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San Fermín 2014: El segundo encierro promete tensión con los Dolores Aguirre.

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Los toros de esta ganadería, los más pesados tras los Miura, en las últimas fiestas han generado momentos de peligro porque varios morlacos se han quedado rezagados y han provocado cornadas y traumatismos.

De SOL y SOMBRA.

Sembrado de peligros. Así se perfila el segundo encierro de estos Sanfermines, que correrarán los toros de Dolores Aguirre. La nobleza y el poderío han sido sus marcas. Sin embargo, en los últimos años, sus carreras se han caracterizado por morlacos descolgados que han causado cornadas y traumatismos.

Tras el primer encierro con los Torrestrella, en el que una persona resultó corneada en Santo Domingo, los morlacos de este hierro sevillano toman el testigo para un martes con menor riesgo de lluvias, según las previsiones meteorológicas. 

Los toros de esta ganadería, la quinta con más corneados de San Fermín, van a correr su encierro número 15. Hasta el momento, acumulan 14 heridos por asta y, según advierten los críticos, podrían haber causado mucho más daño del que han provocado por correr, generalmente, en días con muchos corredores. El año pasado, sin embargo, abandonaron los fines de semana, al igual que en esta ocasión. 

Los tramos con más riesgo para estos toros son Santo Domingo y Estafeta. 

Ya por la tarde, los astados de la ganadería triunfadora en la feria del año pasado serán lidiados por José Ignacio Uceda Leal, Francisco Marco y Luis Antonio Gaspar ‘Paulita’

Vía: http://www.diariodenavarra.es/noticias/san_fermin/san_fermin_2014/2014/07/08/el_segundo_encierro_promete_tension_con_los_dolores_aguirre_166595_2941.html

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El Mejor Toro para el Jurado de la Empresa Organizadora del San Isidro Más Largo y Cutre Que Se Recuerda.

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De SOL y SOMBRA.

Miguel Ángel Perera ha obtenido el Premio Taurodelta al triunfador de la Feria de San Isidro. El Jurado ha decidido conceder los siguientes premios:

Triunfador de la feria: Miguel Ángel Perera

Mejor faena: Miguel Ángel Perera

Mejor novillero: Francisco José Espada

Mejor rejoneador: Sergio Galán

Torero revelación: Juan del Álamo

Mejor estocada: Uceda Leal

Mejor picador: Óscar Bernal

Mejor brega de subalterno: Marco Galán

Mejor par de banderillas: Ángel Otero

Mejor ganadería: Parladé

Mejor toro: ‘Cartuchero’, nº 109, del Puerto de San Lorenzo .

El Jurado de la Empresa Organizadora de La Feria de San Isidro estuvo compuesto por:

D. Carlos Abella, D. Ignacio Álvarez Vara “Barquerito”, D. Andrés Amorós, D. Federico Arnás, D. Pedro Javier Caceres (sic), D. David Casas, D. Íñigo Crespo, D. José Antonio del Moral, D. José Luis de la Chica, D. José Manuel Durán, D. Jorge Fajardo, D. Marco Antonio Hierro, D. Carlos Ilián, D. Javier López, D. Antonio Lorca, D. José Antonio Martínez Uranga, D. Manuel Molés, D. Miguel Ángel Moncholi, Dª Patricia Navarro, D. Sixto Naranjo, D. José Luis Ramón, D. Francisco Serrano y D. Vicente Zabala de la Serna. Actuó como secretario del Jurado D. José María Baviano, Director de Comunicación de Taurodelta.

Twitter @Twittaurino

Ultima corrida de feria San Isidro 2014: ‘Zahonero’, el toro de una vida.

Fernando Sánchez, subalterno de Javier Castaño, en las banderillas a 'Zahonero'. / luca piergiovanni (efe)
Fernando Sánchez, subalterno de Javier Castaño, en las banderillas a ‘Zahonero’. / luca piergiovanni (efe)

Por Antonio Lorca.

Miura regresó a las Ventas después de nueve años de ausencia con todos los honores. Lidió tres toros de calidad, con especial atención al segundo, Zahonero, de 611 kilos, un toro grandioso. Una pena la invalidez del quinto, un toro precioso, que fue devuelto a los corrales, y la aspereza y bronquedad, marca de la casa, de los primero y sexto. Pero con esas lagunas, una vuelta más que satisfactoria. Ya es meritorio que casi todos los toros fueran recibidos con una ovación por su estampa, y tres despedidos con la plaza en pie.

