lote, cuando por tiempo, podría haber enviado el tercero para devolución.  Ojalá que asimile lo aciago de esta tarde como novillero que es y…  Y el tiempo y los toros dirán.

Publicado en El Informador 

Guadalajara: Accidentada la tarde; pudo acabar sin toreros…

Foto @Pelayogus / Instagram.

Por Francisco Baruqui.

Tarde soleada, azul el cielo y sin brizna de viento que invitaba a toros. Y la gente fue principalmente al tendido sombreado, sin imaginarse el accidentado festejo que presenciaría, que a punto estuvo de quedarse sin toreros.

Astados de Maravillas, con presentación digna, con romana adecuada y comodidad en las cabezas, con condiciones de lidia que les hizo verse maniobrables, yendo justos al castigo en varas en donde se les hizo sangre para descongestionar, y llegar a las muletas metiendo los morros con claridad pero mansurroneando, rascando mucho la arena, reculando, para acometer luego dejándose meter mano. Novillos que dieron interés a lo que delante de ellos consiguieron los toreros.

Arturo de Alba, con cierto rodaje de preparación en tierras ibéricas, dio cuenta de ser un joven que sabe de qué va esto. Con figura, se desenvolvió con la capa haciéndose destacar a lo más quitando por chicuelinas rematadas con revolera que se le ovacionaron.

Con la flámula sabe de distancias y colocación, acusando buenas maneras al hacer el toreo por abajo, con la derecha y al natural con la zurda, aunque en algunos toreando despegadillo llevando a sus novillos con la punta de la zarga, rematando con sendos de pecho, para reiniciar series citando por la espalda y hacer el toreo en redondo, girando, enmendando lo justo y entusiasmando al cónclave.

En ciertas pausas, baja su intensidad al serle trompicada la tela, pero cuenta con condiciones para tirar pa álante, pero asimilando aprendizaje que le permita corregir errores, como el fundamental que cometió al perfilarse a matar al quinto, sin estar fijo, moviendo la cabeza y midiendo al muchacho, que al volcarse por sobre del morrillo, fue prendido por el muslo metiéndose el pitón en la carne espectacularmente, colgando y girando, llevándose una cornada seria y grande, de la que espero y deseo salga pronto.

Las heridas son la parte dolorosa del toreo, pero son los errores que van dando experiencia y madurez para ser corregidos y evitar cometerlos de nuevo. Saludos al tercio fue su premiación.  Habrá que verle en su reaparición.

Román Martínez, un chaval originario de Yahualica y avecindado en Guadalajara, es un auténtico novillero…

Valor, actitud, entrega, deseos, entusiasmo, y con la cualidad grande de conectar con facilidad con la afición. Hizo de todo, desde recibir a porta gayola de hinojos con la capichuela a la espalda, como lancear a la verónica, quitar evocando a Pepe Ortiz, el inolvidable Orfebre tapatío, para coger garapullos cortos y aunque clavando desigual y algunos con la bisutería que son los pares a una mano “al violín” que tanto entusiasman al villamelonaje, —el mérito de cuartear o clavar al quiebro con un palo en cada mano—, como mandan los cánones es el que realmente tiene el mérito en el tercio de banderillas.

Con la muleta, sale a darlo todo, clava las zapatillas, maneja con soltura sus muñecas y se queda en el sitio para ligar. Su toreo por abajo con ayudados y naturales le valieron el batir de las palmas. No se salvó de llevarse una voltereta al torear por manoletinas recibiendo un palizón, para luego de cobrar entera, dar una merecida vuelta al ruedo.

Con el segundo que mató, estuvo en similar tenor llegándole, insisto, mucho al tendido, mirándose variado y con entrega, mucha entrega al momento de la estocada, pasándose en el embroque y haciendo la cruz sepultando el acero en lo alto para ganarse una merecida oreja que le erigió como triunfador de la tarde.

En el sexto, un morito que traía lo suyo, le puso en aprietos dejando ver su lógica novatez sufriendo hasta cuatro desarmes, desdibujándose y mostrando que hay mucho que aprender en un camino largo, muy largo qué recorrer.  Estocadas pellejeras pero saliendo por propio pie.

Lo que no pudo hacer un joven de muy buena planta enfundado en principesco terno azul añil bien recamado de oro, Alejandro Fernández al que tenía gran interés por ver dados los comentarios muy positivos que había escuchado, y a sabiendas de haber estado aprendiendo mucho en España, donde como me decía el inolvidable maestro y amigo Don Fermín Espinosa “Armillita”, está la universidad y a la que se debe de ir.