Pero el protagonista de la tarde fue ese segundo, Zahonero, de pelo cárdeno, grande y largo como un tren, que humilló de salida en el capote de Castaño, que alcanzó a esbozar alguna verónica. Acudió hasta tres veces de largo al caballo, pero, ¡ay!, no presentó pelea y se repuchó en los dos últimos encuentros. Se vino arriba en banderillas y galopó para que se lucieran David Adalid y Fernando Sánchez, sencillamente extraordinarios. Y llegó a la muleta con la fuerza, la codicia, el recorrido y la nobleza de un toro bravo y encastado que llevaba un cortijo en cada pitón, y que pedía a voces un torero dispuesto a jugarse la vida para convertirlo en un hombre rico y feliz.

Zahonero embistió —mejor, se comió la muleta, fijo en el engaño y humillando en cada pase— de manera incansable por ambos lados, y transmitió desde los inicios la emoción de que la se impregna toda la plaza cuando se hace presente un toro de verdad. Su matador, Javier Castaño lo lució con generosidad citándolo de largo en las dos primeras tandas, pero mientras el animal se acercaba a la gloria, el torero se quedaba en cueros. A mitad de faena, con los tendidos ya conmovidos, el torero seguía buscando la manera de mandar en aquella mole de bravura que le ganó la pelea de principio a fin. Se colocó mal, no supo qué hacer con el vendaval de casta, siempre muy despegado, y se dejó enganchar la muleta. Era un toro de escándalo, de puerta grande, un toro para cambiarte la vida, pero Castaño no supo coger ese tren que la suerte le presentó.

Tampoco mejoró ante el sobrero, áspero y de corto viaje, con el que volvió a incidir en sus errores y alcanzó unos niveles preocupantes de imperfección. Grande, eso sí, su cuadrilla, tanto los picadores Fernando Sánchez y Tito Sandoval, como los de a pie, Marco Galán, con el capote, y Fernando Sánchez y David Adalid con las banderillas. Otro triunfo incontestable de este torerísimo equipo.

La corrida también fue una oportunidad de oro para Serafín Marín, pero torea muy poco y el compromiso era muy fuerte. Dulce y nobilísimo era el tercero, pero el torero realizó un toreo superficial. Además, mostró dudas ante el deslucido sexto, a diferencia de Rafaelillo, que se peleó con el complicado primero, pero cuando el cuarto se dejó torear, lo hizo muy mal. Los toreros viene preparados para la pelea, y cuando un miura embiste, los primeros sorprendidos son los de la coleta.

Ovación y pitos

Esperanzador regreso de Miura tras nueve años de ausencia de este plaza.

La terna de toreros no estuvo a la altura de la calidad de algunos toros.

MIURA / RAFAELILLO, CASTAÑO, MARÍN

Toros de Miura —el quinto, devuelto—, muy bien presentados, cumplidores en los caballos; bravo y muy encastado el segundo; muy nobles tercero y cuarto; dificultosos primero y sexto. Sobrero de Fidel San Román, bronco.

Rafaelillo: tres pinchazos, media —aviso— y un descabello (silencio); estocada (silencio).

Javier Castaño: estocada tendida y un descabello (pitos);pinchazo, estocada y dos descabellos (silencio).

Serafín Marín: pinchazo hondo —aviso— y un descabello (pitos); pinchazo, bajonazo —aviso— y un descabello (silencio).

Plaza de Las Ventas. 8 de junio. Trigésimo primera y última corrida de feria. Lleno.

Los Miura y Rafaelillo regresan a Las Ventas de Madrid.

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Por F. Ojados.

Rafael Rubio ‘Rafaelillo’ se juega en dos días gran parte de su temporada. El murciano se las ve hoy y mañana con sendas corridas de la legendaria ganadería de Miura en dos plazas de primera categoría, Madrid y Nimes (Francia).

Los dos compromisos son clave para el diestro, ya que de lo que sea capaz de desarrollar en ambos festejos depende, en gran medida, la proliferación de nuevos contratos para lo que resta de temporada.