Desde la forma como cogió el capote, vi que en Alejandro hay torería, así plasmó dos lances templando y bajando las manos, pero en el tercero, fue volteado de campana cayendo de muy fea forma y lesionándose la clavícula, siendo llevado a la enfermería para no poder salir.  Ojalá que pronto se recupere y lo veamos colgado en otro cartel y con la suerte de una actuación que permita apreciar su valía en esta tan bella como única y peligrosa profesión.

Publicado en El Informador.

En Guadalajara: Mansedumbre en su apogeo… “Indultito” improcedente

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De los Toros con Verdad Por Francisco Baruqui.

Guadalajara, Jal.- La tarde azulada, clara y sin viento, invitaba a toros, para la apertura de la segunda parte de la temporada.

Lo he señalado repetidas veces, aunque a muchos ganaderos incomode, el ganado de lidia en su gran mayoría que se está jugando en nuestras plazas está en la categoría de la media casta. Y dentro de esto, la manipulación de criadores de escrúpulos dudosos para manejar la bravura auténtica del toro de lidia, inclinándose al quitar la casta en su ganado resulta que, efectivamente, ya no manejan la bravura… ¡MANEJAN LA MANSEDUMBRE…!

Este es el caso como muestra fehaciente en las reses de una dehesa en la que la casta aguada predomina ubicándose, insisto y repito, en ganado de media casta. Así, el fierro y la divisa de Fernando de la Mora, perfectamente caracterizado en la línea que menciono, condiciona al espectáculo en un tenor de mansedumbre y mediocridad desluciendo su esencia y su fondo al implantar la bobaliconería en las tontorronas acometidas de unos animales que más que embestir caminan, anulando la presencia de uno de los ingredientes fundamentales en el ganado de lidia, la transmisión de la emoción.

Con astados así, la función iba en picada, por mucha voluntad y deseos que los toreros tuvieran, lamentablemente el lucimiento no aparecía. Y fue hasta el quinto toro, un boyancón al que Morante de la Puebla, inventándose la faena, cuajó una obra artística, plena de torería, de arte puro, de elegancia y expresión torera, que sólo los privilegiados como el caso de este artista excepcional pueden lograr…

Al de la Puebla se le veía con ganas, pero sin la más mínima colaboración de poder disfrutar su quintaesenciada expresión, luciendo apenas en aislados momentos, hasta que desbordándose en el del lugar de honor, el quinto, repito, manifestó el toreo auténtico, de quilates, tanto lanceando a la verónica de capa como cuajando sendas series con la muleta tanto por ayudados con la diestra como al natural con la zurda rematados con pases de pecho largos y vaciando a la hombrera contraria que arrancaron el batir de las palmas. Su toreo por alto, barriendo los lomos a dos manos es estética deleitante por la esencia torera de aires sevillanos con los que completó en molinetes y cambiados de mano. Desafortunadamente falló con la espada llegando a escuchar un aviso perdiendo el trofeo que tenía ganado por el mérito enorme de lo que había sacado a la res. Pero ahí quedó…

Al torero de la tierra, Alfredo Ríos “El Conde”, la mala suerte le había acompañado en los de su lote, pechando con dos bureles carentes de las mínimas condiciones para lucir, con todo el empeño que el diestro había puesto.

Regaló un sobrero, creo proveniente de Los Encinos, si mal no me equivoco, por el hierro anunciado cuando no se tuvo la diligencia de publicitar el nombre de la ganadería.

Un torillo cárdeno claro con una cara de bondad que sólo se ve en esas damas consagradas a Dios y que se llaman monjas, le permitió al “Conde”, al ser un dechado de nobleza, de fijeza, de son, con una claridad abriéndose a los engaños, siguiéndolos con clase y cadencia, cuajar al torero principescamente vestido con terno nazareno y oro una faena muy completa, desde dos largas cambiadas de hinojos y verónicas bajando las manos, jugando los brazos, y rematar con una media para escultura, que arrancó la ovación fuerte, quitando por chicuelinas al paso rematando con el manguerazo de Villalta. Con banderillas se hizo aplaudir en un par al cuarteo, otro al violín y uno más a la moviola, corriendo para atrás e igualando en la cara misma para nuevos aplausos.