Rafaelillo comparece en Las Ventas hoy, en la última corrida de la feria de San Isidro y en su única actuación en el ciclo. A las siete de la tarde y con las cámaras de Canal+Toros como testigo, acompañarán al murciano en el paseíllo Javier Castaño y Serafín Marín.

Pero si importante es para el del Barrio del Carmen la tarde de Madrid, mañana, día de la Región de Murcia, Rafaelillo está anunciado en el coliseo de Nimes en una corrida que ha centrado la atención del mundo taurino, ya que junto al hierro de Miura, el propio Rafaelillo y el sevillano Manuel Escribano, se une al cartel una máxima figura del toreo: Julián López ‘El Juli’, que tras una infortunada cornada, el pasado año no pudo lidiar los toros de la legendaria vacada de Zahariche. Así que los lidiará mañana en la plaza nimeña.

Rafaelillo es un especialista en la lidia de los miureños, de hecho es el torero en activo que más corridas ha toreado del hierro, por lo que experiencia no le falta para salir airoso.

Via: http://www.laverdad.es/murcia/sociedad/201406/08/miura-esperan-rafaelillo-exigentes-20140608021809-v.html

San Isidro 2014: Miura, el regreso de la leyenda.

A caballo entre Sevilla y Córdoba, coqueteando entre ambas provincias bajo ese abrasador vigía andaluz que rebasa los 30 grados con la misma facilidad que se divisa un toro bravo por sus secos e interminables campos, serpentea la carretera que va de Lora del Río a La Campana. Tierra de toros. A mitad de trayecto, una salida en el arcén. Un poste de piedra blanco y rojo ya algo descolorido nos pone sobre la pista de la leyenda: Zahariche. Enseguida la mirada se eleva hacia arriba.

Apenas un par de metros. Pórtico vallado sobre el que penden dos calaveras de ganado, con sus pavorosas astas, escoltando cinco letras cinco. Miura. Se abre la vereda y nada más superar el umbral del mito ganadero, aún pegada a la carretera, nos recibe la corrida reseñada para mañana en Nimes con El Juli en cartel. Un poco más adelante, la plaza de tientas my el corredero para caballos. Al llegar al cortijo, en el patio andaluz, aguardan los dos hermanos. Eduardo y Antonio. Antonio y Eduardo. En la entrada al despacho, media docena de cencerros pende del techo. «Son los que usaba mi bisabuelo para los mansos, son del siglo pasado», explica Eduardo Miura antes siquiera de ver acuñados los años en el metal. Fundada en 1842, Miura ha forjado una leyenda que mañana escribirá una nueva página en Madrid, donde lidió su primera corrida en 1947.

Sus toros pisarán Las Ventas nueve años después. «Es una corrida muy del gusto de Madrid, tiene cuajo y mucho trapío, pensamos que va a gustar al aficionado, la hemos elegido con mimo, porque es nuestra vuelta después de varios años sin ir. Escogimos seis toros, tres cárdenos, dos negros y un salinero, salvo uno son todos cinqueños y están en las hechuras de la casa», desvela Antonio ya sentados en una habitación que por las cabezas disecadas, fotografías y recortes de prensa que cuelgan de sus paredes es historia viva de la Tauromaquia.

«Madrid es ilusión y preocupación a la vez, quizás hasta vaya la segunda por delante, en el momento que te ves anunciado, es una gran satisfacción, pero luego los días siguientes empiezan esos miedos que no paran de crecer», añade Eduardo, consciente de que «es el cierre de feria» y no quieren «dejar mal sabor de boca». «Después de casi una década, sabemos que en Madrid nos están esperando bastante y eso te quita el sueño», reconoce encantado del trato «de fábula» que siempre dispensó el exigente público madrileño «incluso cuando las cosas no han rodado bien, como esa última tarde, que fue en desmadre con el diluvio y todo tan cuesta arriba, también respetaron mucho». «Las veces que nos han protestado tenían un motivo», corrobora Antonio.