Con la muleta planteó su faena aprovechando la bonancible acometividad del ejemplar para engarzar series con cambiados por la espalda de inicio y seguir con derechazos templados y mandones  y naturales llevando muy embebido al colaborador burel, que repetía dando todas las facilidades para lucir al torero. Dosantinas y toreo en redondo que se le coreó en un trasteo largo a un buen toro, insisto, por noble, fijo y con clase, pero aquí viene la observación, ¡no era para indulto!, toda vez que en el castigo acudió con obligación siendo levemente picado sin dejarse ver la bravura. Para los nuevos aficionados vale el que atiendan esta observación para que comprendan más lo que el término de bravura encierra, y no confundir la bondad y la buena clase, que serían factores, aprovechándolos, para una labor de orejas y hasta rabos, y no la indulgente significación de lo que en verdad deberían ser los méritos para que a un toro se le perdone la vida.

Esto, por supuesto, lo ignoran también en el palco de la autoridad, que, visto lo visto, andan mal, muy mal, pésimamente mal, al apreciar lo que un toro debe tener para ganarse el indulto.

Con todo, sonoro triunfo de Alfredo, merecido por su voluntad y tesón que espero, confío y deseo le sirva para contrataciones futuras.

Abrió plaza el caballero navarro Pablo Hermoso de Mendoza. Es un espectáculo, por su fina monta y la extraordinarias cabalgaduras toreras que luce, a más de su maestría para la exposición mejor del arte del rejoneo, clavando farpas a una mano, haciendo el cambio en la cara de las reses, y banderillas cortas y a dos manos que le valieron ovación enmarcada en un temple para llevar a los animales con giros, cambios de terreno, y siguiendo las colas de las cabalgaduras.

Se hizo ovacionar, sí, pero no logró entusiasmar ni para una vuelta al ruedo cuando falló con los rejones de muerte sepultándolos defectuosamente, lo que al público no agradó.

Con la luz de las lumbreras dejando la arena del ruedo, salimos del coso…

Ojalá que el ganado que venga para las posteriores corridas, sea más de lo que esta ganadería que maneja mansedumbre ofreció, porque cuando la casta está ausente, el aburrimiento es el que manda.

EL INFORMADOR
http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2016/02/15/mansedumbre-en-su-apogeo-indultito-improcedente/

Nuevo Progreso de Guadalajara. Pozolada tapatía; la vulgaridad campeó…

Por Francisco Baruqui.

Guadalajara, Jal.- El arcano azulado en luminosa tarde para un festejo que, por la inclusión de caballero y monturas, motiva a otro público que no es precisamente el tradicional de las corridas de toros. De ahí la pingüe entrada de bien pasados los tres cuartos con una pléyade de espectadores que, —y bien que lo vale— disfrutan del toreo equino con un estupendo equitador como Pablo Hermoso de Mendoza y su cuadra torera que, insisto y repito, tiene tirón para una diletante concurrencia que con sus números recibe las delicias que les hace regocijarse con solaz esparcimiento.

El ruedo como campo chihuahuense en sequía, que vaya polvaredón por el pésimo riego con el que se victimiza a los de barreras que acabamos merengados cuando hay función con caballos.  La autoridad sumisa dando “facilidades” a cabalgante y cabalgaduras…  ¡Bah..!

Corrida bien presentada de Los Encinos, destacando un dije, primero de a pie, que era de preciosa lámina, fino de estampa, muy bien recortado, acusando todos buena crianza en la seriedad de su presencia, otros más cornicortos aunque todos, sí, astifinos y sacando condiciones de bondad dado el buen son, la claridad, la nobleza, el buen estilo y la fijeza por cuanto a cualidades pero…  Pero, ¡ayy..!  con el defecto de falta de brío, poco fuelle, fuerzas justas, —algunos doblando los remos y otro desplomándose—, rayando, por la falta de fortaleza, en cierta sosería, pero muy manejables todos.

Conozco de la afición grande que tiene el ganadero Eduardo Martínez Urquidi, y sé que con escrupulosa acuciocidad atenderá para buscar la solución.  Que la logre y…

Y, así, entre polvareda y regada con rudimentaria manguera de placita talanquera, Fermín Spínola acusó voluntad pero sin lucimiento dada la debilidad del fino moro al que estoqueó de entera perdiendo el engaño para palmitas.