«Indudablemente, la temporada que echamos en el 2013 ha tenido repercusión, era un aliciente más para que se produjera el regreso de Miura a Madrid, además este invierno teníamos toros para poder anunciarnos, porque en estos años de ausencia nos han llamado alguna vez, pero en el campo no había toros para Madrid, otros años sí teníamos reses de sobra, pero no nos llamaron… Este año por fin coincidimos las dos partes», cantan al alimón los dos hermanos. «Al año solemos lidiar siete u ocho corridas, si apartas dos para Sevilla y Pamplona, que son fijas, no quedan tantos toros de saca que sirvan para Madrid, sobre todo, teniendo en cuenta cómo ha subido el trapío de los toros en todas las plazas», analizan cuestionando que «el listón de la presentación se ha elevado una barbaridad». «En los últimos años, toros que por uno u otro motivo no se lidiaron en Sevilla, en julio, saltaron en San Fermín y antes era impensable, por el tipo de toro de ambas plazas», comenta Eduardo.

Este año ya lidiaron en Arles y Sevilla. Ambas, el Domingo de Resurrección y sin suerte: «No llegamos con más presión por eso, por supuesto no nos gustaron, pero eso no afecta en nada a San Isidro». «El año pasado salió mala la corrida de Fallas y luego la de Sevilla, un mes después, enamoró; el encierro de esta tarde es cinqueño y en Sevilla los dos últimos años hemos echado cuatreños, así que lo de hoy es la misma camada que ”Datilero” y sus hermanos de 2013», aclara confiado Antonio.

En este sentido, prosigue Antonio Miura, «se habla de una recuperación en nuestro hierro, pero no creo que haya un cambio tan radical con respecto a los anteriores». «Sólo ha variado la fortuna y hemos tenido la suerte de que esos toros que, en otras temporadas nos embestían y salían buenos en otros sitios, estos dos años han saltado en sitios clave, que tienen mucha más repercusión como Sevilla, Pamplona o Nimes», enumera Eduardo. «Siempre hemos estado tranquilos, porque el trabajo estaba hecho, lo que nos preocuparía es que de los 48-54 astados que solemos lidiar, al final del año, cuando hacemos el balance, no saliera un porcentaje adecuado de toros con bravura y ningún otoño ha pasado», remata Antonio.

Medio centenar de toros por año en tiempos de crisis que, sin embargo, no han hecho mella en Zahariche, porque la, para muchos, obligatoria reducción de cabezas de ganado se hizo «a su debido tiempo». Las mil vacas de su bisabuelo quedaron reducidas a 500 por su abuelo, mientras que Don Eduardo Miura, su padre, dejó la cifra en las 250 actuales. Pese a ello, sólo ocho corridas suben al camión por año: «Nuestra camada es corta y encima tenemos que guardar varios toros de sobra en cada cercado, porque tenemos muchas bajas, es una ganadería en la que los toros se pegan mucho y no podemos tener en cada apartado seis o siete toros, porque el día de la corrida en los corrales de la plaza, de esa media docena, igual sólo tienes dos o tres aptos».

A la hora de seleccionar, en Miura, se busca «un toro que se mueva, que humille y repita en las telas, pero sin salirnos de la filosofía de esta casa, porque ese perfil es el que ha hecho de este hierro una leyenda». «Queremos que nuestros animales tengan esa personalidad, que desde que salga por chiqueros, se paren con esa mirada desafiante al tendido tan característica y el público diga sin tener que mirar la tablilla: “Es un toro de Miura”», describe con orgullo Antonio, menor de los dos hermanos. Quizás fruto de esa personalidad única, los tentaderos en Zahariche «son una faena de campo más, aquí no se montan fiestas cada vez que hay uno, cuando se termina, se pasa a la siguiente labor, sin más». «Las vacas para ser aprobadas tienen que aprobar el Bachillerato entero: primero, segundo y tercero. ¿De qué me sirve un animal que empuja en varas si luego no embiste? ¿Para qué quiero una máquina de embestir 50 muletazos, como muchos toros que se alaban hoy porque es lo que le queda grabado al aficionado, si ni se ha empleado en el caballo y banderillas? Tiene que haber un equilibrio», advierte Eduardo.

De sangre Cabrera, Miura se ha convertido ya en un eslabón único e irremplazable: «una raza propia». «No hemos refrescado la ganadería con ningún otro toro que no sea de esta casa, lo que obliga a tener la ganadería muy al día, a rotar muchísimo los sementales, aunque aparezcan más errores en la selección, porque si te cebas varios años con el mismo, al final tienes toda la ganadería llena de vacas del mismo toro, te has cerrado tú sólo el abanico de familias y pueden aparecer las consanguineidades», señala Antonio, sabedor de los riesgos.