Con el quinto, buen ejemplar en verdad, sin entusiasmar de capa, cogió los palitroques clavando muy desigual a toro pasado, y solo el tercero, un cuarteo girando, le valió ovación, para con la muleta, aprovechando las monacales embestidas del encino, darse en toreo por abajo con la diestra y al natural, recurriendo a embarrarse, a cabeza pasada refugiándose abrazado en los cuartos traseros del burel, para una serie volantinesca, bisutería pura de vulgar expresión para el villamelonaje en pleno que tras de entera caída, premiara con orejita que terminó dándosela a un peón para dar la vuelta al ruedo.

Tenía deseos por ver al queretano Octavio García “El Payo” tras de su exitosa actuación en la México.  Más espigado, se aprecia que está ahora sí metido más de lleno en su profesión, luciendo principesco terno negro muy recamado en oro, con el capote lució lanceando a la verónica con cadencia, bajas las manos y jugando los brazos rematando con recorte para cartel escuchando palmas.

Con la zarga una faena al tan bondadoso como sosón con ayudados por abajo con la diestra principalmente que se le corearon, intercalando cambiados por la espalda que impactan por la improvisación, pasándose el engaño a la zurda en una labor larga, sin sostener ritmo en su obra, con algunos muletazos trompicados para luego de pinchar, cobrando entera en sitio que bastó, un apéndice auricular entre manifiesta división que le hizo terminar la vuelta sin la oreja de marras en la mano.

Con el que cerró plaza, sin acoplamiento mayor aunque con momentos aislados con molinetes violentos demasiado rápidos y algunos muletazos que se le jalearon pero sin rebozarse sintiéndose, al reponer entre un pase, trastabilleó cayendo en la cara siendo cogido peligrosamente sacando solo por fortuna, el punto de la taleguilla roto en el muslo derecho.  Se salvó,  que pudo ser de cornada seria.

Por cuanto a la atracción del rejoneo, Hermoso lució su magnífica monta en toreras cabalgaduras que, por cierto, no ví que anunciara sus nombres, ante dos toros muy colaboradores que provocaban el ¡uyy y el ayy..! cuando seguían a jinete y equino que cabalgando en lateral daban espectacularidad al momento, sobre todo cuando sin estar sobradamente templado, conté hasta seis alcances con las astas mochadas, clavando rejon a una mano al quiebro; tres cortos y un par a dos manos, el número fuerte llevando al caballo con las riendas prendidas a su calzona.

Al primero despenó de hoja trasera para silencio, y al quinto de rejonazo pulmonero que provocó derrame de vacío para…  Sí, acertó Usted amigo aficionado, orejita tranquera, que con las otras fueron para pozolada tapatía en una tarde en la que la vulgaridad, no se dude, campeó…

Correo electrónico: francisco@baruqui.com

Via http://opinion.informador.com.mx

Nuevo Progreso de Guadalajara… Mataron como pudieron; Talavante a gran nivel.

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Por Francisco Baruqui.

Qué  de día; primaveral, azulado el cielo sin una sola nube y Eolo desaparecido, con  entrada sobrepasada la media por un público que ilusionado acudió al coso por el cartel de toreros que era interesante.

Interesante, sí, con todo y la ausencia forzosa de El Juli por accidente automovilístico, y acertadamente suplido por Alejandro Talavante quien a la postre brindó lo mejor de la tarde, dejando constancia de cómo ha entrado en el gusto de la afición mexicana que se ha encantado con él.

Tardanza para anunciar toros, saliendo al fin una corrida parchada con dos hierros, Marrón con los tres primeros y San Isidro con los restantes.  A excepción del que abrió festejo, un anovillado para festival, los demás tuvieron presentación digna para plaza de primera, y más para Guadalajara que por acá no hay chupadera de dedos.  Toros con crianza, estampa, astifinos y con romana que daban importancia a la tarde solo que…

Solo que pusieron de manifiesto falta de casta y una debilidad desesperante por la flojedad de patas, lo que desencantó las ilusiones de los concurrentes.  Bureles para ser racionados en el castigo haciéndoseles apenas sangre para descongestionar.  ¡Y vaya puyazo de premiación con el que lució ése estupendo picador de lujo que es David Vázquez..!  Horcajado en su montura citó, lanzando la vara ya casi de pie y chorreando el palo hundiendo la puya en todo lo alto dejando al cornudo asentado.  Desde aquí mis palmas, señor varilarguero…

A destacar uno de Marrón, el segundo, mansurrón dúctil que acometía lento y con bondad, y un sexto isidril que tuvo claridad y son.  ¿Los demás..?  Los demás pá l gato y…

“El Pana” se despidió…  Puro en boca y con sarape saltillense a guisa de capote de paseo, arrancó en el paseíllo clavando puntas y arrastrando arena…  A su estilo.