Conscientes del inigualable patrimonio que tienen en sus fincas, los hermanos Miura no recelan del peligro latente por la extinción de encastes ni del monopolio actual de Domecq, los hermanos Miura consideran que «no son más que rachas y modas de las distintas épocas». «Hace cien años, Saltillo era el que mandaba en todas las ferias, incluso se importó a América, como se puede comprobar en casi todas las ganaderías actuales de allí, porque era lo que reclamaban las figuras. Hace 50 años, todos los ganaderos nuevos que llegaban compraban a Atanasio. Luego, en la época de El Cordobés, la gente se quejaba de los toros de Núñez como ahora de lo de Domecq y en Sevilla no era raro ver ocho o nueve corridas de feria con ese encaste… Son etapas de la Tauromaquia, no hay que darle mayor importancia», analiza Eduardo, centrado en las señas de identidad que siempre imperaron en Zahariche. Así se forjó el mito. Familia campera como pocas. De generación en generación. Ya van por la quinta. Y las que quedan. En Miura, el toro es rey.

Via: http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/6595691/toros/miura-el-regreso-de-la-leyenda#.Ttt19oKhKypTNQF

San Isidro, trigésima corrida de feria: Deslucida invasión portuguesa.

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Por ANTONIO LORCA.

El cartel tenía sobre el papel muy escaso atractivo, lo que se notó en la taquilla y en los resultados artísticos del festejo, pues no hubo ni una vuelta al ruedo. De hecho, la plaza no se animó hasta que salió el quinto, al que esperaba en chiqueros un joven Joao Moura hijo, que se mostró muy animoso y certero con los rejones. Templó muy bien y conectó rápidamente con los tendidos, si bien el pinchazo final y tres descabellos le impidieron pasear el trofeo que se había ganado por sus méritos. Tampoco triunfó el último, Francisco Palha, que despertó todas las ilusiones con un rejoneo más actual y ceñido con arpones y banderillas. Uno de sus caballos se cayó en la cara del toro y éste, sorprendido, mostró su bendita dulzura. Mató muy mal y todo quedó en silencio.

La verdad es que la corrida de rejoneo fue una invasión portuguesa en toda regla, pues cuatro caballeros y hasta la ganadería son originarios del país vecino. El paseíllo, con los caballeros y caballos vestidos a la federica, -un auténtico enjambre de floripondios- más bien parecía una exhibición ecuestre en el palacio de Versalles que una corrida de toros en Madrid. Y otro asunto más importante: los intervinientes, los nacionales y los extranjeros, pertenecen a la segunda división del rejoneo, lo cual tiene, necesariamente, su repercusión en el balance final. Estos toreros están unos peldaños por debajo de las figuras, y eso se nota.

Abrió plaza un representante patrio, Martín Burgos, ante un toro muy manejable y de suave embestida, como toda la corrida, al que clavó rejones y banderillas desde la distancia máxima que le permitía el brazo derecho, no a la grupa, sino más allá. Templó bien y se lució con un par de garapullos a dos manos que le salió de dulce.

Le siguió Rui Fernandes, que destacó con un caballo llamado Único, torero y valiente, que se dejó llegar el toro muy cerca. Se mostró lento y pesado en la preparación de las suertes y falló, como casi todos, con el rejón de muerte.

El joven y apasionado madrileño Mariano Rojo, desbordante de ímpetu, llegó con facilidad a los tendidos, pero clavó siempre a la grupa, aunque su actuación fue de las más espectaculares de la tarde.

El toro de Moura Caetano se derrumbó en el tercio de banderillas y su escasa codicia quedó de dulce para que el rejoneador se confiara y clavara, el único de los seis, banderillas al estribo, que es como manda la ley que todos incumplen. Se mostró muy premioso en la ejecución de las suertes y se animó solo; tanto que inició una vuelta al ruedo por su cuenta de la que desistió en el primer burladero que encontró.

Guiomar / Seis rejoneadores

Toros despuntados para rejoneo de María Guiomar Cortes de Moura, bien presentados, manejables y de suave embestida.