Una verónica y la “espantá” clavándose al callejón, para posteriormente pinceladas aisladas, muy aisladas, aisladísimas de su personal expresión con aires del toreo de antaño en algunos muletazos por alto a dos manos y por abajo con sobrado pico y dejando luz en el pase, sin alcanzar llegar a la catarsis, — aunque hizo el intento sin logro —, con arrojo de muleta, encaramiento al público y pasos de esclavo arrastrando grilletes, haciendo a instantes las delicias con su folclórico citar girando las plantas armoniosamente e intercalando “pasitos tun-tun” que animan al cónclave villamelón.

Regaló un séptimo del santo Isidro, con voluntad pero…  Perdido con las espadas por lo menos escuchó “Las Golondrinas” en su despedida.

Y tocando aislamientos, Morante de la Puebla no tuvo su tarde.  En su primero esbozó la expresión de su inconmensurable arte en naturales templados con el regusto de su toreo, — ése era el lado del marronero —, dejando aroma del torerazo que es, pero sin rebozarse con el mansurrón noble que debía mantener de pie por la flojedad.  Dos pinchazos y media desprendida para salir a los medios a recibir la ovación.  Se le quiere y admira, empero…

Empero con el quinto, un descastado que desarrolló sentido midiendo mucho al torero y mirándole los tobillos sin un solo pase para lucir, un auténtico regalito, José Antonio se lo quitó como pudo con un espadazo en los blandos recibiendo sonora música de viento.  A esperarle pues…

Y debo decir que Alejandro Talavante, al que vi en su despedida como novillero en Madrid y fui al siguiente día a verle su alternativa, es de los toreros hispanos que mejor ha encajado en el gusto de la afición mexicana.  ¿Por qué..?

Porque a más de un valor cabal, sin falsas posturas de efectos baratos, cuenta con el don divino del temple; de ése cogerle el ritmo al toro mexicano que más que embestir con enjundia camina lento y con son, mandando mucho sobre de él, clavadas las zapatillas en la arena, planteando las faenas con trazo, estructurándolas y haciendo el toreo largo, cadencioso, reponiendo lo mínimo, con armonía y hondura.

Con el tercero, un inválido de desesperación para nada pudo lucir despenándolo de entera trasera tendenciosa para silencio.

Mas, saldría el sexto con el que aplicó su expresión artística en toreo por abajo al natural con la izquierda y ayudados con la diestra muy reunido, aguantando, embraguetado, girando tan solo y empleando la elasticidad de sus muñecas y el quiebre de cintura, armando una faena variada, intercalando la arrucina y cambiados de mano que fuerte se le jalearon.

Sabe Alejandro impactar y darle calor a su obra conectando estupendamente con los tendidos en largos y estentóreos ¡ooleeés..!  Remates ceñidos vaciando el testuz a la hombrera contraria, — como debe ser para que sea el de pecho y no de costadillo cuando sin vaciar sale el toro en línea recta —, y cuando tenía las orejas ganadas a ley….  ¡Anda!, a pinchar, dejando muestra de que no las trae todas consigo con los estoques.  Muy merecida vuelta al ruedo y la certeza de que Guadalajara ha disfrutado con él, como creo que él ha disfrutado en Guadalajara.  A verle de nuevo, que sí….

Y tarde, pues, en la que los tres alternantes confirmaron mi apreciación cuando con las espadas se falla…  Que hay toreros que entran a matar y…  Y otros, a ver si matan…

Via http://opinion.informador.com.mx/Columnas/

De los toros con verdad: Fiasco Xajeño, por encima los toreros en Guadalajara.

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Por Francisco Baruqui.

Frescor y bonito el azulado cielo, calma la tarde, sin viento y bajón en la entrada que habrá sido de unas tres mil almas que esperanzadas concurrieron al cierre de la parte primera de la temporada, cuando la segunda se dará allá por febrero del venidero año.

El cartel tenía lo suyo, porque era la despedida de un TORERO, — así con mayúsculas –, Antonio Barrera, español hecho en tierras mexicanas que supo hacerse del respeto y reconocimiento de la afición nacional, fincando su cuartel en la tierra tapatía, en la que supo de gloria y dolor, que vaya duro le pegaron los toros, haciéndose, sin amilanarse, de un nombre y consolidándose en tierras ibéricas ya figurando en carteles importantes dentro de los ciclos de mayor relevancia en las ferias hispanas y en muchas otras de centro y sur América.

Acompañándolo en la terna fueron dos toreros mexicanos en plena etapa de proyección como lo son Arturo Macías y Octavio García “El Payo”, que en Guadalajara ha encontrado aficionados que nos esperanzamos con él dadas las faenas que en otras tardes brindó, pero lástima…

Lástima en verdad que la corrida de Xajay haya resultado un ensordecedor petardo tirando por la borda las entusiastas ilusiones de toreros y afición, al conformar una escalera de reses que adolecieron, tres carentes de trapío e importancia, con primero, quinto y sexto con mejor lámina, astifinos todos como debe ser para el coso guadalajarense, pero acusando una desesperante mansedumbre y falta de fondo; un descastamiento y varios la fuerza justa, dos saliendo de los engaños doblando los remos, que reculaban rascando, reservones, midiendo, desclasados, vacíos que de no haber contado con la disposición y la entrega absoluta de los toreros, bueno…

Sexteto antipático para ponerse enfrente por su palpable falta de estilo bueno, varios mirones y obligando mucho a los de a pie para imponerse y domeñarlos pero sin prestarse para el lucimiento y con ello para el éxito.

Con el que abrió plaza, Antonio Barrera justificó su trayectoria de ser un señor matador de toros, que en ése plan, de auténtico profesional estuvo, aplicando su bien asimilada técnica y recursos fincados en la buena escuela de tauromaquia que tuvo de aprendizaje con la experiencia dura de cornadas y percances, saludando al negro de gran alzada y gran cuajo con larga cambiada de hinojos, para de pie ya, abrir el compás en sendas verónicas cadenciosas, acompañando y templando, cerrando el capote en media para cartel. La primera ovación…

Con la muleta, entendiendo las condiciones del xajeño, se plantó en sitio sin concesión alguna pisando los terrenos del moro, para plantearle una faena importante, de exposición, con trazo y estructura, hilvanando pases por abajo con la diestra y al natural aguantando mucho a un toro que como cualidad tuvo la fijeza, intercalando toreo circular para continuar con dosantinas y cerrar con manoletinas que le valieron el fuerte batir de las palmas. Tuvo su obra la cualidad de la medida, que cuando el burel le pidió la muerte, Antonio lo cuadró e igualó, — apreciaba en su mirada la determinación con la que se iría tras de la espada –, y volcándose por sobre del morrillo, toreando mucho en el embroque y haciendo la cruz templando en celo con el engaño, como si de un remate de pecho se tratase, entró a matar rifándosela de verdad, en corto y muy por derecho ganándose las dos orejas del toro y dando la vuelta entre aclamación. Buen comienzo tenía la tarde pero…

Pero fue todo…

Con el cuarto, una res mansa que espiaba mucho, indefinida con la que la confianza era lo último de lo que podía esperarse, luego de brindarlo al Lic. Alfredo Sahagún, directivo de la empresa que tanto le apoyó en su carrera, — es de noble y bien nacido el que es agradecido –, Barrera muy en profesional, intentó lucir pero… Pero, labor imposible, para luego de intentar torearlo por bajo sin lograrlo, desarrollarle una faena con toreo de poder, de pitón a pitón con notoria maestría, para despenarlo y escuchar las nostálgicas notas musicales mexicanas de “Las Golondrinas”, dando la vuelta emotiva al ruedo devolviendo prendas y bebiendo de botas de vino, entre los cariñosos aplausos de la afición de Guadalajara, su plaza, que le recordará siempre con afectuoso respeto, saliendo al fin del festejo a hombros por la puerta de cuadrillas.

La mejor de las suertes Antonio Barrera, un hombre serio y cabal, de convicción, devoción, casta y vocación torera, que por su firmeza y carácter demostrado ante las adversidades y los triunfos, supo marcar una carrera ejemplar, viviendo por y para el toro, digna de ser seguida por todos aquellos que pretendan ser toreros, como muestra de determinación y orgullo profesional que, seguro estoy, le valdrán para el futuro promisorio que deseo, confío y espero tenga en su vida que seguirá en el mundo de tauro, pero fuera ya de las sedas y el metal del vestido de torero, aunque torero seguirá siendo pá los restos.

La mejor de las suertes, amigo… La suerte mejor, TORERO……

Por lo demás…

Por lo demás, solo destacar el valor del bravo aquicalitense que es Arturo Macías, que vió como su primero se despitorró tirando un cuerno al encontronazo con el estribo del picador, saliendo un sobrero descastado, soso y por demás deslucido al que intentó de todo sin conseguir nada, que nada tampoco había para conseguir, pasaportándolo de estocada tres cuartos desviada, entera tendida, pinchazo y dos avisos para algunos pitos.