Martín Burgos: rejón muy atravesado y rejón trasero, dos descabellos —aviso— y un descabello (silencio). Rui Fernandes: pinchazo, rejón caído, un descabello —aviso— y tres descabellos (silencio). Mariano Rojo: tres pinchazos, rejón caído y un descabello (palmas). Moura Caetano: pinchazo, rejón atravesado y un descabello (ovación). Joao Moura: pinchazo y tres descabellos (ovación). Francisco Palha: bajonazo en la paletilla, cuatro descabellos —aviso— y un descabello (silencio).
Plaza de las Ventas. 6 de junio. Trigésima corrida de feria. Menos de tres cuartos de entrada.

La corrida de hoy

Toros de Miura para Rafaelillo, Javier Castaño y Serafín Marín.

Opinión: Victorino salva Madrid con el honor de su divisa.

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Por José Ramón Márquez,

El otro día la salida de los toros, me encontré con Victorino. Le dije: “La leyenda de tu casa se basa en el terror, en los toros indomeñables, fieros y listos. Todo lo que sea alejarse de eso es ruina”. Me respondió: “Podemos estar de acuerdo, pero esos toros que tú dices, hoy en día ¿quién los mata?”

A los pocos días, como un regalo, Victorino echa en Madrid un corridón. Un señor corridón de toros que me quita de encima más de treinta años, un corridón de toros que es un chute de autenticidad después de las treinta tardes, que manda huevos, treinta tardes de mofa y befa del ganado de lidia, de la sacrosanta tauromaquia. Y ha tenido que ser, una vez más, Victorino (¡Victorinooooooo, morucheroooooooo!) quién ha puesto en el arenal de Las Ventas una corrida de toros que reivindica la m… de la feria y que reparte de nuevo las cartas para que el que no se entere sepa que el toro es un bicho que no es para estar “muy a gusto” con él, ni para “disfrutar un montón”, ni para “pasarlo bomba toreando”, porque si el toro es lo que debe ser lo que debe salir de ahí es lucha, hombría, torería, épica y nunca disfrute, placer o echar el rato como el que está en el Retiro.

Victorino ha vuelto a poner en Madrid el listón más alto con una corrida de muchísimos matices, de disfrute para el aficionado, que pedía a voces la presencia de los grandes, el primero Julián el Poderoso de San Blas, para que demostrase su poderío, y detrás los toreros en sazón que han ofendido la memoria de tantos grandes toreros profanando la Puerta de Madrid sin merecimiento alguno: Luque, Perera y otros de los que ni me acuerdo ni me da la gana ir a mirar sus prescindibles nombres. Ahí tenían que haber estado esta tarde los príncipes del escalafón retratando su tauromaquia ful de vaivén frente a la única verdad incuestionable, eterna e indestructible: el toro.

El toro frente a la cabra, frente a la mona, frente a la cucaracha, frente al caracol, col, col, el toro frente a la inmundicia ganadera de todos los días, pintada en esa odiosa página 14 del programa reiterada veintiséis tardes de treinta con la peste del maldito juampedro, que Dios le perdone, monserga reiterada e inane, antitaurinismo modorro destinado a aburrir a las ovejas y a permitir que los de las coletas postizas disfruten, se lo pasen bomba y se expresen.

La victorinada de hoy en Madrid pedía el carnet de identidad. Lo primero en presencia, que se dice ahora, en trapío que se dijo siempre. Toros serios como un catedrático de Civil de antes de la Guerra, con miradas listas y escrutadoras, fuertes de pezuña. Toros sin lengua de Victorino, que imponían en el ruedo el respeto que se debe a lo que se teme. Les pegaron en varas lo que no está en los escritos, sangraron litros, les desgarraron los lomos, les trataron de reducir con el hierro afilado de la puya y no lo consiguieron, que los de la A y la corona se mantuvieron, cada uno de ellos con sus particularidades, incólumes ante la sangría.

Los dos primeros, Madrileño, número 56, y Escritor, número 57, fueron toros anteriores a la corrida histórica del 82.

Tobilleros, más que listos, inteligentes, con memoria, magníficos. No imagino el terror que se debe sentir de estar frente a esos dos animales armado de una tela roja, aguantar sus miradas huecas y, sobre todo estar preparado para la incertidumbre del final del muletazo. ¡Qué seriedad la de estos dos toros!, ¡qué trapío!, ¡qué ruleta rusa la de sus embestidas! Y luego, el tercero, Vengativo, número 27, un toro en busca de un torero, impresionante despliegue de casta, de fiereza indomeñada, explosión primitiva de fuerza, de sentido, de autenticidad: el toro de la Feria por ahora, devorando la muleta, al torero y a quien se pusiese por delante. Y el cuarto, Jaqueco, número 16, el más bravo de la tarde, el de embestidas más atemperadas, un toro a la espera de un torero de auténtico pellizco y generoso que resaltase sus virtudes sin cicaterías. Y el quinto, Majito, número 94, un killer con el interés del manso encastado, toro difícil y fiero, complicadísima ecuación que no se deja matar, que se defiende, que vende cara su vida, como cualquiera de nosotros haríamos. Y el sexto, Cominero, número 46, complicado toro que se orienta, y que no pasa.

Una vez más ha tenido que venir Victorino a salvar los muebles de la Empresa. Una vez más Victorino ha puesto el listón en el nivel real de la exigencia ganadera, de la seriedad del toro, de la autenticidad. Una vez más Victorino demuestra con esta corrida que tiene la ganadería bajo control, que es capaz de echar en cada sitio la corrida que se precisa en cada momento y que lo mismo que el año pasado bajó el listón para echarle una mano a Talavante, aunque a la postre el pobre hiciera el ridículo, lo mismo es capaz de poner en Madrid una corrida -toda ella con el guarismo 0- que sea capaz de copar de manera total todo el protagonismo de la tarde.

La otra pata de la mesa son los toreros. Y en ese sentido también hemos de agradecer a Victorino que esta tarde, gracias al encierro que soltó, hayan vuelto a nuestras cabezas los nombres de grandes toreros que sabían qué hacer con estos toros, Antonio Bienvenida, Dámaso Gómez, Ruiz Miguel, Palomar, José Antonio Campuzano, Andrés Vázquez, Paquito Esplá, El Cid, y con esos nombres nos ha vuelto el recuerdo de faenas a sangre y fuego, de trasteos por la cara, de muleteos poderosos (de los de verdad, no de los de a tanto el adjetivo), de entereza y de arte, pues no hay mayor arte en los toros que dominar con guapeza la fiera embestida de un toro, entender sus complicaciones y superarlas con oficio y verdad.

Hoy, por primera vez en lo que va de Feria y gracias a la presencia del toro, ha resplandecido en Las Ventas la verdad inmutable de la Fiesta, que viene a redimir a la Plaza vilipendiada, humillada, reducida, enalteciéndola, prestigiándola. Hoy Madrid ha vuelto a ser, tras treinta días de oprobio, la Primera Plaza del Mundo, el espejo de la Fiesta toda, el sitio de referencia: mi Plaza.

Se me olvidaba decir que con el corridón de Victorino se anunciaron Uceda Leal, que dio una estocada soberbia a su segundo; Antonio Ferrera, que naufragó de forma estrepitosa con el quinto. Y Alberto Aguilar, que demostró que por mucho que le apoyen los que le apoyan, está más capacitado para Montealto que para Victorino, aunque diremos en su descargo que se vio solo y desatendido ante las embestidas de sus oponentes, rodeado de una birria de cuadrilla. Resaltemos además a Iturralde y a Grilo, picadores de Uceda y Ferrera, respectivamente.

Feria de San Isidro, vigésimo octava corrida: El toro de la feria ridiculiza a Madrid.

Daniel Luque sale por la Puerta Grande de Las Ventas. / Julian Rojas
Daniel Luque sale por la Puerta Grande de Las Ventas. / Julian Rojas

Por Antonio Lorca.

Esta noche salió al ruedo de Las Ventas el toro de la feria, Cartuchero de nombre, de 573 kilos, lidiado en tercer lugar por Daniel Luque. Como corresponde a su encaste, fue de menos a más, empujó con los riñones en el caballo, acudió presto en banderillas y, llegado el tercio final, el animal ofreció toda una lección magistral de encastada nobleza, de codicia, de acometividad y calidad suprema. La faena fue larga, pero el toro no dejó de embestir por ambos lados, con la cara por los suelos, persiguiendo con pasión la muleta y ofreciendo todo un recital de bravura.