Con el quinto salió a por todas destacando con la capa en un quite por saltilleras, creación de mi siempre bien recordado maestro y amigo DON FERMÍN ESPINOSA “ARMILLITA”, rematando con revolera escuchando la ovación, para con la zarga iniciar su faena con derechazos de rodillas toda vez que el de Xajay no le embistió de largo para cambiarlo por la espalda, para continuar con molinetes y cayendo en el grave defecto de emplearse en trasteos largos, muy largos, larguísimos, perdiendo la proporción de la medida, aunque sobrado de empeño y tesón, con ayudados por abajo con la diestra y naturales pero sin el ritmo por la falta de casta del burel sin fondo que regateaba la acometida. Y al igual que en el segundo, perfilándose fuera de cacho, saliéndose desde antes de la arrancada, a pinchar y con dos golpes con la corta de descabellar, recibiendo de nueva vez dos avisos, retirándose sin éxito, como seguro estoy que era por lo que venía, a triunfar.

Y deseos había por ver al “Payo” tras su lucida tarde en la México, que hace abrigar nuevas esperanzas de que se trata de un torero recuperable, y aquí en Guadalajara, un coso que le reconoce y quiere, la suerte le pintó bastos con dos bovinos, primero un novillote impresentable, sin brío ni fuerza, intrascendente por donde mirarse se quiera, el rubio torero estuvo determinado muy por encima de la res, pero sin lograr entusiasmar consiguiendo lo mejor con una estocada entera haciendo muy toreramente la suerte, y descabello al segundo golpe para salir a saludar.

Con el que cerró festejo, otro que reculaba pidiendo la yunta, nada más que voluntad, mucha voluntad y… Y desencanto, mucho desencanto.

Con todo a Octavio García hay que seguirle viendo, que ha demostrado sus posibilidades pero con ganado mejor, que lo que saltó al ruedo tapatío….. Un fiasco… Auténtico fiasco.

Vía: http://www.elinformador.com.mx
Correo electrónico: francisco@baruqui.com

Nuevo Progreso de Guadalajara: De los toros con verdad… Triunfó la terna, buenos Xalpeños

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Por Francisco Baruqui

Un tercio de plaza respondió a la invitación de una tarde agradable, clara de cielo claro y cómoda de temperatura, con un cartel atractivo, variado y prometedor, al conjuntarse tres jóvenes espadas que salen a por todas con expresión, valor y personalidad, enfrentándose a una corrida de Santa María de Xalpa, bien armada, con sangre hispana de Parladé del encaste de Juan Pedro Domecq.

Y bien… Bien que la gente la pasó porque se vieron cosas por demás interesantes y vistosas en los tres alternantes, con un encierro que bien se prestó para lucir.

He escrito repetidas veces que el trapío y la imponencia del toro radica en la importancia de su cabeza, el desarrollo de sus astas, la integridad de sus pitones brillando lo astifino en las puntas intactas conocidas como “diamante” o “veneno”. Empero…

Empero los taurinos nos fijamos mucho en los cuartos traseros del burel, qué tanto están cubiertos los riñones, si están marcados los músculos, porque es precisamente ahí en donde está el poder, el brío y el fuelle, vamos la fuerza que puede manifestarse en la pujanza.

Los xalpeños variopintos, que hubo diferentes tonalidades de pelaje desde el mulato, el chorreao en verdugo atigradón y jaboneros, claro y sucios, todos muy bien armados de cuerna, pero… Pero escurridos de cuartos, y algunos anovillados de tipo, que manifestaron justeza de fuerza, muy medida, aunque dúctiles, fáciles, con movilidad y desplazamiento, abriéndose a los toques de los engaños con monacal bondad, ofreciendo juegos en el buen estilo y clase que gustan a los toreros, cumpliendo en varas haciéndoseles sangre lo justo dado que, insisto y repito, medidos de fortaleza se les dio para descongestionar.

La tercia anduvo a gusto pues los astados se dejaron meter mano, destacando por sobre los seis el corrido en el lugar de honor, el quinto del que se dice que “no hay malo”, un jabonero que a más lució boyantía que propinó un tumbo al piquero, acudiendo al primer cite y arrancándose de un lado al otro del ruedo. Toro merecedor de vuelta al que incomprensiblemente no se le otorgó honor alguno. Menos mal que Saldívar sacó al ganadero Benigno Pérez Lizaur a dar la vuelta con él.