Claro, que la casta no es bobalicona y al comienzo del trasteo puso en apuros a su matador, que se veía incapaz para detener y mandar el vendaval del tranco espectacular de su oponente, que se arrancaba de lejos con cierta violencia. A medida que se atemperó su fuelle, el toro fue ganando en suavidad, pero no perdió nunca un ápice del brío que caracteriza a los bravos de verdad. Así, hasta siete largas tandas en las que no claudicó jamás y pedía guerra y más guerra para satisfacer su hambre de engaño.

Pues a este toro, sorpréndase quien pueda, ni se le pidió la vuelta al ruedo, que el presidente, lógicamente, no concedió, lo que viene a demostrar que Las Ventas tocó fondo y quedó en entredicho y ridiculizada para los restos. Pero le cortaron una oreja que paseó su matador, Daniel Luque, que estuvo todo lo bien que puede estar un torero de medianías, más sobresaliente en el arrimón que en el toreo fundamental, que ejecuta con todas las ventajas de la imperante modernidad.

Luque no le llegó a los tobillos a toro tan extraordinario, un regalo de fijeza, prontitud, alegría y poder. Pero lo dicho no pretende ser ningún demérito, pues recuerden la frase de Belmonte a un torerillo: “Pídele a Dios que no te toque un toro bravo”. A Luque le tocó, y lo volvió loco, como le hubiera ocurrido al 90% del escalafón de matadores.

Destacó sobre todos ese toro tercero, pero toda la corrida, con sus altibajos, aprobó con altísima nota, pues hizo una buena pelea en los caballos y derrochó nobleza y un largo viaje en el tercio final; le sobró kilos y le faltó fuerzas para haber alcanzado un triunfo clamoroso.
Por cierto, Luque salió a hombros por la Puerta Grande tras una faena de algunos detalles al sexto, otro noble toro, que dio mucho más de lo que recibió. La plaza, no se sabe por qué, pidió la oreja con tal entusiasmo que no hizo más que reflejarse en su propio desconocimiento y decadencia. Esta noche, quien mereció salir por la Puerta Grande fue la corrida entera, pero no Luque, que estuvo muy por debajo de su lote.

Mucho más graves son los casos de Juan José Padilla y El Cid. El primero ofreció un recital de antitoreo ante su muy noble primero, al que aburrió a mantazos, siempre despegado, siempre en línea recta, a años luz de la calidad del animal. Noble, también y más parado el cuarto, y lo de Padilla, otra vez, fue un tostón.

Estaba El Cid haciendo como que toreaba al quinto y se escucha una voz popular que dice: “Queremos ver a El Cid”. Nunca menos palabras fueron más certeras. Queremos ver al verdadero El Cid y no a este, desconfiado, fuera cacho, acelerado y destemplado, que aburrió al toro y a toda la plaza. Tampoco encontró el camino ante el segundo, otro nobilísimo, al que muleteó con mucha rapidez y con escaso mando.

Ovación y Pitos

Gran corrida de Puerto, brava y noble, con un excepcional Cartuchero, lidiado en tercer lugar.

Fracaso sin paliativos de Padilla y El Cid, y triunfo menor de Daniel Luque.

PUERTO / PADILLA, EL CID, LUQUE
Toros de Puerto de San Lorenzo,—el primero, como sobrero— bien presentados, bravos en los caballos, nobles y blandos. Muy encastado y de calidad excepcional el tercero, que fue despedido con una gran ovación.
Juan José Padilla: pinchazo, media y un descabello (silencio); dos pinchazos y estocada (silencio).
Manuel Jesús ‘El Cid’: metisaca, pinchazo, estocada que hace guardia (silencio); estocada desprendida, cuatro descabellos —aviso— y un descabello (silencio).
Daniel Luque: media estocada —aviso— y un descabello (oreja); pinchazo y estocada (oreja). Salió a hombros por la Puerta Grande.
Plaza de las Ventas. 5 de junio. Vigésimo octava corrida de feria. Tres cuartos de entrada.

Via: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/06/05/actualidad/1401978923_563714.html