Ejemplares con lidias de menos a más, sacando buena casta, clase y estilo, nobleza, fijeza y son, con los que disfrutaron los de la terna terminando al final triunfando.

Alejandro Talavante viene por sitio, y lo consigue con su personal expresión artística cimentada en la quietud, el mando, la templanza y la creatividad en la cara del toro, que le hace improvisar llegándole mucho al tendido.

Sin más con la capa, en la muleta basó la clave de su éxito al cortar una oreja al que abrió plaza, noble y fijo, con recorrido y son, al que toreó largo y circular en series de ayudados con la diestra, al natural con la izquierda y sendos cambiados de mano girando en dosantinas que se le aclamaron, para cerrar con ceñidas bernadinas estoqueando de entera al primer viaje y golpe de descabello ganándose el primer trofeo.

Con el cuarto en tenor similar sin encontrar respuesta mayor del anovillado morito, pero poniendo tesón y empeño terminando de estocada trasera y desviada para salir, ante los aplausos, a saludar al tercio. Bien que cae Talavante que en todo momento manifiesta sus deseos por agradar y, lo importante, que lo consigue.

Arturo Saldívar va en ascenso… Destaco de él su actitud, su valor, su entrega y el carácter para no dejarse pisar la sombra sabiendo dar la pelea.

Ayer realizó dos faenas dentro de un mismo corte, planteando y desarrollando con la diestra y la zurda en toreo por abajo en labor larga, de un sin fin de pases intercalando también dosantinas y bernadinas, faltándole más asentamiento y reposo, un tanto cuanto violento, “chicoteando” la muleta en el pase, cobrando entera tendenciosamente caída cortando una oreja entre franca división.

Con el soberbio quinto, un toro de clase excepcional y un estilo soñado para bordar el toreo, el de Teocaltiche se dio a su expresión templando más, — hay que ver cómo metía humillando la cabeza el jabonero xalpeño que hacía “el avión” –, para relajarse más que en su primero, desde el inicio en cambiado por la espalda en el centro del platillo, y seguir con series por abajo que fuerte se le corearon, sepultando la hoja en media tendida ganándose otro apéndice y dando la vuelta, repito, con el criador.

Toreros con la determinación y la entrega que tiene Saldívar son los que faltan en el hoy taurino.

Y uno así precisamente, al que vengo viendo su carrera realizada en España desde novel es, sin duda alguna, Sergio Flores.

El espigado chaval con buena planta y empaque, como novillero fue triunfador indiscutible en las duras temporadas españolas y ante públicos que le miraron, primero con exigencia, y al responder, con simpatía haciéndolo reconocidamente de los preferidos.

Ante el tercero, sin acoplamiento digno con el capotillo, al comenzar la faena con un intento de “imposible” cambiando y girando, sufrió una voltereta que lo aturdió tan solo sin consecuencia mayor, para irse dando en una faena con trazo y estructura, acariciando más que sometiendo en naturales estéticos, mandones, rítmicos y templados en clara expresión de su torería, siguiendo con la diestra en similar tenor pinchando en el primer envite cuando al arrancar se le descuadró el moro, cobrando en el segundo entera en la yema para ovación mas…

Mas, lo grande vendría en el que cerró plaza…

Toreo de reposo, de aguante, muy reunido, embraguetado, acompañando, mandando y templando como ordenan los cánones, Sergio fue engarzando los muletazos con las dos manos y por ambos lados rematados con largos pases de pecho, en una expresión de gusto por lo que hace, que vaya que lo siente e, importantísimo, lo hace sentir al público que le batía las palmas por una faena que tuvo ritmo, mucha cadencia y un corte de elegancia natural que sale del sentimiento expresivo de éste joven artista del que, lo aseguro, mucho hay qué esperar.

Volcándose por sobre del morrillo pero quedándose un pelín en la cara sin dejando la mano del engaño casi inmóvil sin pasarse en el embroque, de ahí que la estocada le haya resultado de media tendida, atinadamente sacó el acero para que doblase el xalpeño ganándose una merecida oreja que le da cartel y, de Guadalajara que es plaza de primera…

A verle pronto de nuevo que, no lo dude, amigo aficionado lector, cayó enteramente de pie…

francisco@baruqui.com
Vía http://www.elinformador.com.mx